Daniel se unió a la partida apostando una cantidad considerable de dinero, se veía seguro de sí mismo.

—¿Dónde está el baño? —Le pregunté con discreción.

—Sal por la puerta de la derecha y sigue el pasillo todo recto, luego gira a la izquierda, pasa tres habitaciones y al final gira a la izquierda otra vez, ahí está el baño de invitados.

—Gracias —dije intentando memorizar las instrucciones.

Me levanté del sofá con timidez, sintiendo de nuevo la intensa mirada de Pietro a mi espalda. Por el pasillo me detuve a contemplar más cuadros y algún trofeo de boxeo, parecía que la casa pertenecía a alguno de los chicos que estaban reunidos.

Al pasar por las tres habitaciones descritas por Daniel, me detuve en el cartel de una de las puertas, era blanco y en él estaba escrito el nombre de Melissa con decoraciones florales. La voz de mi conciencia me invitaba a entrar allí sin saber muy bien por qué, pero al escuchar unos pasos cercanos me apresuré a ir hasta el baño, una vez allí cerré la puerta aliviada.

Me sorprendí al entrar y ver una chica morena pintándose los labios frente un enorme espejo, desde luego, me sonaba de mucho. Era la chica del bar, esa que había besado a Sergio delante de mis narices, ¿qué hacía ella ahí? ¿sería casualidad?

Al notar mi presencia se giró y esbozó una sonrisa perversa mientras movía sus labios para fijar el color.

—Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Me quedé mirándola fijamente, sus ojos desprendían odio hacia mí, como si le hubiera hecho algo en algún momento y no al revés.

—Sé quién eres y te diré algo —dijo acercándose hasta donde me encontraba—. Daniel es mío, no tuyo.

—¿No tienes bastante con Sergio?

—Sergio no es tan bueno en la cama como lo es Daniel, hace temblar a cualquiera —contestó relamiéndose los labios.

—Déjame en paz —Le advertí.

—Déjame tú en paz y aléjate de Daniel, si no lo vas a terminar lamentando —Me amenazó apretándome el brazo—. Además...

No pudo continuar la frase porque apareció Daniel en el baño abriendo la puerta de par en par. Al vernos frente a frente avanzó con cara de pocos amigos hasta nosotras y apartó a la chica de un empujón.

—¿Qué coño haces aquí, Melissa?

Abrí los ojos sorprendida ¿la conocía? Miré hacia Daniel buscando explicaciones pero él estaba muy concentrado mirándola con odio.

—Es mi casa, ¿recuerdas? —replicó molesta.

—Déjala en paz, Melissa.

—¿O qué? ¿Acaso sabe...?

—Cállate —chilló Daniel con ira—. Vete de una puta vez del baño antes de que pierda completamente la paciencia.

—Ya veo —sonrió satisfecha—. Así que no sabe nada. Bueno —dijo mirándome a mí directamente—. Ya lo sabrás tarde o temprano.

Se fue del baño haciendo un gesto con la mano para despedirse. Daniel y yo nos quedamos solos, mirándonos alrededor de un silencio sepulcral.

—¿Por qué estamos aquí? ¿De qué la conoces, Daniel?

—Es la casa de ella y de Santo, son hermanos. Venimos aquí mucho a apostar jugando a las cartas y charlas sobre cualquier cosa, Santo es socio mío.

—¿Sabes que ella es la chica con la que, al parecer, está Sergio?

Me miró unos instantes parpadeando y se aproximó hasta donde estaba para cogerme del rostro y acariciarme la mejilla.

—No, no lo sabía —suspiró—. No tengo mucho contacto con ella, así que no sé qué hace con su vida.

Analicé su rostro, parecía sincero pero había algo en él que no terminaba de convencerme, como si estuviera ocultándome algo.

—¿Qué debo de saber, Daniel? —crucé los brazos.

—Te lo diré pero este no es el mejor momento, Alma.

—Estoy cansada de secretos, cansada de estar entre gente que no conozco y esperar a averiguar cosas cuando a ti se te antoja, yendo donde tú te mueves. No es mi ambiente, mi lugar está en Asturias —dije molesta.

—Te diré todo, Alma, pero aquí no. Ya has comprobado que no es el mejor lugar.

—¿Y para qué me traes?

—Para que vieras donde suelo estar, lo que hago, lo que me gusta... para que me conozcas.

—No te conozco una mierda, Daniel —contesté con desconfianza.

—Confía en mí, por favor. Ven conmigo al espectáculo y luego hablaremos en privado sobre todo lo que necesites y quieras saber —imploró con la mirada.

—Está bien, vámonos —respondí molesta.

Nos alejamos de la casa con algunas personas cerca nuestro, entre ellas la chica pelirroja y Pietro, pero por suerte Melissa no se encontraba entre esas personas. El camino fue muy incómodo, seguía enfadada y dolida con Daniel, así que intentaba alejarme de él pero Pietro me lo impedía, pues se había acercado hasta donde estábamos y cada vez iba aproximándose más a mí.

La chica pelirroja se dio cuenta de cómo Pietro se encontraba cada vez más pegado a mí y se apresuró para susurrarle algo al oído. Él asintió con la mirada y se alejó para conversar con alguien detrás nuestro. La chica me miró y me preguntó si podía estar junto a mí, asentí en respuesta.

Al acercarse me tocó el hombro y me susurró —Me llamo Sara y creo que tenemos que hablar largo y tendido esta noche, presiento que tarde o temprano vas a estar en peligro, Alma. 

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¡Mañana hace un mes Sombras Partidas! Gracias a vosotros está en el puesto 183 del ranking,  ya cerquita de los dos dígitos :OO ¿Me ayudáis a que suba a las 5k visitas y entre en el top 100? <33

Agradezco todos vuestros votos y comentarios, ¡¡sois un amor!!

Besos,

Karlee D. 

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