Capítulo 17.

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Al entrar a la gran habitación (que se veía acogedora). Un hombre, de cabello blanco y gafas que tapaban casi la mitad de su cara, estaba sentado frente a mi, con una pequeña sonrisa. Sara me dio un apretón en el hombro, suavemente para entrar.

-Hola, _____, me da gusto volver a verte -saludó, alegremente. Fingiendo. Claramente muchos de los psicólogos debían fingir estar felices para darle confianza a sus pacientes.

Pero algo fue raro, aunque creía que su alegría era falsa, algo me decía que no era así.

Sonreí, sentándome.

-Supongo -contesté, incapaz de decir algo más. Él rió, haciéndole una seña a Sara para que se sentara a mi lado.

Él suspiro, mirándonos fijamente por unos minutos.

-¿Quieres que comencemos? -me encogí de hombros.

-Sí, claro.

-Bueno, pues, cuéntame, ¿qué ha sucedido?

-Yo... Bueno... Estoy -mi voz se fue apagando con cada palabra, aún no se me hacia fácil decirle a las personas que estaba en una consulta con un sexólogo por mi problema de aún-virgen-a-los-veinticinco.

-¿Le digo yo? -preguntó Sara al ver mi cara de incomodidad. Solo asentí y ella sonrió, comenzando a hablar. -Vera, ¿recuerda usted cuando nos dijo que seria difícil para _____ ejercer una relación sexual? -el doctor asintió, y yo solo miré a Sara confundida.

-Sí, lo recuerdo... ¿sucedió?

-Pues sí, estamos, bueno, ella esta yendo a una consulta con el sexólogo, Niall Horan -el psicólogo asintió, como si conociera a Niall, Sara continuó pero no podía escucharla.

¿Cómo era que Sara sabía que tendría complicaciones a esta edad? La fija mirada de Ben en mi, provocó que toda ni atención se centrara en él. Suspiré,sabiendo que ahora vendría la verdad.

Aquella verdad que había convertido mi anterior vida en una mierda.

-Así que, lo que ha sucedido en este corto periodo de tiempo, te ha recordado a Frank.

-Bueno, algo así, solo recuerdo su nombre... Nada más -él asintió, dejando a un lado aquel cuadernillo que siempre usaban los psicólogos.

-Cuando tu tenias diez años, _____. Algo sucedió en la familia. Con tu madre, contigo. Con tu padre e incluso con tu hermano -dice, cruzando las piernas, recostándose en el sillón, sin dejar de mirarme.

-¿Hermano? Perdón, pero, yo no tengo un hermano.

-Sí, lo tienes, y su nombre, es Frank.

Esperen. Esperen. Alto allí. ¿Yo tenía, es más, tengo un hermano llamado Frank? Mi respiración se volvió espesa, no podía respirar bien. Miré a Sara, quien mantenía su cabeza a gachas.

-¿Qué fue lo que sucedió? -pregunté, con la voz pendiendo de un hilo. Sara gimió, mirando a Ben, esperando impaciente a que la verdad saliera de sus labios.

-Tu hermano, Frank -se corrigió- sufría un pequeño trastorno mental. Lo que lo hacia ponerse agresivo con quien sea. Estuvo intentado en un hospital mental, en Canadá un par de años. Los médicos le dieron de alta creyendo que estaba curado, pero no era así. Al llegar aquí, Frank, fue diagnosticado con bipolaridad severa, lo que hizo aún más peor su condición -hizo una pausa, esperando a que procesara bien la información, hice un sonido con mi garganta pidiéndole continuar.- La clínica era costosa, y ustedes no tenían los recursos para volverle a internar, por lo que tu padre tuvo que salir a trabajar al extranjero. Allí las cosas se pusieron peores. Tu madre no tenia la fuerza como para detener a Frank en sus crisis, por lo que él la golpeaba sin parar hasta que se cansaba. Hasta que un día, eso no fue suficiente. Tu hermano... Frank, paró de golpearla repentinamente, subiendo hasta tu habitación, abusando de ti -dijo directamente, sin titubeos, ni detalles. Sollocé, recordando la vez que soñé aquello.- Luego Dr eso, él jamás paró, hasta que un día tu padre llegó a casa, encontrándose a tu madre tirada en el suelo, inconsciente y escuchó tus gritos desde arriba. Lo que lo asustó, Frank, aún no se calmaba lo suficiente, así que cuando tu padre quiso detenerlo, también lo atacó.

-¿Dónde esta Frank ahora? -pregunté asustada, incapaz de detener mis sollozos, estaba realmente alterada.

-Tu, te escabullirse hasta la cocina, donde tomaste un cuchillo. Al llegar a la habitación -suspiró, poniéndome nerviosa- se lo enterraste en la espalda como medio de defensa a tu padre. Él cayó al suelo, desangrándose, muriendo minutos después.

-¿Qué? -pregunté, mi voz resonó en toda la habitación.

Esto no podía ser cierto. El nudo en lo garganta no me dejaba respirar bien. Le agarré de un extremo del sillón cuando sentí que todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas. Un gritó salió de mi boca al segundo en que sentía que todo se volvía negro para mi.

...
Directioner13963.

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