-Ah, cariño -gimió Hongki, con una mueca de sublime placer deformando su cara-. Perfecto. Joder, perfecto.

Tomó la rígida carne en su garganta, tragando, acariciando la palpitante cabeza mientras su lengua se movía contra el surcado eje, mientras se estiraba para acercarse más. El tapón de su culo era tan sólo otro fuerte tormento, recordándole las sensaciones que surgirían si uno de sus amantes empujara la gruesa longitud de su polla dentro de ella.

Pensar en esa brillante descarga de sensaciones hizo que su boca se moviera ávidamente sobre la erección de Hongki, gimiendo ante el azote de la boca de Jaejin sobre su atormentado coño mientras succionaba la rígida carne.

Estaba temblando, su cuerpo se sacudía estremecido por la excitación, empujándose hacia la boca de Jaejin. No tenía la intención de hacerlo. Podía sentir cómo se rebelaba su cuerpo, cómo su mente rechazaba las demandas de su carne.

Tally intentó gritar alrededor del pene de Hongki, luchando contra la definitiva humillación mientras las lágrimas llenaban sus ojos y sentía cómo la presión que se había formado en su vientre comenzaba a perder intensidad.

-Chúpala -la voz de Hongki se endureció mientras sus manos la sujetaban del pelo y repentinamente su polla la jodió más rápido entre los labios, sintiendo como una brusca llamarada recorría su cuero cabelludo-. Me voy a correr, Tally. Directamente en tu dulce garganta, nena.

Un duro estremecimiento convulsivo sacudió su abdomen mientras su matriz se contraía en una repentina explosión de renovado calor. Los dientes de Jaejin rasparon su clítoris con una brusquedad apasionada, un segundo antes de coger su anillo y tirar mientras sumergía dos dedos en la comprimida y extremadamente apretada profundidad de su salvaje coño.

Un estrangulado grito reverberó alrededor de la polla de Hongki, al mismo tiempo que sus ojos se dilataban y su visión se oscurecía. El dilatado tapón había hecho algo más que crear una dura presión en su ano, había logrado que el interior ya ceñido de su coño estuviera mucho más estrecho.

-Ahí -gimió Hongki mientras sus caderas aumentaban los golpes de su polla en sus labios-. Chúpalo, Tally. Más profundo, nena, me voy a correr.

Ella tomó su polla hasta su garganta, tragándola, flexionando su lengua contra la parte baja y sensible de su erección mientras temblaba y explotaba. Sus manos se apretaron en su pelo, sujetándola, mientras los duros chorros de semen bajaban por su garganta. Tragando convulsivamente, fue consciente de la continua caricia que eso supondría a la sensible cabeza de su polla, captando cada poderosa corriente del espeso fluido.

Unos segundos más tarde, cuando se retiró de sus labios, con su miembro aún duro, grueso por la excitación, sintió los dedos de Jaejin saliendo de ella y a él elevándose entre sus muslos. Ella sudaba, se sacudía, su vagina pulsaba con la frenética velocidad de la sangre que rugía a través de su sistema. Entonces, la mano de Jaejin aterrizó, dura y fuerte, en los labios de su coño.

Tally gritó, golpeando contra la cama cuando violentas sensaciones de placer atravesaron su cuerpo. Nunca nadie se había atrevido a golpear su coño. Otro golpe aterrizó directamente sobre su clítoris, haciéndola arquear la espalda, presionar la cabeza contra el colchón y dejándola sin respiración. Explosivos rayos de placer/dolor atravesaron su clítoris, su vientre, y terminaron extendiéndose a lo largo de su cuerpo hasta su cerrada mente. No había control.

La siguiente palmada la destruyó. Sus ojos volaron abiertos mientras un orgasmo, su primer orgasmo verdadero, decadente, explosivo, destrozaba sus sentidos. Un suave gemido reverberó en su garganta mientras luchaba por rechazar los temblores casi violentos que atravesaban su cuerpo, pero una vez que la había empujado por el borde, Jaejin no tenía intención de dejarle recuperar algún tipo de control.

