Capítulos del 6 al 10

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Capítulo 6

Estuvimos una hora arreglándonos, adecentándonos. Queríamos estar lo más elegantes posibles, una fiesta universitaria no es algo que se ve todos los días. De hecho, para nosotros era nuestra primera fiesta de cualquier tipo, hasta ahora no habíamos ido a ninguna ni universitaria ni no universitaria. Ni siquiera cuando nos graduamos en bachillerato hicimos algo parecido. Nuestro presupuesto no llegaba para nada, solo para aperitivos y para contratar a una orquesta de barrio que tocara en el instituto. Era terriblemente cutre, sobre todo para la gente que estudiaba con nosotros. Era mucho mejor no dar detalles de nuestra graduación porque si ya nos habían llamado catetos, si se enteran de cómo fueron nuestras graduaciones, las burlas serían mucho peores.

La verdad es que nuestro aspecto físico de aquella noche nada tenía que ver con el de la mañana. Llevábamos puestos los tres vestidos de fiesta, yo de color verde; Erika en negro; y Gema en rosa. Nuestros vestidos no eran demasiado escotados, pero lo suficiente como para dejar algo a la imaginación.

El mío era de tirantes finos y tenía un escote corazón que realzaba mucho mi figura. La verdad es que mis pechos no eran nada pequeños, destacaban bastante dentro de mi escote. No es que se me vieran, pero se intuían. Suficiente para mí.

El de Erika era de tirantes también, pero cruzados en la espalda. Tenía un escote un poco más pronunciado que el mío, en pico. También se le veía el canalillo y al igual que yo, se intuía que tenía un busto bastante prominente. Esperábamos que los chicos no se pusieran a babear demasiado. No soportaba ni soporto hoy en día a los tíos babosos.

El de Gema era distinto al nuestro. Era de tirantes sí, pero dejaba toda la espalda al descubierto. Nos dijo que era el vestido que se puso en su graduación y la verdad que ambas comprendimos por qué. Estaba realmente guapa. El vestido de color rosa palo resaltaba mucho más sus ojos verdes, al igual que la sombra de ojos del mismo color que llevaba.

Nuestros zapatos eran de tacón, bastante altos. Aunque era imposible acercarse a la altura de los chicos de la capital, por lo menos haríamos que la diferencia entre los chicos de nuestra clase se hiciera menos notable. Estaríamos casi a la par con nuestros amigos. Y a los chicos de la capital le recortaríamos más de 10 centímetros. Aunque nos siguieran sacando 20, ya no eran los más de 30 que nos sacaban habitualmente. La verdad es que la gente de la capital era muchísimo más alta que nosotros y por mucho que nos pusiéramos alzas en los zapatos, nos seguirían sacando un montón. Además, seguro que las chicas de aquí también usaban tacones. Y a ver como serían, seguro que no tenían nada que ver con los nuestros.

Después de arreglarnos del todo, salimos de la habitación donde los chicos nos seguían esperando, cada vez más impacientados. Ya se estaban empezando a cabrear, lo cierto es que habíamos estado más de una hora metidas en la habitación.

- Chicas, ya era hora que salierais. Yo ya pensaba que nos íbamos a perder la fiesta—dijo Sergio algo cabreado.

- Tío, tranquilo. Estaba claro que la espera merecería la pena. Estáis espectaculares. No tenéis nada que envidiar a la gente de la capital—dijo Alex, al que le notaba a la legua que lo decía en serio, aunque también nos estaba haciendo un poco la pelota.

- Muchas gracias, chicos. Sí es cierto que hemos tardado bastante pero es que queríamos precisamente eso, estar espectaculares. Lo más guapas y elegantes posibles, a ver si así dejan de reírse de nosotros. Parece que porque nosotros no somos de por aquí tenemos que ser más tontos, burros y menos elegantes que los capitalinos. Pues no, vamos a demostrar que podemos ser tanto o más guapas que las chicas de esta ciudad aunque en comparación con ellas seamos unas enanas—dijo Erika, tan reivindicativa como siempre.

Visiones desde abajoWhere stories live. Discover now