Capítulo 25

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Días más tarde, salí de mi habitación y me acerqué hacia Cristofer, el cual estaba echado en el sofá cantando una canción de Ed Sheeran con los cascos puestos, podía escuchar Shape of you desde mi habitación. Daniel llevaba extraño desde que me había apartado y me preocupaba, ya no sonreía tanto y las bromas cada vez eran más inexistentes, le sentía muy ausente. Intuí que Cristofer sabría algo, siendo su mano derecha, y ya que Daniel había llevado a Ana con una amiga, tenía tiempo suficiente para conversar con él. Temía haberle hecho daño al rechazarle esa noche, pero más temía que mis miedos se cumplieran y de verdad solo quería llevarme a la cama, haciéndome caer con sus palabras.

—Cristofer —dije a modo de saludo.

Al escuchar mi voz levantó la vista, quitándose un casco del oído y me miró con esos bonitos ojos azules que tenía.

—Sabes que puedes llamarme Cristo —contestó sonriente.

—Lo sé, pero me gusta más tu nombre completo.

Me acomodé sentándome en la alfombra mirándole a los ojos, cara a cara.

—¿Pasa algo?

—Me gustaría que me contaras sobre Daniel y tú, sobre su infancia. Llevo aquí un tiempo y apenas sé de él, presiento que me oculta muchas cosas —Le contesté, casi implorando respuestas.

Ahora fue él el que se acomodó en el sofá, sentado con las piernas cruzadas como un indio.

—No sé si es buena idea, es su vida, no la mía.

—Al menos cuéntame cómo os conocisteis, por qué sois tan amigos. ¿Trabajas con él? ¿También eres...?

—¡Joder, no! —Me cortó—. No es algo que me guste ir diciendo por ahí pero trabajo en un supermercado, soy cajero.

Se le encendieron las mejillas, parecía que le daba vergüenza admitirme eso, así que no dudé en que estaba contándome la verdad.

—No es algo por lo que estar avergonzado, Cristofer. Es un trabajo honrado, como cualquier otro.

—Pareces mi madre hablando —contestó, de nuevo sonriente—. El trabajo de Daniel ya no te parece tan honrado, ¿verdad?

—Sinceramente sería mejor para él que trabajara de algo que no implicara el dinero negro y los peligros de la calle —Me quejé.

—No tuvo otra opción... —suspiró—. Pero bueno, me avergüenza decir mi trabajo porque mi madre siempre me apoyó para que fuera policía, y es irónico que haya acabado de cajero y ayudando a Daniel. Tiene coña ¿verdad?

Me reí, la verdad es que si que era irónico terminar siendo la mano derecha de un narcotraficante de Barcelona que tiene bastante poder y mueve bastantes hilos.

—¿Y Ana no sabe nada?

—Obviamente no, Daniel no quiere que a Ana se le caiga un mito, lo adora y él a ella.

—¿Y sus padres? —Le pregunté directamente.

—Uff... —dijo incómodo removiendo su pelo­—. Eso debería contártelo Daniel

Me lamenté para mis adentros, nadie quería resolver el misterio y me asustaba sacar ese tema con Daniel, tampoco tenía la suficiente confianza para ello y las pocas veces que lo había intentado él me cambiaba de tema. ¿Y si habían tenido un accidente y estaban muertos? ¿Por eso acabaría metido en las drogas? Seguí cavilando sobre las posibles teorías acerca de la desaparición de sus padres hasta que Cristofer me devolvió a la Tierra de golpe.

—A Daniel le han chivado que la policía ha recibido información sobre tu paradero. Parece que alguien ha fallado a Daniel y está pensado qué hacer, además de averiguar quién ha sido el hijo de puta que le ha traicionado —contestó cerrando los puños.

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