Capítulo 35

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Escuché el sonido de una alarma con dificultad, no sabía exactamente por qué sonaba pero me sentí esperanzada, tenía fe en que era el sonido del fin de esta pesadilla.

Me encontraba tirada en el suelo con marcas por toda mi piel, señal de que el hombre no había sido para nada delicado conmigo, me sentía rota tanto por dentro como por fuera. Intenté respirar por la nariz y me esforcé por no tragar saliva ni humedecer los labios, aún no había podido beber nada de agua y el sabor que tenía mi garganta ahora mismo no era nada agradable, el agrio sabor del hombre me provocaba arcadas y temía vomitar si intentaba aliviar mi sed.

Sentí como el hombre se subía la cremallera del pantalón y como unos pasos se acercaban hasta mi cuerpo desnudo. Mi cuerpo se contrajo ante el pavor, no podría soportar más minutos a su lado, me iba a desplomar.

Al sentir el tacto de unas manos sobre mi cintura, mi cuerpo comenzó a emitir escalofríos, comencé a sudar ante el temor y la presión de lo que había acabado de vivir, no pude más y terminé desmayándome.

—Almi, Almi.

Una voz dulce e infantil se metió en mi cabeza, el ambiente negro comenzó a borrarse para dejar paso a un lugar gris, "nuestra habitación". Traté de tranquilizarla pero no me quedaba aliento, aún podía sentir ese asqueroso sabor. Exhalé el poco aire que quedaba en mis pulmones con dificultad y abrí la boca, balbuceando una palabra como pude.

—Agua.

—¡Sííí! Aguanta Almi, ya nos han traído algo de agua y comida.

Escuché sus pasos por el lugar y la sentí ponerse a mi lado, me apartó el pelo de la frente con cuidado y me dio un beso en la mejilla.

—Sé fuerte, por favor. Te necesito aquí conmigo —sollozó.

Al escucharla comenzar a llorar mi cuerpo se activó, como si estuviera utilizando su última dosis de energía guardada. Poco a poco apoyé mis manos en el suelo y comencé a intentar acomodarme sentándome en el frío suelo, al menos me habían vestido.

Una vez sentada sentí un fuerte pinchazo en mi zona íntima, me escocía horrores y podía ver las marcas por mi piel, aunque ahora estuvieran ocultas. Abrí los ojos y miré a Ana, acerqué mi mano hasta ella y le acaricié el pelo.

—Bebé, Almi. Te sentirás mejor —dijo enseñándome la botella de cristal con agua.

Mi estómago se revolvió al volver a intentar hablar, me daba pavor pensar que esa agua podría ser para todo el día, o incluso para más tiempo. Habría que intentar conservarla el máximo tiempo posible.

—¿Te dijeron cuándo habrá más? —musité.

—No...—contestó con voz apenada—. Pero da igual, bebe, lo más importante es que estés bien.

Asentí con la cabeza y di un sorbo, noté como el agua comenzaba a descender por mi garganta, limpiándola de todo rastro que deseaba borrar. Miré hacia el baño apenada, lo que más necesitaba en estos momentos era una ducha, que el agua pudiese bajar por mi cuerpo limpiando toda la suciedad que sentía, intentando borrar lo que había tenido que vivir.

Mi cuerpo comenzó a pedirme a gritos más agua al llegar al estómago, era lo primero que probaba después de muchas horas, me sentía deshidratada. Luché para tratar de ignorar las súplicas de mi interior, tenía que dejar más para luego y para Ana, éramos dos chicas tratando de sobrevivir ante lo incierto.

—¡Pero bebe más! — insistió temerosa.

—No, estoy bien.

—Te vas a enfermar, Almi, por favor —suplicó con ojos vidriosos.

—De verdad, Ana, estoy...

—¡Pues come algo! No me quedaré tranquila hasta que deje de verte tan pálida —dijo mientras se iba a la zona donde se encontraba la comida.

Cuando volvió me enseñó la bandeja con el amplio buffet de hotel cinco estrellas, un trozo de pan que ya tenía unos días y era como si mascaras chicle y dos piezas de fruta que en poco se iban a poner pochas.

Mi estómago se revolvió al verlo y traté de contener el vómito que estaba subiendo por mi garganta, no tenía fuerzas para comer. Ana se acomodó a mi lado y partió el pan en dos, ofreciéndome un trozo.

Mi niña... no se merecía pasar por algo así. Se veía completamente asustada, pero por encima de eso se preocupaba por mí, se esforzaba por luchar y no quedarse en una esquina llorando, esperando que nos sacasen de allí por darles pena, cosa que no iba a suceder.

Recordé lo sucedido y cómo Pietro no sabía nada de quién era Ana, parecía que ni siquiera Marco lo sabía. Mi cabeza comenzó a cavilar las posibilidades, quizá Daniel había planeado que me llevasen a mí pero no a Ana, igual ella no entraba en el trato. Eso tendría cierto sentido, una parte de mí se negaba a aceptar que un ser querido dejara pasar a una niña de doce años por esto, era completamente inhumano. Además, recordaba como Daniel miraba a Ana orgulloso, como siempre tenía gestos de amor y afecto hacia ella, lo bien cuidada que estaba y... Cristofer... había visto como era con ella también, me negaba a aceptar que le hubiera permitido a Daniel hacerle algo así a Ana, sí...quizás se la habían llevado también por error, por pensarse que era una niña cualquiera, no la hermana de Daniel.

Una voz me sacó de mis cavilaciones, el acento italiano era inconfundible y sus palabras también.

—Un altro cliente per te, preparati.

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Muchas gracias por vuestro apoyo <3 Sombras Partidas está en el puesto 84 de Romance gracias a todos vosotros y vosotras, ¡os adoro!

Con todo mi cariño,

Karlee D.

PD: Mañana tardaré un poco en subir el capítulo porque me esperan cinco horas de viaje en autobús, os pido paciencia pero lo tendréis sin falta, lo sabéis :))

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