—Está bien...

—¿Cuándo nos sacaréis de aquí?

—¿Cuántas salas hay de estas? ¿Hay varias? —preguntó de repente.

—Eh...sí, hay varias. ¿Te detallo todo lo que hay? He ido fijándome y las demás me han ido contando.

Álex metió la mano en los bolsillos de sus vaqueros favoritos y sacó un papel y un bolígrafo, parecía que venía preparado.

—Si me puedes hacer un plano sería un detalle, ¿cuánto tiempo nos queda?

Miré el reloj que colgaba en una de las paredes, les gustaba ponerlos nada más que para que lo mirásemos y prolongar nuestra agonía al ver que las manecillas avanzaban lentamente.

—Quince minutos.

—Bien, mientras me dibujas el plano escúchame —ordenó mientras se movía por la sala—. Sé que tienes ganas de contar que pronto saldréis pero no podemos arriesgarnos a que nos pillen. No sabemos cómo reaccionará cada una y cualquier gesto o detalle insignificante que muestre felicidad les hará sospechar.

Asentí mientras escribía el nombre de cada sala y lo que había, al ir haciendo el plano me di cuenta que era un sitio bastante amplio, tenía el tamaño de un chalet.

—Confío en ti, Almi —continuó—. Mañana mismo vendrán policías aquí infiltrados, se harán pasar por clientes. No quiero esperar ni un minuto más sabiendo todo lo que estás sufriendo, no me lo perdonaría nunca.

—Las chicas se pondrán aterradas pensando que tres de nosotras vamos a sufrir con otro cliente... sobre todo Ana.

—Es la forma más sencilla de entrar, cogerán a tres chicas y prepararán todo mientras dura el tiempo establecido que han tenido que pagar. Después, y escucha atentamente, cuando regresen las chicas poneros en una esquina de vuestra sala y cubriros con lo que tengáis, si es que los hijos de puta os dejan algo ahí dentro —tensó la mandíbula mientras hizo crujir sus nudillos—. Irán unos policías por vosotras y tendréis que salir corriendo como podáis.

Volví a asentir con la cabeza, me preocupaba el hecho de que algún policía pudiera salir herido o que no lográsemos escapar, seguro que el equipo de Marco iba armado hasta los dientes y estaba preparado ante cualquier amenaza.

—¿Tienes idea de cuántos hombres hay aquí?

—No lo sé... conozco a Marco, Pietro y a tres más que se turnan para controlarnos, pero no sé si hay más por las demás salas —respondí con tristeza.

—No te preocupes, encontraremos la forma de averiguarlo. Toda precaución es poca ante una situación así.

—Espero que salga bien, hay una chica que está muy mal Álex...como no la traten pronto en un hospital terminará muriéndose... —susurré preocupada.

—¿Qué tiene?

—Le quitaron al feto de malas formas, como imaginarás no nos llevan al hospital...

Una mueca de desagrado apareció en su rostro, sus ojos oscuros cada vez parecían más frios, más lúgubres. Seguro que mi pobre Álex estaba muriéndose de impotencia ante las cosas que estaba viendo y escuchando, no soportaba las injusticias.

—Avisaré a la policía. En cuanto os saquemos la llevaremos directa al hospital, te lo prometo.

—¿Promesa de meñiques? —susurré recordando el gesto que hacíamos cada vez que alguno hacía algo mal y acordábamos mantenerlo en secreto para que no nos riñera su madre.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Álex, un simple gesto que hizo que mi corazón se pusiera a latir más deprisa, por primera vez después de tanto tiempo estando casi inmóvil.

—Promesa de meñiques.

La alarma sonó por toda la sala, avisándonos de que se nos había acabado el tiempo. Le abracé por última vez, esperando con todas mis fuerzas que hubiera una siguiente vez al día siguiente. Le apreté con fuerza su espalda, saboreando cada sensación y cada trozo de su piel, oliendo ese aroma a vainilla que tanto le caracterizaba y tanto echaba de menos.

—Cuídate y, por favor...vuelve —Le susurré mientras le veía abandonar la sala.

Con tristeza, pero con esperanza, revolví mi pelo y tiré de mis mejillas y mis muslos, haciendo que mi piel comenzara a ponerse roja. Tenía que actuar con normalidad y ello conllevaba mostrar signos evidentes de que hubo sexo, lo más difícil iba a ser el rostro...aparentar seguir hecha una mierda, sin sueños ni esperanzas, cuando sabes que están planeando rescatarte el día siguiente.

«Tú puedes, Alma» me animé mientras salía de la sala y miraba hacia el suelo al notar la presencia de Pietro «Es el último esfuerzo».

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