Capítulos del 1 al 5

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Abrí los ojos de nuevo. Un día más en este asqueroso lugar, que ni siquiera sé donde se encuentra ni qué es exactamente. La oscuridad me rodea por todas partes, me atraviesa todos los poros de la piel y me llega incluso a los ojos. Ni siquiera veo con claridad, debe ser que el polvo de este lugar se me está metiendo en mis bellos ojos. Jamás me los he visto tan oscuros, siempre han sido verdes, pero ahora los veo más bien marrones. No tengo un espejo, pero tengo algo parecido. Mi compañera de al lado siempre me lo dice, que están cambiando el color de mis ojos. Ya llevo bastante tiempo aquí, no sé exactamente cuanto porque he perdido la noción del tiempo, solo sé que entré aquí un 1 de noviembre de 2062. Era tan joven que ni siquiera recuerdo que fuera yo realmente o algún antepasado mío. Me he consumido aquí dentro, no sé qué edad tengo pero debo rondar los cuarenta, aunque aparente sesenta. Es lo que hace este lugar, te va matando poco a poco. No es una cárcel, pero viene a serlo. Te matan de hambre, lo único que recibes es pan y agua. Es increíble que en la época en la que estamos todavía existan sitios así de inhóspitos y donde las personas carezcan de humanidad. Esto vulneran todos los derechos humanos, que no sé exactamente cuáles son porque yo no estudié derecho, pero el tener derecho a un techo y a comida es básico, no hace falta ser abogado, juez o fiscal para saber algo así

Mi compañera ya no está. Llevo conviviendo mucho tiempo con ella. Ella llevaba aquí desde 2051, es decir, once años más que yo. Entró siendo prácticamente una niña, tan solo tenía 12 años. Es increíble como a pesar de tanto tiempo que llevaba aquí era capaz de recordar su vida pasada. No se olvidaba de su gente, a pesar de que no pudieran venir a visitarla porque, para empezar, la creían muerta. Es lo que pasa cuando te traen a este lugar, a tus familiares les dicen que has muerto. Me lo explicaron cuando llegué aquí, eso sí que lo recuerdo bien. "Nadie vendrá a buscarte porque no saben que estás viva". Esas son las palabras que recuerdo de toda la retahíla que me soltó el guardia. Por lo tanto, no podía localizar a mi familia, además de que es imposible escaparse de estas cuatro paredes. Si mi madre viviera, tendría una mejor apariencia que yo siendo mucho más mayor. Tendría unos setenta años, sin embargo, esa edad de ahora equivaldría a cuarenta años atrás. Es increíble como había avanzado la ciencia y tecnología y también cómo mejoraron las condiciones de vida, hasta el punto de que la mayoría de las personas en La Tierra pasaran los cien años. Eso era en el mundo desarrollado, claro está. Sin embargo, las cosas en este lugar son muy diferentes, aquí vivimos como si estuviésemos en la Edad Media. En mi opinión, la época más oscura de la historia de la Humanidad.

Mi compañera murió hace algunos días. Tenía cáncer terminal. Estaba localizado en el cerebro, en la parte que afecta a la memoria. Sus síntomas se parecían bastante al Alzheimer. Lo detecté rápido, casi en cuanto la conocí, pero ella ya lo sabía, quizá lo tuviera antes de venir aquí. Sus padres murieron de la misma enfermedad. Hoy en día el cáncer es una enfermedad crónica, pero debían ser tan sumamente pobres que no podrían costarse el tratamiento. La sanidad es para quienes pueden pagarla. Me dio tanta pena. Yo la vi moribunda, mira que avisé y nadie movió un dedo por ella. No le ofrecieron la posibilidad de llegar al tratamiento que le hubiera salvado la vida, aquí querían vernos morir entre terrible sufrimiento. Nos consideran escoria, animales en celo, bueno hasta los animales salvajes tienen más derechos que nosotros. Lo único que quieren es matarnos, pero hacerlo lentamente para que suframos más, está claro que debemos ser un gran estorbo para ellos y quieren eliminarnos a cualquier precio. Todavía no sé las lágrimas que derramé por aquella chica, entró aquí muy joven, hace casi treinta años. La verdad es que tenía más o menos mi edad. Si mis cálculos no fallan, tendría 43 años. Había aguantado su organismo unos veinte años con la enfermedad porque cuando yo llegué, ya se la habían diagnosticado. Es increíble como un cuerpo pueda sobrevivir a una enfermedad tan invasiva como es el cáncer durante veinte años sin tratamiento de ningún tipo. Estoy seguro que si hubiera podido acceder a él, se hubiera salvado y seguiría a mi lado. Si no me he vuelto loca a estas alturas ha sido en parte por ella. Me hablaba de cómo era el mundo antes de entrar aquí, de que aún esperaba que la encontrara su familia, que la sacarían de aquí y volvería a su vida anterior. Pero yo sabía que eso no era posible, que nunca nos encontrarían. Esto estaba más perdido que las urbanizaciones de La Luna. Jamás íbamos a salir de aquí, no volveríamos a ver la luz del sol.

Visiones desde abajoWhere stories live. Discover now