Capítulo 21

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Unas horas más tarde decidí acercarme hasta el salón para coger un libro para leer, no paraba de pensar en lo ocurrido con Cristofer y Daniel, necesitaba algo con lo que quedarme absorta durante un buen rato, que me hiciera disfrutar y eso lo conseguía con creces la lectura.

Al entrar dentro, vi que en el sofá estaba Daniel ayudando a Ana. Me fijé en lo concentrado que estaba ayudándole con sus deberes de, al parecer, matemáticas.

—Dani, eso no es así, como los tenga mal la profe me va a reñir, por tu culpa —dijo Ana cruzando los brazos enfadada

—Mira, son así, no pueden ser tan difíciles los deberes de una niña de sexto de primaria.

—Oye guapo, que son muy difíciles ¡por algo te estoy pidiendo ayuda! Y de todas formas, lo estás haciendo mal —contestó sacándole la lengua.

—¿Ah sí? —preguntó enarcando una ceja­—. Vas a saber ahora lo que hago muy bien.

Lo siguiente que pude apreciar fue a Daniel tirándose encima de Ana para hacerle un ataque de cosquillas y a ella intentando defenderse moviéndose para todos lados, como si fuera una tortuga intentando darse la vuelta.

—¡Para Dani! ¡Paraaaaaaaa!

—Cuando admitas que lo estaba haciendo bien.

—¡Eso nunca! —dijo Ana muerta de risa.

—Tú lo has querido, enana —replicó volviendo con otro ataque de cosquillas.

Decidí intervenir para salvarla y que pudiera hacer los deberes tranquila, Ana estaba volviéndose roja como un tomate al costarle respirar por las cosquillas, estaba quedándose sin aire.

Mientras ayudaba a Ana con sus deberes, dado que Daniel había desistido, decidí conversar con ellos. Él se había sentado en el otro sofá que había en el salón y me miraba de reojo mientras estaba con el móvil.

—Ana, mientras estaba Daniel en Asturias con Cristofer, ¿tú con quién estabas?

Daniel me miró sorprendido, como si eso le hubiera pillado desprevenido. Le ignoré, no me parecía una mala pregunta o algo que fuera tabú.

—Estaba con Santo —contestó como si fuera lo más obvio del mundo.

—No lo conozco, ¿quién es?

—Es el otro guardaespaldas de Dani, su otro mejor amigo.

—¿La dejas a solas con ese chico? ¿No te da miedo? —pregunté sorprendida mirando a Daniel.

—Hablas como si fuera una persona cualquiera que he encontrado por la calle, es la persona en quién más confío, junto con Cristo —replicó molesto.

Ana se giró hacia mí mirándome con cara extraña, había dejado la libreta a un lado, centrada en la conversación.

—¿Por qué me preguntas esto?

—No, por nada.

Daniel bufó por lo bajo, se levantó molesto del sofá y se fue hacia su habitación, dando un portazo. No sabía cómo lo hacía pero parecía adivinar mis pensamientos, temía que Santo le hiciera a Ana lo que él hizo conmigo en el pasado, solo tenía unos años más que Ana de aquella, también era una niña inocente e ingenua.

Aproveché para seguir conversando con ella, ahora que no contaba con la mirada inquisitiva de Daniel. Me gustaba hablar con Ana, su alegría me contagiaba y me ponía de muy buen humor.

—¿Sabes?  —dijo Ana mirándome a los ojos­­—. Aunque mi hermano parezca así de bruto y pesado, me quiere mucho. Además, Cristo también me cuida mucho, es muy simpático, y Santo también aunque le veo menos.

—Tiene sus momentos tu hermano...—contesté por lo bajo.

—Mis amigas les tienen algo de miedo porque ya sabes como son, así de altos y de fuertes, pero les gusta mucho Cristo —Me susurró riéndose.

—Es guapo —admití.

—¿¿Te gusta?? —preguntó soltando un gritito.

