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—¿Dante? —Su silencio no hizo más que incrementar la preocupación que Joanna sentía por su amigo Jofiel.

Las palabras del demonio le infundieron miedo. Incluso él estaba asustado por el destino del ángel, su único aliado contra los Tres. Sin su valioso apoyo, todos corrían peligro.

Explicó, de modo pausado, lo poco que sabía sobre el tema:

—Cuando un ángel se deja dominar por emociones negativas como la ira o el rencor, lo primero que cambia en él es el color de sus alas. Al principio, quizás sean unas pocas plumas. Pero, si deja que esas emociones lo dominen de forma permanente, sus alas se tornarán negras como las mías en poco tiempo, y ya no habrá vuelta atrás. —Jo tenía cara de pánico—. Yo le advertí a Jofiel que debía tratar de controlarse. Quizás fue ese el motivo por el que se alejó esta noche. Ya no es seguro que estés cerca de él. Está consciente de lo peligroso que puede ser para ti.

Ella no lo entendía. Su rostro mostraba una expresión de confusión que Dante muy pocas veces había visto.

—¿Qué tan peligroso? —Sí, tal vez Jofiel era un poco inquieto y alborotador, pero no podía concebir que fuera un ser dañino. No, con esa imagen de niño inocente que tenía.

—Es como yo —manifestó él con gran pesar, sentándose en una silla junto a ella.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Cómo que es como tú? Yo no veo que tengan absolutamente nada en común.

—Y sin embargo, es así. Me temo que estar cerca de ti ha hecho despertar sus emociones humanas, al igual que pasó conmigo. A mí eso no me perjudica, pero a él... —Suspiró—. Digamos que lo afecta de forma negativa.

—¿Por ser un ángel?

Dante hizo un gesto afirmativo con la cabeza. De hecho, eso suponía una diferencia abismal entre ellos. Polos opuestos de la misma cosa.

—Los ángeles son criaturas libres de maldad. Puros, luminosos... totalmente incorruptibles. Siempre hay excepciones, por supuesto, y nuestro amigo Jofiel parece ser una de ellas. Es un ángel atípico.

—¿Por qué?

—Porque no puede darse el lujo de experimentar las cosas que más anhela. Los demonios tenemos mucha más libertad que los ángeles. No necesitamos controlarnos, ni limitarnos; nos dejamos llevar por nuestras pasiones. El problema es que, por lo general, nuestros sentimientos (tanto de ángeles como de demonios) son más fuertes que los de los humanos. Y si a Jofiel lo ha invadido uno de los malos, me temo que le traerá problemas, ya que él es un ser bastante impulsivo.

Evan comía y prestaba atención al interrogatorio.

—Eso es malo, ¿no? —preguntó Jo—. Lo de ser impulsivo.

—No es bueno para ningún ángel —respondió, ensimismado.

—¿Y tú? ¿Tienes malos sentimientos, Dante? —inquirió ella con curiosidad, torciendo la cabeza e inclinándose peligrosamente hacia él, y obligándolo a deslizarse hacia atrás en el asiento.

—Solía tenerlos. Pero han sido sobrepasados por algo mucho más fuerte —aseguró con sinceridad. Ella sabía que estaba diciendo la verdad. ¿Por qué le mentiría? Dejó de acorralarlo y le sonrió.

Él respiró aliviado. Iba a tener que cuidarse de ese tipo de arrebatos.

Joanna continuó:

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!