Capitulo 19 (Final)

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Tally se despertó temprano la mañana siguiente, a pesar del hecho que tan pronto como Hongki y Jaejin llegaron a su aislada casa la habían llevado directo al dormitorio y la habían castigado exquisitamente. Tenía que pagar, se habían reído, por atreverse a deslizarse en el Club y romper su control de esa manera.

Desvergonzada, la había llamado Jaejin mientras la sujetaba en la cama. Lasciva, Hongki se había reído mientras golpeaba su culo, mirándola alzar sus caderas hacia arriba, buscando más de la erótica estimulación. La habían mantenido en el borde por siempre, mientras ella rogaba, imploraba y les pedía que la jodieran hasta el olvido. Lo que habían hecho, y bastante bien, tenía que admitir.

Tensa, doliéndole en sitios que nunca supo que podían doler, se arrastró sobre el cuerpo boca abajo de Jaejin, ignorando su irritado gruñido cuando ella golpeó su bien definido trasero.

—Llegamos tarde al trabajo —le informó mientras se ponía la camisa de Hongki sobre su cuerpo desnudo—. Y todavía tengo que ir a casa y vestirme —cogió su propia camisa y frunció el ceño al ver los rasgados agujeros donde una vez había habido botones—. Arruinasteis mi ropa.

—Era ilegal —gruñó Jaejin.

—Estoy de acuerdo. Rasgar mi ropa debería ser una ofensa mortal —le lanzó una mirada burlona—. Tal vez te castigue esta noche.

Él abrió un ojo, mirándola torvamente.

—Vuelve a dormir.

¿Volver a dormir? Nunca se había sentido tan estimulada. Empujó en su hombro, riendo en silencio mientras él gemía, pero se giraba a pesar de todo. Su polla estaba erecta, tensando la sábana, una gruesa invitación al placer mientras ella se sentaba a horcajadas sobre su duro abdomen y le miraba peligrosamente.

—Espero que hablarais en serio anoche —dijo suavemente, consciente de que Hongki había rodado acercándose al sentir sus labios en su rodilla, su mano recorriendo su muslo—. Intenten escapar de mí y les prometo, me volveré su peor pesadilla.

Ella había leído sobre acechadores. Estaba bastante segura de que podría hacer una imitación maravillosa.

Jaejin apartó los mechones sueltos de su pelo detrás de su hombro. Su sonrisa, normalmente malvada y provocativa, era suave y apacible por la emoción.

—Cada palabra —le dijo suavemente—. Nosotros dos, Tally. Para siempre.

Tally tragó fuertemente. Estaba dando tanto de sí misma a estos dos hombres. Miró hacia Hongki.

—¿Y qué pasará si uno de vosotros quiere a alguien más después?

Él la miró con sorpresa.

—Tally, eres nuestro corazón. No pareces entender, nena, que somos dos lados de la misma moneda. No puedes tener uno sin el otro. Y hemos esperado demasiado tiempo esto, (a ti), como para querer o necesitar a alguien más.

¿Cómo ella no podía creerles? La estaban mirando, con sus ojos brillantes llenos de amor, de promesas.

—¿Y qué hay de los hijos? —susurró finalmente—. ¿Si tenemos hijos?

Hongki sacudió su cabeza confusamente.

—Bueno, sería agradable —sonrió suavemente—. ¿Qué pasaría con ellos?

Ella carraspeó con delicadeza.

—No estaréis seguros, lo sabes —agitó su mano expresivamente—. De quien es el padre, con certeza.

Ambos fruncieron rápidamente el ceño mientras se elevaban para ponerse a su nivel. Pero era más disgusto masculino que la pena que ella pensaba que iba a ver.

—Cualquier niño que tengas, Tally, es nuestro niño. Nunca importará quién de nosotros lo engendró, ambos conoceremos esa posesividad, ese amor por un niño que es nuestro. Es parte de nuestro vínculo, nena, y parte de nuestro regalo para ti —la voz de Jaejin era baja, profunda, llena de emoción mientras la mano de Hongki acariciaba casi reverentemente su plano abdomen.

La dejaron sin aliento, robando sus miedos, y por una vez en su vida ella creyó. Creyó que era adorada y que las necesidades que la obsesionaban y la atormentaban serían aceptadas. Ella los amaba a ambos. Despacio, sobrecogedoramente, los dos hombres se habían introducido en su corazón y la habían llenado hasta derramarse.

—Bien —echó un vistazo a Hongki, tragando el nudo de emoción de su garganta. Sonriéndole perversamente, él estiró del borde inferior de su camisa.

—Para eso —ella le pegó en la mano y antes de que cualquiera de ellos pudiera detenerla, saltó fuera de la cama y corrió hacia el cuarto de baño—. Tengo que estar lista e ir a casa antes de ir a la oficina. Voy a necesitar café, si no os importa. Espero que tengáis una máquina de hacer capuchino —cerró la puerta del baño tras ella, con una complacida sonrisa cruzando su cara. La vida estaba definitivamente empezando a sonreírle.

Jaejin echó un vistazo a Hongki mientras rodaba de la cama, mirando fijamente la puerta cerrada del baño con una mirada bastante menos que complacida.

—Estamos jodidos —dijo Hongki simplemente. Jaejin supo que no se refería al acto, sino al estado de dominación que podían ver que iba a envolver su vida en los pocos momentos no sexuales de su vida con Tally.

—Infiernos, déjala divertirse —Jaejin raspó su pecho perezosamente—. Si se nos escapa de las manos, siempre podemos volver a atarla a la cama.

Hongki miró burlonamente a su hermano.

—Ah, no tienes ni idea del monstruo que vamos a crear —sacudió su cabeza con cautela—. Estamos jodidos, hermano. Llana y simplemente.

No sonaba disgustado.

—Estoy esperando —los llamó ella desde el cuarto de baño—. ¿Quién tenía la tarea de lavarme la espalda esta mañana?

Hongki miró a Jaejin al mismo tiempo que su hermano encontraba su mirada. Miraron hacia la puerta del baño, luego el uno al otro, y comenzó la carrera. Podían compartir la mayor parte del tiempo, pero no había manera de que esa condenada ducha pudiera albergarles a los tres. Desafortunadamente, llegaron a la puerta al mismo tiempo.

Suspiraron a unísono.

—Ciertamente, una ducha más grande —dijo Hongki con una mueca mientras Jaejin conseguía empujarle y, sonriendo con aire de suficiencia, entró primero a la ducha.

Se apoyó contra el marco de la puerta, riendo cuando la risa de Tally resonó desde el cubículo. Las sombras de su hermano y su amante se retorcieron, giraron, con sus manos tocándose y los labios encontrándose. Excitante y absolutamente posesivo, Jaejin la apretó contra la pared y comenzó a demostrarle quién era el jefe... al menos en la ducha.

La vida definitivamente cambiaría para todos, pero ellos la tenían ahora, su hastiada pequeña consorte, dispuesta a amar y queriendo aceptar los placeres que ellos podían darle, para la adoración que habían salvaguardado sólo para ella.

Como los Troyanos antes de ellos que habían encontrado a la mujer perfecta, ellos la sostendrían, la ocultarían cuando pudieran, mirarían con orgullo cuando no pudieran, y la protegerían mientras tuvieran aliento. Sus perversas intenciones habían dado resultado cuando pusieron su vista en ella. Y ahora sus corazones, sus mismas almas, se regocijarían para siempre en el resplandor de la sonrisa de Tally.


Their jaded little consort. Juego de palabras en el original, pues Jaded (Hastiada) es el sobrenombre o nick de Tally en Internet.  

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