Capítulo 32

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Me desperté de golpe, abrí los ojos y miré hacia el otro lado de la cama pero no había nadie, Daniel no estaba. «Qué raro» pensé, no contaba con despertarme sin tenerle a mi lado, no después de pasar una noche así, llena de intimidad y pasión.

Me levanté y me vestí tan rápido como pude, me moría de ganas por verle recién levantado, era una vista placentera. Al salir me encontré con Cristofer, estaba en el sofá revisando su móvil con rostro serio.

—Cristofer —Le saludé.

—Oh, hola Alma, no te había visto.

—Sí, ya vi que estabas muy concentrado —él frunció el ceño—. ¿Pasa algo?

—No...bueno...sí —carraspeó—. Daniel ha tenido que irse a Italia por unos negocios y quiere que vaya con él, cuando sabe que no quiero involucrarme en esas cosas porque...pensé en la charla que tuvimos sobre perseguir nuestros sueños y quiero intentar entrar al cuerpo de policía.

Una punzada de dolor golpeó mi estómago con dureza, ¿irse? ¿A Italia? ¿Sin decirme nada? Mi mente me castigaba pensando que igual tenía razón y solo quería eso, llevarme a la cama, y como ya lo había conseguido ya podía desecharme feliz. Pero mi corazón no quería creérselo, no podía, le había dado todo mi ser recientemente.

Intenté desechar esos pensamientos y le sonreí a Cristofer, estaba feliz porque intentara luchar por conseguir cumplir su sueño.

—Eso es genial Cristofer, me alegro muchísimo por ti.

—Gracias —arrugó la frente—. Por eso no entiendo para qué me necesita allí Daniel, podría llamar a Santo que es el que colabora con él.

—Ni idea, Cristofer —Me encogí de hombros—. Será algún asunto de vital importancia.

—Será —contestó pensativo.

—¿No te pidió que me dijeras nada?

Cristofer me miró sorprendido.

—No, la verdad es que se marchó muy rápido, parecía preocupado.

—¿Ni una nota? —Mi rostro se entristeció, completamente decepcionada.

—Lo siento, Alma.

—En fin... está bien, no pasa nada —moví los brazos intentando restarle importancia.

Pero me importaba, me dolía. Pensé que lo que había sentido había sido correspondido y de verdad quería algo serio conmigo, no me había parado a pensar que pudiera acabar haciendo algo así ¿tan poco le importaba?

—¿Y Ana? —suspiré.

—Está aquí, vas a tener que cuidarla por nosotros.

—Sí...lo haré, no te preocupes. Aunque no me gusta este sitio, quiero volver a casa.

—Gracias, Alma. Seguro que volvemos pronto y Daniel te recompensará. Serán pocos días —dijo mirándome con sus brillantes ojos azules—. Te lo prometo.

Me abracé los hombros como símbolo de protección, la decepción me rodeaba y no podía evitar sentirme cada vez más triste, más usada.

—Eso espero, Cris...eso espero... —Mi voz estaba tan rota que acabó en un susurro.

Un rato más tarde nos encontramos en la puerta de la entrada Azucena, Ana y yo despidiéndonos de Cristofer y Santo, al parecer este también iba con ellos. Otra punzada de dolor golpeó mi estómago, echaría de menos a Cristofer pero más echaba de menos a Daniel y ni siquiera me había dado la oportunidad de haberme despedido de él, «¿qué es tan importante, Daniel?» maldije para mis adentros.

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