Capitulo 22.

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Emmeline estaba de mal humor. Lo había pasado terrible en la cena la noche anterior, y luego se había despertado aterrorizada con una de sus horribles pesadillas. ¿Por qué no podía dejar de tenerlas? ¿Es que nunca iban a irse?

Entonces, se había quedado en la cama hasta el mediodía y fingido dormir cada vez que alguien entraba.

Hasta que Jen comenzó a llamarla. Tenía que levantarse y cambiarse para el almuerzo puesto que tendrían invitados.

—Él es muy guapo —comentó Kat mientras la peinaba—. ¿La está cortejando?

Los ojos de Emmeline la miraron incrédulos y llenos de horror a través del espejo.

—¡No! Claro que no. —Y luego rio soltando un resoplido—. Es Parker, por favor.

—¿Qué quiere decir eso? —Preguntó Jen mientras armaba la cama.

—Solo que Parker jamás se fijó en mí, creo que me veía como si fuera su hermanita pequeña. Y es el mejor amigo de mi hermano. Nunca intentaría algo conmigo.

—Quizá se ha dado cuenta de que usted ya no es una niña, y que él no es su hermano.

Emmie arrugó la frente. Algo parecido le había dicho Parker el día anterior.

—Como sea. —Se encogió de hombros—. Yo no estoy interesada en él. Ya no.

Kat detuvo el recorrido del cepillo.

—¿Ha conocido a alguien especial, Lady Emmeline? —Inquirió con una sonrisa soñadora.

Con cautela, Em asintió.

—¿Es alguno de los caballeros que han venido a visitarla?

Su hermana mayor se acercó a regañarla y le quitó el cepillo de la mano para continuar ella con el trabajo.

—No seas entrometida.

—Oh, está bien —Emmeline hizo un movimiento con la mano quitándole importancia. Y mientras hablaba, se llevó la mano al sitio de su pecho en donde sentía el anillo colgando debajo del vestido—. Pero no puedo relevar su nombre todavía.

—Eso es tan... —Kat suspiró—. Romántico.

—Yo creo que es peligroso —murmuró Jen—. Solo tenga cuidado, Lady Emmeline. Los hombres son... bueno, son peligrosos, sin importar la clase a la que pertenezcan.

Emmie se preguntó qué le habría sucedido a Jen para hablar así. Pero asintió de todas formas y no hizo ninguna pregunta. Tampoco aclaró que su hombre, no tenía nada de malo, y que si supieran quien era, ellas tampoco lo pondrían en duda.

Pensar en él había mejorado su humor.

Pero este volvió a ser el mismo cuando estuvo en la planta baja.

Francis, Sebastian y Parker, quien ya había llegado, estaban enfrascados en una conversación al pie de las escaleras y se silenciaron al verla cerca de ellos.

Sebastian fue el único que no sonrió, sino que la observó con preocupación.

—Buenos días —musitó tranquila.

Parker se inclinó para besar su mano y luego le entregó un ramo de delicados jacintos.

—Oh. —Emmie casi se atragantó con las palabras al no poder dejar de pensar en lo que las doncellas le habían dicho minutos antes. Parker no podía estar cortejándola. Él solo estaba siendo amable con la hermana menor de su amigo.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!