Capítulo 37

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Ya está creado el grupo de Facebook para hablar de Sombras Partidas y libros en general, espero que os guste y os animo a todos a entrar <3 se llama "Novelas de Karlee Dawa" :) 

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—Te está esperando un nuevo cliente, no tardes —los ojos grises de Pietro se clavaron en mí, metiéndome prisa para que saliera del cuarto y fuera a la sala.

Me levanté como pude, si nos negábamos o tardábamos en ir nos castigaban días sin comida ni agua, aparte de la paliza que te daban después de obligarte a entrar en la sala. Las piernas me temblaban como si fuera un flan, solo esperaba que no fuera demasiado duro ni que quisiera acabar dentro sin preservativo, no quería pasar a la sala verde.

Avancé como pude por el estrecho pasillo, apoyando mis manos en las paredes e intentando ignorar las señales de mareo. Pietro me acompañaba detrás, como siempre, esperando que entrara como una niña buena hasta la sala donde el cliente me esperaba, parecía un perro guardián.

Como cada vez, me cambié en la antesala poniéndome ese estúpido conjunto negro que me había regalado Zenat, hace ya tiempo. Si al menos no se hubiera ido... quizá hubiéramos conseguido salvarnos.

Me puse la ropa lentamente, haciendo tiempo con cada cosa para retrasar el tiempo el máximo tiempo posible, aunque no podía demasiado o seguramente se enfadaría y me metería a rastras, como ya me pasó alguna vez, y eso... era mil veces peor.

Abrí la puerta morada con cautela, esperando no encontrarme con un señor mayor, esos eran los que más abundaban, se recreaban imaginándose que estaban tirándose a una niña, pederastas...

Cuando vi al hombre que estaba sentando en la cama temblando como un corderito, tuve que parpadear varias veces seguidas, no me lo podía creer, pensaba que estaba viviendo un sueño del que no me repondría si me llegase a despertar.

—¡¡¡¡Álex!!!! —chillé mientras me abalanzaba a él como podía.

—Almi...—susurró—. No chilles, no quiero nos pillen.

—No lo harán —sollocé—. Es una sala insonorizada, así los clientes pueden hacernos lo que deseen, queda entre estas cuatro paredes.

Me acarició el cabello, lo tenía bastante sucio debido a que solo nos dejaban lavarlo una vez cada semana, y solo como premio si los clientes quedaban satisfechos, era un sitio de mala muerte. Se inclinó para abrazarme y yo me dejé caer entre sus brazos.

—Qué te han hecho, Almi... —dijo con hilo de voz mientras sujetaba mi cara con sus manos.

—Sácanos de aquí, Álex.

—¿Cuántas sois? —preguntó con rostro serio.

—Creo que once, parece que metieron a otra chica hace poco...

—No te preocupes, estamos en ello. Primero necesitaba saber que estabas aquí y no nos habíamos confundido.

—¿Estamos? ¿Quién...? —fruncí el ceño confundida.

—La policía está ayudándome, yo solo no podría. Sara me ayudó a encontrar a Daniel y...

Le corté de golpe, era oír su nombre y aún se me revolvían las tripas, no estaba preparada para escuchar nada, solo quería salir de aquí sana y salva.

—No quiero saber nada, ni siquiera oír su nombre.

—Pero Almi...

—Pero nada, Álex —respondí con voz cortante—. Ya estoy sufriendo bastante por su culpa, ¿no crees?

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