—¡No! Pero ¿por qué cada vez que opino preguntas eso?

—Es que... ¡has dicho que es guapo!

—Pero que sea guapo no significa que tenga que gustarme —contesté indignada.

Entonces se acercó a mí apoyando su mano en mi pierna, parecía que iba a soltarme una confesión.

—¿Te gusta Dani?

Me llevé la mano a la cara «Por favor, otra vez esa pregunta no» pensé. No entendía esa fijación de Ana por hacerme esa pregunta cada vez que tenía ocasión.

—Bueno, aunque no me respondas yo sé que te gusta, y tú le gustas.

—A tu hermano le gustan todas —respondí sin saber que había dicho ese pensamiento en voz alta.

—No —contestó Ana frunciendo el ceño —. Solo tú.

Evité mirarla a los ojos, me costaba creerme esa afirmación que acababa de hacer, Daniel tenía fama de mujeriego. Incómoda con el punto que estaba teniendo esta conversación, decidí cambiar de tema.

—¿Y qué tal te fue ese tiempo sin tu hermano?

—Bien, pero echaba de menos la comida de Cristo. Santo cocina igual de mal que mi hermano.

—¿La comida de Cristo?

—Sí, es él el que cocina aquí.

—¿Perdón? —pregunté sorprendida—. Pero si nunca le he visto cocinando.

—¿Y a Dani si? Cristo trae la comida en tuppers cuando tú estás durmiendo. Mi hermano quería sorprenderte fingiendo que sabe cocinar, lo que hace es calentarlo en el microondas.

—¡Qué cabrón! —dije flipando por lo que acababa de descubrir—. ¿Cómo es capaz de hacer Cristofer tantas cosas por él?

—No sé muy bien el motivo, pero sé que Dani hizo algo por él y está muy agradecido.

Miré a Ana con preocupación, muchas veces me había percatado de que tanto Daniel como ella nunca mencionaban a sus padres, ni siquiera vivían con ellos, pero nunca les había preguntado nada.

—¿Y vuestros padres? ¿Por qué no estás con ellos?

Ana vaciló en contestar, se le notaba en los rasgos de su rostro, como si estuviera tanteando la respuesta.

—Creo que eso debería explicártelo Dani, no le gusta que lo vaya contando por ahí, le da vergüenza — dijo con voz triste, parecía que estaba a punto de ponerse a llorar.

—Está bien, no sacaré el tema, perdona Ana.

Le di un fuerte abrazo para consolarla, debía de ser duro estar sin unos padres, aunque tuvieras a tu hermano para cuidarte.

Me levanté para irme a la habitación cuando Ana me frenó de golpe, me chilló que la esperara un momento para enseñarme una cosa, curiosa decidí sentarme en el sofá. Cuando regresó hasta mi lado tenía una fotografía en la mano, en ella aparecían una mujer de unos treinta años muy parecida a Daniel con una niña de tres años cogida en brazos. Al ver la fotografía me vino un recuerdo a la mente, la fotografía del móvil de Daniel.

—Es mi madre, Julia.

Contemplé la fotografía que sostenía Ana con nostalgia, el rostro de Julia era algo serio, como si no fuera feliz por algo. ¿Qué le habría pasado? ¿Y su padre? Muchas dudas rondaban por mi mente pero sabía que Ana era aún una niña y esos temas le hacían mucho daño, ya me enteraría tarde o temprano de qué pasaba en esta familia.

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Bueno, sé que varias personas os habéis movido por las redes sociales para ayudarme :) Así que seré buena y haré un pequeño maratón de TRES capítulos <3 Este es el primero, espero que os guste y disfrutéis de ellos.

Muchas gracias por vuestros votos y comentarios, soy muy feliz leyéndolos y viendo como Sombras Partidas crece poco a poco <3 Os invito a promocionarla por vuestras redes y entre vuestros amigos <3

Con amor;

Karlee D.

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