18- Engaños

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En algún lugar de Estados Unidos.

19 de febrero del 2022.

Lo ultimó que sus ojos pudieron observar antes de ser consumido por la oscuridad de sus pensamientos, fue a su hermanastra corriendo hacia él, intentando inútilmente protegerlo de las llamas que los azotaron a gran velocidad. ¿Qué sucedió después de eso? Silencio. En estos momentos, y al contrario de lo que esperaría tras haber sido engullido por aquel voraz fuego; siente frio, su cuerpo poco a poco se congela. ¿Por qué?

La oscuridad comienza a mostrar un pequeño camino de luz, una salida de este lugar tan extraño. Lentamente se dirige a este cegador sendero, el cual supone una respuesta entregada por su creador a todas sus plegarias; oraciones que ha susurrado en la oscuridad absoluta en la que yacía.

La luz se intensifico cada vez más a medida avanzaba, las voces de personas hablando un dialecto inentendible resonaron al otro lado del camino. La oscuridad ha desaparecido a paso acelerado, sus ojos se abrieron cuidadosamente, despejando todo rastro de sombras que insistían en tragarlo nuevamente a ellas; ha despertado finalmente, una sonrisa intentó formarse en su rostro ante tal victoria contra las tinieblas de su mente, pero esta fue interrumpida por la realidad a su alrededor. ¿Dónde estoy? Se encuentra en un rincón, recostado sobre un piso frio recubierto de metal, al igual que toda la habitación; niñas y jovencitas lo acompañaban, todas ellas con la espalda contra la fría pared, abrazando sus rodillas, ocultando su rostro. Beowulf intentó pronunciar palabra alguna, pero su garganta estaba reseca; no tenía idea de cuánto tiempo había permanecido inconsciente.

—Por fin has despertado, todas pensábamos que estabas muerto. —Una voz femenina llama la atención del joven.

La figura de una joven delgada, piel morena, ojos color azabache, una cabellera despeinada de color castaño; su rostro sucio con indicios de que ha llorado por horas, quizás días, sus lágrimas podrían haberse esfumado; pero las huellas del dolor y tristeza aún son observados por sus cansados ojos.

—Tienes suerte que aún no he tomado mi ración de agua. —Continuó la joven. —Sé que no es mucha, pero esto es lo que hay. —Le ayudó a beber, colocándole el vaso cerca de sus labios, facilitándole la tarea.

Las mujeres han levantado sus rostros para observar a Beowulf finalmente despierto, pero fue cuestión de segundos para que agacharan la mirada nuevamente, lamentándose su destino y suerte que la colocó en este horrible lugar.

— ¿Te sientes mejor? —La joven preguntó mientras posaba su mirada sobre el recipiente vacío donde se encontraba su ración diaria de agua.

—Sí, muchas gracias. Perdón por beberla por completo. —Beowulf sabia que no debía beber todo el líquido en el interior, pero su cuerpo actuó por impulso, necesitaba eso y más.

—No te preocupes mañana tendré más, por cierto soy Ellie. —La joven tomó asiento a su lado, sonriendo lo más natural que podía permitirse hacerlo; su rostro indicaba todo lo contrario a lo que su sonrisa intentaba transmitir. Sufrimiento, angustia y tristeza.

—Beowulf... —Silencio.

La habitación no poseía asientos, ni camas, solo un baño donde hacer sus necesidades; sin ventanas que den paso a la luz del sol o luna, solo un par de lámparas incandescentes que iluminan la habitación. Una puerta de color metálico con dos ventanillas de cristal reforzado donde observan a sus prisioneros.

—Beowulf... —El silencio fue disuelto nuevamente. — ¿Por qué estás aquí? —No espero a la respuesta del joven. —He vivido en esta celda casi dos años. Creo. Y jamás he visto a un hombre pisar esta habitación a excepción de los guardias.

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