Capítulo 14

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Daniel me miró con una sonrisa de satisfacción en su cara, le había dejado claro que el que calla otorga y el que duda... es porque tiene miedo de sincerarse.

—Me alegra saber que aún tengo posibilidades —dijo esbozando una sonrisa torcida.

—No he dicho nada.

—Precisamente por eso, si no sintieras nada no te hubiera costado darme una negativa — contestó con esa sonrisa que no había desaparecido de su rostro, es más, había aumentado.

Su sonrisa me ponía nerviosa, sabía perfectamente que me había acabado de meter en la boca del lobo y todo por no tener claro lo que quería. Estaba confundida, mi mente sabía que por este camino no me iba a ir nada bien pero mi corazón no paraba de decirme: "¿Y si...?" y esas palabras me habían bloqueado, negándome la oportunidad de volver a mi casa.

—Mira... no volveré a cerrar con llave y Cristofer no volverá más a casa si no quieres. Quiero que estés a gusto y demostrarte lo feliz que podrías llegar a ser si te quedas conmigo.

—Cristofer me cae bien pero no quiero que nadie me vigile.

—Está bien —contestó sonriente—. Ahora tengo que ausentarme, él no tardará en llegar para cuidar de Ana. Los negocios me llaman, nena —añadió guiñándome el ojo.

—Ten cuidado.

—Siempre —Se despidió lanzándome un beso y cerró la puerta, sin llave.

Ana no tardó en aparecer frotándose los ojos, buscó a Daniel con la mirada pero solo me encontró a mí.

—¿Y Dani?

—Ha tenido que marcharse pero me quedo contigo jugando si quieres.

—Claro, aunque si se ha ido a trabajar seguro que en nada viene Cristo —dijo aplaudiendo—. Me encanta jugar a la Play con él, tengo una carrera de coches pendiente.

Sonreí, nunca me había imaginado que Daniel tuviera una hermana así. Ana era guapa, con el cabello castaño además de rizado, y los ojos marrones. Tenía un rostro aniñado, normal a su edad, y la tez blanquecina, más que la mía. Era alta y delgada, sin curvas, parecía que aún no le había bajado el período. Además, aunque también usaba pantalones y camisetas, le gustaba llevar vestidos y eso le hacía parecerse, todavía más, a una muñeca de porcelana.

Me llamó la atención que, aunque le encontraba rasgos parecidos a Daniel, como la sonrisa y la forma de la nariz, eran muy distintos. Lástima que no conocía a sus padres para poder compararla y ver de quién había sacado gran parte de los genes.

Mientras ayudaba a Ana a preparar la Play apareció Cristofer con una caja llena de bombones. Ella fue corriendo a abrazarle, se notaba que le tenía un gran aprecio, yo le saludé desde la distancia.

Dejando los bombones a un lado de la mesita del salón, Cristofer se acomodó en el sofá. Me miró con curiosidad de arriba hacia abajo, parecía que estaba analizándome.

—Te noto cambiada.

—Es por el pelo ¿A que sí? Parece Katniss —contestó Ana. Su inocencia le hacía no darse cuenta del sentido de la frase de Cristofer.

—¿Te has dejado llevar? —preguntó de forma sutil, sabía que no se refería al cambio de look.

—Aún echo de menos mi anterior color, no termino de sentirme cómoda con este, tengo dudas.

Cristofer levantó una ceja con sorpresa.

—Bueno, eso ya es un avance. Hace días hubieras odiado ese estilo —Sonrió.

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