Capítulo 4

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No había dormido en toda la noche, así que pensó que lo mejor sería ducharse e ir hacia la sala de control.

Se desnudó y entró dentro de la ducha. El agua le caía lentamente encima. Las gotas ya le habían mojado toda la melena y ahora se abrían paso para deslizar-se cuerpo abajo, relajándola. Se enjabonó con tranquilidad, manteniendo la mente en blanco, y se enjuagó como si su cuerpo estuviera muy sucio.

Al salir de la ducha se enrolló una toalla alrededor del cuerpo y, cuando se iba a vestir con la ropa del día antes, encima de la cama encontró una nota con un conjunto de ropa.

Esperamos que te sirva. Hoy llega tu ropa.

Att. Izzy y Clary.

No pudo evitar sonreír ante este pequeño detalle tan bonito.

Se puso la ropa que le habían dejado allí y se miró de arriba abajo en el espejo de la habitación: los pantalones eran bastante más estrechos de los que traía ella y la camiseta de tirantes era roja, no negra. Sonrió a su reflejo y salió con los cabellos mojados hasta la sala de control.

-Así que tú debes de ser la señorita Moon –dijo una mujer que estaba con los cuatro shadowhunters que había conocido anoche-. Un placer. Soy Maryse Lightwood.

-El placer es mío –contestó Sky evitando las miradas de cualquier de los otros cuatro.

-Supongo que ya debes de haber conocido al director del instituto e hijo mío, Alec.

Sky asintió y miró rápidamente a Alec. Él traía su máscara con una cara sin expresión. Justamente este acto delataba su incomodidad.

-Él será quien te enseñará todo lo que tienes que saber.

-¿Cómo? –preguntó Alec, incrédulo.

-Lo que has oído. Es muy buena guerrera y quiero que te ocupes tú. Mientras tanto Izzy será jefa de las misiones.

Y después de haber dado órdenes a todo el mundo, la señora Lightwood se fue escaleras arriba.

-Ya lo habéis escuchado –dijo Izzy con una sonrisa en los labios-. A trabajar.

Alec empezó a andar hacia quien sabe dónde y Sky no tuvo más remedio que correr detrás suyo para saber a dónde iba.

Él anduvo a grandes pasos hasta una sala llena de armas.

-La sala de entrenamiento –dijo, sin mirarla-. Supongo que ya debes de saber dónde estan las habitaciones y la sala de control también. No hay nada más.

Sky se colocó ante el moreno y clavó la vista en sus ojos profundamente verdes. Cualquiera podría perderse en ellos.

-Me preguntaba... ¿La azotea? Me puedes enseñar cómo...

El mayor de los Lightwood rodó los ojos y anduvo hasta el ascensor. Una vez dentro, subieron hasta el piso más elevado y salieron a una gran azotea llena de gárgolas y rosales mal cuidados. Era aquello lo que Sky esperaba ver.

-Muchas gracias, supongo.

-¿Se puede saber por qué querías saber dónde estaba la azotea?

-Algún lugar para escapar de la realidad, ¿no?

Él negó con la cabeza y anduvo hasta la puerta del ascensor para dejar a la chica allá, sola.

La de cabellos oscuros suspiró y empezó a andar hasta bajo por las escaleras que había junto al ascensor. Costaría llevarse bien con Alec, pero ella encontraría la manera de hacerlo.

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El submundo contigo (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!