Su polla, fogosamente caliente, gruesa y dura como el acero, empujó en la entrada de su contraída vagina. Sus músculos le sujetaron, cerrándose fuertemente mientras ella luchaba por salir de la aplastante liberación.

-Tómame, Tally. Ahora. Todo -la voz de Jaejin era dura y peligrosamente masculina mientras comenzaba a mover el eje dentro de ella con fuertes y decididas embestidas.

Pulgada a pulgada, la carne de ella cedía, y pulgada a pulgada la espiral de calor que había explotado en su vagina comenzaba a construirse de nuevo. El tapón, todavía inflado en su trasero, daba poco espacio a la recia anchura de su erección, y Jaejin le dio poca importancia a lo extremadamente apretado de su contraído coño.

-Oh, sí, nena... tan jodidamente apretada... tan jodidamente bien alrededor de mi polla... -jadeó, con su erección golpeando enérgicamente en su sobrecargado coño.

Se iba a correr otra vez. Ah Dios, eso la mataría. No podría sobrevivir a otra explosión tan violenta, tan poderosamente destructiva. Pero sabía que iba a pasar. Su polla le enviaba rayos de excesivo placer/dolor que atravesaban las terminaciones de sus ya sensibilizados nervios, mientras estiraba el insoportablemente ceñido coño para acomodar sus golpes.

-No. ¡No más! -Gritó salvajemente mientras su polla golpeaba con fuerza y profundamente, destrozando sus terminaciones nerviosas-. No más...

-Córrete para mí, Tally -gimió Jaejin-. Una vez más, nena. Una vez más. Déjame sentir como te corres sobre mi polla, cariño. Mira, Tally, mira cuan dulce y mojada estas. Sólo una vez más.

Sus ojos volaron al punto donde sus cuerpos se unían. Sus manos sostenían sus caderas lejos de la cama, su erección se hundía dentro y fuera de ella, dura y mojada, brillando con sus jugos cuando se retiraba; su carne abofeteaba húmedamente contra ella cuando empujaba hacia delante. .

Esto era demasiado. Demasiado placer, demasiada sensibilidad. La jodía dura y profundamente, separando el suave tejido y los contraídos músculos; entonces, ella lanzó hacia atrás su cabeza, arqueó el cuello y su cuerpo se tensó hasta sentir que casi se podía romper. Y luego lo hizo. No podía gritar, no podía hacer nada más que permitir que toda una vida de necesidades reprimidas, lujuria y emociones salieran a borbotones de su alma, derramándose junto a los duros fluidos del clímax que salían de su coño, mezclándose con los poderosos chorros del semen de Jaejin.

Tally sólo fue ligeramente consciente, largos minutos después, de que Hongki y Jaejin la liberaban de las sujeciones de sus muñecas y tobillos. Flotaba, lánguida y relajadamente, sobre una nube de satisfacción totalmente diferente a cualquier otra cosa que hubiera conocido antes.

Protestó con un leve gemido, cuando sintió como se desinflaba en su trasero el tapón anal, pero cuando se deslizó fuera de su cuerpo, la recorrió un estremecimiento de placer. Exquisito. Quería más, pero parecía que no podía animarse a hacer más que intentar respirar.

-Ven aquí, nena -fue Hongki quien la atrajo a sus brazos mientras se tumbaba junto a ella. Detrás de ella, fue consciente de Jaejin al colocarse también en la cama. El calor la rodeó. Los brazos de Hongki la mantuvieron abrazada, con el pecho de Jaejin a su espalda.

-¿Puedo quedarme con vosotros? -Apenas fue consciente de que el pensamiento que había aparecido en su mente, inconscientemente, había sido expresado en palabras.

-Para siempre, Tally, nos tendrás para siempre -susurró Hongki cuando la besó en la frente, mientras Jaejin la besaba en el hombro y la oscuridad la envolvió.

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