PRÓLOGO

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¿Qué cómo empezó todo? Así fue.

Fulminé con la mirada al cura y el cura me fulminó a mí con la suya. Estuve un par de segundos aguantando el duelo hasta que parpadee. Teniendo en cuenta que el hombre podría ser mi abuelo, no quería ser la causante de que le diese un infarto u algo por el estilo y que muriese -no prematuramente, dejémoslo claro-.

—Señorita, ¿está  o no está usted casada?

Me lo estaba preguntando a mí. Yo, casada. Cuando me dio urticaria cuando mi perfecto novio sacó el anillo del bolsillo y ahora resultaba que ya estaba casada. Y no, no habían quinientas personas en la iglesia, sólo el cura, Emma y yo, y tampoco iba vestida de blanco -gracias a Dios esto no había pasado el día de la boda, o al menos gracias a la iniciativa del siervo de Dios, ergo el cura-.

—No lo sé. ¿Puedo usar el comodín de la llamada? —acabé diciendo, pues esos temas no eran mi fuerte, así que rebusqué en el bolso mi teléfono.

—No estamos en un concurso televisivo. Esto es serio, ha venido aquí para que su testigo declare que no tienen ningún otro vínculo y así poder casarse. Pero no voy a poder hacerlo si está casada —declaró el hombre enrojecido.

—La verdad, todo fue un poco confuso, padre. Ya sabe, Las Vegas es un lugar de perversión, orgía y desenfreno —soltó Emma, no ayudando en absoluto.

Debí de traer a Aura como testigo, pero como siempre estaba ocupada con reuniones. Ella no se hubiese acordado del viaje a Las Vegas, y si lo hubiese hecho no lo hubiera mencionado delante del cura, sino a mí en privado. Mentira, si lo hubiese recordado ella misma no dejaría que me casase, es una purista en todo lo que hace.

Ignoré durante un momento a Emma y llamé a un abogado. Sí, el único con el que tengo vía directa es con mi hermano.

—¿Diga?

—Daniel, una pregunta rápida. ¿Si te casas en Las Vegas pero no lo inscribes, vale el matrimonio? ¿Estás casado de verdad?

Aunque no esté inscrito en España en el registro, estás casado en Estados Unidos, sólo que el matrimonio no produce efectos frente a terceros que lo desconocen.

—Vamos, que no puedo casarme aquí con alguien distinto, ¿no?

—No, a menos que quieras que te acusen de poligamia.

—¿Cómo?

—Es broma. ¿Te casaste en Las Vegas?

—Creo que sí.

—¿Y quién fue el susodicho?

Aquí tenía dos opciones:

a) Decirle que hace cinco años mantuve una relación secreta llena de sexo salvaje con su mejor amigo, y que por ironías del destino, nos casamos en Las Vegas.

b) Mantenerlo en la ignorancia.

Por supuesto, escojo la b.

—Nadie importante. Ya te llamaré, tengo al cura en espera.

—Arréglalo, hermanita.

No podía creerlo, todos mis planes se habían ido al traste. Y todo por ir borracha como una cuba en Las Vegas.

—¿Entonces? —preguntó el cura, que seguía esperando.

—No tendrá que oficiar mi boda, aún. Pero volveré, se lo aseguro —le prometí.

Emma y yo salimos de la iglesia con las gafas de sol puestas y con la sorpresa a cuestas. Estaba casada, y no era con quien estaba prometida.

—Creo que necesitas urgentemente un comité de crisis —dijo mi amiga recogiéndose el cabello rojizo en un moño desordenado.

—Lo sé. Dios, necesito una copa y un divorcio exprés —exclamé, casi hiperventilando.

—¿Y qué piensas decirle a Gerard?

¿Que qué pensaba decirle a mi futuro marido?

—Tengo dos opciones, o le digo que la boda se pospone por falta de disponibilidad en la iglesia o le cuento la verdad.

—Primera opción, por supuesto, no quiero tener que acudir a tu funeral antes que a tu boda.

—Voy a ser la novia cadáver.

Definitivamente aquello era, más que un bache en el camino, un barranco que cruzar.

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Vais a matarme JAJAJA pero no puedo resistirme

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Vais a matarme JAJAJA pero no puedo resistirme. Es solo el prólogo, pero no empezaré a colgarla hasta que no tenga varios capitulos de reserva. Serán cortitos, diarios, y como veis, es una comedia así que hay risas aseguradas.

¡Besos!

Lo que pasa en Las Vegas... [1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora