Capítulo VI: LA MONEDA

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Ian no podía dejar de pensar que había algo muy raro en Urien y Mika. Ambos solían irse por las tardes a Talamh y regresaban casi al anochecer. Nunca terminaban de explicar con certeza qué tanto hacían y lo peor de todo era que él no disponía de tanto tiempo libre como quisiera para descubrirlo.

Su madre lo tenía ocupado con las cosas de la ciudad. La verdad era que Ian no terminaba de comprender por qué a su madre le preocupaba tanto que él estuviera al corriente de todo, pero aun así lo hacía. Porque algo era seguro, en algún momento él sería el Ceann de la Uisce, eso lo había decidido hacía ya tiempo y mientras su madre era la actual Ceann era el mejor momento para empaparse del cargo.

Hasta el momento había aprendido como lidiar con gente como Melvin. Lo cierto era que el sujeto no era tan inútil como él había juzgado en primera instancia. En las reuniones que habían tenido con él, se podía apreciar un deje de despreocupación. Pero a pesar de ello Ian podía notar que Melvin no era ningún idiota, más bien se hacia el idiota para evadir algunas responsabilidades.

Además había otra cosa que no terminaba de comprender. La relación de su madre con Melvin. En cada una de las reuniones a las que había asistido él podía sentir como si hubiera una conversación no verbal entre ambos Ceann. Como si se pasaran mensajes con los ojos que Ian no podía captar. ¿Qué estaba pasando realmente? ¿Por qué La Hermandad había enviado soldados Fuego a Tierra? A veces tenía la ligera sospecha que Melvin y Kenna tenían una teoría, pero no terminaban de atreverse a hacerla verbal.

Luego el día anterior habían llegado los soldados. Todos uniformados en negro. Ian había permanecido en la oficina del Ceann Melvin, observando todo desde una ventana. Y luego de ver como el teniente Gaar hacia trizas el orgullo de Glen, sonrió y paseó la vista por el escritorio de Melvin, no encontrando nada más entretenido en el panorama de afuera y entonces una pieza suelta de lo que parecía un enorme rompecabezas saltó a su vista.

Bien decían que el que buscaba encontraba, o que la curiosidad mató al gato y tantos otros dichos. Porque Ian curioseó por las gavetas de Melvin, como un niño travieso y encontró una fotografía, una bastante gastada. Pudo ver en ella a un Melvin bastante joven, sin la barriga que entonces cargaba, con una sonrisa amigable, junto a él estaba una muchacha de abundante cabello rojo y de mejillas rosadas.

Ian frunció el entrecejo mientras se acercaba la instantánea a los ojos. Según los rasgos de la mujer, parecía una chica Fuego. ¿Cómo era posible que Melvin hubiera conocido a un habitante de Fuego antes de convertirse en Ceann? Parecía no existir respuesta razonable a aquello. ¿Cómo un joven Melvin había salido de la Tierra? O peor aún, ¿cómo una mujer de Fuego había llegado a la Tierra cuando se tenía pleno conocimiento de que la gente Fuego no viajaba a Tierra?

Ian iba adejar la foto en su lugar cuando algo más captó su atención. El fondo de la fotografía. Según lo que se podía apreciar era en la Tierra, pero eso no tenía importancia. Lo que realmente tenia importancia era la figura que se lograba apreciar tras los rostros sonrientes de Melvin y la chica pelirroja. Era un perfil que él había visto antes, en una foto sobre el escritorio de su madre. Era el perfil de Stephan Macorne, muy lejano pero Ian lo reconocería a pesar de nunca haberlo conocido en persona. Era él. No sabía por qué, pero esa foto le parecía extraña. Por la chica pelirroja, por ver a su padre en un mismo lugar que a Melvin, y porque aparte de la pelirroja, había otra persona de cabello rojizo. Otro originario de Fuego. Un pelirrojo que según se podía apreciar hablaba con su padre.

Era de mañana, estaba sentado a la mesa de la sala desayunando tortas de avena con jugo de ciruelas negras mientras pensaba en todas esas cosas. Aquella mañana sentía que la cabeza bien podría estallarle. Por un lado Urien y Mika con aquellas salidas extrañas, por el otro su madre y Melvin hablado en códigos, por ultimo esa foto. E incluso, a un nivel no del todo consiente tenia a una persona molestando en su mente: Glen Stevarius.

Voluntad de Tierra [Razas #1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora