capítulo 2

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Hace dos meses que regresamos de nuestra pequeña aventura de fin de semana. El estaba más saturado de trabajo que nada y yo igual. Durante estos dos meses nos hemos visto sólo cuatro veces en día domingo y por la noche solo para dormir, y las cuatro veces hemos peleado por el estupido aroma de Mila que tiene siempre. Pasa más tiempo con ella que conmigo

Mila... Yo debería sentirme culpable. Ellos tenían una relación, incluso estaban comprometidos, habían hecho de todo. Estoy conciente de eso pero el nunca la llegó a marcar. Lo único que el me explico es que cuando era más joven y llegó su primer celo ella estaba cerca, ambos se alteraron, así terminaron perdiendo la virginidad y comenzando una relación de casi diez años

Dios no aguantó ese aroma en mi alfa, me revuelve el estómago e incluso aveces me termina haciendo vomitar, aunque toda esta semana es algo que me pasa muy frecuentemente. Tal vez sea por el exceso de trabajo o por comer algo en mal estado.

Viernes, al fin. Me deshago peresosamete de las cobijas y me levanto tranquilo. Esta mañana escuche cuando Beka salía de la casa y no a hecho nada por despedirse, que más podría hacer. Las cosas están muy tensas desde que Mila trabaja con el, debería dejar de lado mis celos y arreglar las cosas, después de todo el es mi alfa, mi esposo y la persona a la que más amo en este mundo

Tomó mi celular y tecleo un rápido mensaje

>Quieres ir a almorzar? Paso por ti...

>Suena bien. A las doce tendré un tiempo libre nos vemos en el restaurante que está frente a mi oficina

>Excelente. Te amo

>También yo

Mi corazón latía desbocado, me apresure a ducharme, arreglar un poco algunas cosas fuera de su lugar y después de una hora de probarme la mitad de mi closet, me puse un pantalón de mezclilla unos Vans y una playera ligera de color gris. Era verano y hacia mucho calor esos días así que era mi mejor elección ya que después del almuerzo tenía que ir a la oficina a terminar algunos pendientes.

Eran once treinta y yo ya estaba en mi auto rumbo al restaurante donde nos veríamos

Llegue diez minutos antes de medio día, para mi suerte encontré a yuuri, una amigo mío y dueño de aquel restaurante

-Yurio - desia el pelinegro al verlo entrar por la puerta - crei que llegarías con Otabek, me llamo hace un rato haciendo la reservación

- Hola katsudon, no el está en la oficina. Como estas?

-Bueno, tengo que estar en varios lugares al día y es complicado pero está bien. Mamoru cada vez crece más y necesita más de mi, aparte Victor hace lo posible por no dejarme sólo en esto. A decir verdad ambos terminamos rendidos al final del día

Yuri al escuchar la mención del pequeño cachorro se emociona. Yuuri y el han sido amigos desde pequeños, así que en cuanto supo que tendría un cachorro lo adoro. Tenía muy buena impresión del alfa de su amigo, era amable, cariñoso e incluso detallista con el.

- El viejo hace bien. Después de todo el pequeño Mamoru es un omega, es su pequeño tesoro

- Ni que lo digas, en el parque si ve que algún niño o niña se le acerca le da un ataque de celos- Ambos reían y en ese momento los dos Omega se percataron del aroma a chocolate ya tan conocido

Un alma rotaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora