Capitulo 3: "Residuos en el agua"

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¿A sí? ¡Sí tan seguro estás, entonces dame pruebas de eso! exigió Misa extendiendo su mano hacia Abel, quien miro ésta y luego levantó su rostro para verla.

Quizás la pelirroja tenía razón, no había nada que asegurara que Seitán no fuera la culpable de todo lo que estaba pasando en su mundo, o si de verdad esas bombas biológicas existían o no. Sin embargo, era cierto que sólo tenían a la albina, y quizás una vez finalizado todo, podrían hablar con ella más adecuadamente, no es como si pudiera juzgarla en este momento, después de todo, a él siempre lo habían juzgado y nunca nadie le pregunto cómo se sentía al respecto, si llegaba a darse el momento, prefería escuchar sus razones, por ahora, tenían que llevarse a cabo cosas más importantes, su planeta los necesitaba, y si eran los únicos que podían ayudarlo entonces tenían que hacer algo, no podían quedarse de brazos cruzados.

Si no te parece bien estar aquí, puedo regresarte al lugar en donde naciste le advirtió Seitán a Misa, interrumpiendo así la discusión de ambos. Víctima del terror, la compañera en desacuerdo gritó a todo pulmón que no, y trató de correr, pero de la nada salió una especie de capsula que la trago entera.

¿Qué está pasando? Yamil se alarmó por su hermana y fue hacia la capsula que se estaba llenando de una especie de gas. Ambos gritaban tanto por fuera como por dentro del contenedor, los demás no podían hacer otra cosa más que ver lo que ocurría estando completamente anonadados; ellos no podían hacer nada, no podían reaccionar.

¡Has que se detenga, Yamil, detenla!

¡Paren esto! ¿Qué le haces a mi hermana? le gritó a su captora, pero ella hizo caso omiso a los pedidos del chico. Muy pronto, dejaron de escucharse los gritos de Misa, y por un leve instante los sonidos desaparecieron, sólo se percibían ahora los sollozos del hermano. Para ese momento, el artefacto volvió al lugar de donde había venido, pero con la chica ahora en su interior.

Ella se quedará allí hasta calmarse. Luego volverá con ustedes, pero me temo, que hoy esta misión será nada más que para ustedes. Por ahora sólo me queda decirles que tendrán acceder a esa cabina se abrió un espacio que llevaba al parecer a otro lugar de la nave, y todos voltearon hacia donde ocurría el movimiento, exceptuando el pelirrojo, el cual permanecía con la cabeza gacha.

¡Yo no voy a ir hasta ver bien a mi hermana! se puso abruptamente de pie diciendo esto, y los demás se volvieron a verlo. La joven que los comandaba tenía la última palabra, pero ella no parecía ser alguien cruel como para obligar a una persona a ir contra su voluntad, ¿o quizás sí?

Está bien Yamil, no es necesario que vayas, sólo espero que tus amigos puedan enfrentarse a los peligros que los aguarda ella se dirigió entonces al grupo. Tengan mucho cuidado.

La transmisión finalmente terminó, y quedaron entonces libres para hablar entre ellos, fue allí donde tomó la palabra Abel, pero no antes de que tanto él como sus otros dos compañeros tomaran sus relojes.

¿Hay alguien más que quiera quedarse? le hizo esta pregunta al respeto del grupo. Se veía la duda en los ojos de todos respecto al reciente incidente procesado, pero aun así todos se negaron.

Bien, entonces sigamos cuando Abel iba a ser el primero en retirarse la voz de su reciente compañero caído lo detuvo.

Espero que ella no te decepcione, Abel, ya me di cuenta... de que esto no es un juego, y que quizás, ella no sea tan buena como lo aparenta le advirtió a nuestro protagonista, quien lo observó por sobre su hombro, y luego cerro los ojos, no es que él tuviera una ciega fe hacia ella, simplemente, no quería juzgarla, ahora no. Sin embargo, sus compañeros no compartían los mismos valores que él, ya que Talía y Alan no parecían tener un apego sobrenatural como lo tenía el rubio.

Entraron todos sin rechistar a la zona que fue recientemente abierta para todos, y una vez dentro las puertas se cerraron detrás de ellos.

¿Creen que estaremos bien? preguntó Talía.

No lo sé, pero no tenemos otra opción, al parecer la nave está bajo el control de esa chica. Podríamos terminar como Misa si no obedecemos. Tampoco sé si podemos confiar en ella... ¿tú qué opinas Abel? argumentó Alan.

No lo sé... siento que la conozco de algún lugar... pero no sabría decir dónde contestó Abel.

Eso es realmente raro, y yo pensaba que eras extraño ya de por sí.

¿Por qué será que no me sorprende tú manera de pensar?

Perdona, no buscaba ofenderte de ninguna manera, es que sabes que no es muy común ver a gente como tú en nuestra zona. Ya casi no hay gente con tu color de cabellos u ojos.

Sí, lo sé.

Una vez terminada esa charla, la cámara empezó a temblar ligeramente, volviendo a soltar grandes estelas de humo, era de un color verdoso y empezaba a inundar la habitación rápidamente. Los chicos inútilmente se cubrieron con lo que tenían a la mano, incluso con las manos desnudas, pero de igual forma fueron afectados por el dichoso. Luego de eso, despertaron en una especie de suelo áspero y seco. El aire parecía estar un poco espeso, por no decir que lo era incluso el triple de lo que ellos mismos percibían, después de todo, estaban cubiertos de algo especial, algo que no podrían ver ellos mismos, pero quizás si otros seres ajenos a ellos. Y finalmente, el primero en levantarse fue Alan.

¿Qué clase de lugar es este?

¿No es acaso... nuestro planeta? preguntó esta vez la chica. Ella sentía el estómago revuelto, por eso su voz no se escuchaba del todo estable.

No lo parece, ¿qué es eso de allá? señaló con la cabeza el morocho. Abel apenas se estaba incorporando para cuando él dijo eso.

¿De qué hablas Alan? se pasó la mano por los cabellos para sacudirse la tierra, y con algo de horror notó como había posos de lava, los cuales parecían recientes, pero si miraban más detenidamente había una especie de grumo parecido al de las fotos que Seitán les había mostrado.

Esto no puede ser verdad balbuceó.

Pues parece que lo es amigos, y peor aún, no sabemos cómo tan pocas personas van a resolver todo esto en eso el morocho tenía razón, ¿cómo iban a encargarse de semejante tarea?, por lo que sabían, sólo tenían ese reloj que nada más cumplía con tres funciones básicas: Transportarlos, enviar señales de emergencia a otros universos, y comunicarse entre ellos. El pequeño escuadrón hizo una ligera pausa, allí Alan agregó lo siguiente a su primer comentario. Quizás deberíamos ver si hay alguna otra función para este reloj aconsejó y los demás asintieron. Pasó un rato bastante largo tratando de encontrar alguna función nueva, pero era imposible, por lo que Abel tomó las riendas y dijo.

No vamos a lograr nada revisando esto, será mejor que por ahora exploremos a ver cómo está la zona.

Sí, es una buena idea asintió Talía.

Está bien, ¿y dónde nos encontraremos? el chico rubio miró a los alrededores, y divisó a unos cuantos metros de ellos la esfinge sin cabeza y, la señaló.

¿Ven la esfinge?, allí nos encontraremos. 

Sueños Bajo el Agua ©¡Lee esta historia GRATIS!