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Matheo alejó su rostro del mío en segundos, torturándome así con el distanciamiento de sus labios.

Abro mis ojos completamente embelesada, aun siendo dulce y agresivamente consumida por el éxtasis que me inundó en cuanto nuestros labios se conocieron tímidamente por vez primera. Tengo muy presente que el contacto que tanto había esperado fue fugaz, demasiado comparado con la duración que me habría gustado propinarle a la colisión tan anhelada entre su boca y la mía, aun así, nuestra tierna e ínfima unión fue suficiente para que un tifón salvaje de sentimientos y emociones se desatara y dejara un desastre en mi interior.

Al fin tengo el placer de poder recordar un beso nuestro, el primero, uno ávido y tenuemente melancólico, sellado por el rastro de mis lágrimas marcando sus labios.

Sólo espero que no mucosidad.

Sus hermosos ojos parecen examinar mi rostro por un momento sin hacer detención alguna, como si estuviera poniendo todo su empeño en capturar la forma en que mis facciones componen mi actual gesto, uno que supongo solo exhibe lo delirante que me ha dejado un simple beso, que bueno, en realidad no tuvo nada de simple por el mero hecho de que fue él quien me lo dio.

Aun ahueca mi cara entre sus manos, y aquel toque tan delicado no hace más que alborotar mis pensamientos, incitando así a mi raciocinio a dejarse seducir por la gran tentación que Theo y sus labios se han vuelto para mí. Pero a la vez, también me encuentro abstraída por el ritmo despiadado de la perplejidad, aquella que no me permite realizar otra acción que guiar mis manos a la altura de mi rostro hasta poder posicionarlas sobre las de él, y no es algo precisamente malo puesto que el enfrascamiento en el que mis sentidos me han sumido se debe a que lo único que puede acaparar mi mente en estos instantes es la memoria reciente que habíamos creado juntos, y que sólo deseaba repetir, infinitamente. Y es que, aún no puedo creer que haya sucedido.

Porque nuestra nula distancia se sintió y aun se percibe como una perfecta ensoñación, que, de no ser por el temblor leve que ha sometido patéticamente a mis piernas, aún no podría concebir como un hecho, un suceso real.

Y aun es difícil, más cuando este ambiente privilegiado que nos ha envuelto me impide asimilar nuestra situación y todo lo que acaba de pasar.

—Fue real —formula una vez que detiene su visión en mis ojos vacilantes, casi como si hubiese oído la corriente de pensamientos que inundaban mi mente. O tal vez si lo hizo, tal vez estaba tan absorta en mis pensamientos que terminé revelándolos sin darme cuenta.

―Yo... ―Había comenzado a decir un tanto apenada.

—Demasiado real. ―Amplía su sonrisa―. Aun cuando parece insólito, todavía puedo saborear la ligereza del arándano contrastando con lo amargo del alcohol —añadió algo ensimismado.

Desvío mi atención hacia sus labios siendo provocativamente relamidos por la punta de su lengua. Al regresar mi vista a sus ojos es cuando me percato de que éstos se han enfocado completamente en mis suplicantes labios entreabiertos, alterando de sobre manera mi temperatura corporal y provocando la difusión sucesiva y exquisita del acelerado palpitar de mi corazón hacia distintas zonas de mi cuerpo. Cuando un calor traicionero se adueña de algo más que mis mejillas, entonces que ya no sé cuánto más podré soportar la infame distancia que se interpone entre nosotros.

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora