Capítulo 13

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Antes que nada quiero agradeceros como está yendo Sombras Partidas, estoy muy ilusionada y me despierto cada día con la mejor de mis sonrisas gracias a vosotros <3 ¡YA HEMOS SUPERADO LAS 1000 VISITAS EN MENOS DE UN MES! Es una completa locura y además ¡¡ha entrado en el ranking!!! ¡¡¡Ya tiene el puesto 779!!! Soy suuuuper feliz, de verdad. 

Y ahora, después de este momento de alegría máxima...aquí os dejo el capítulo que tanto esperabais <3

¡¡¡Muchos besos!!!

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Hicimos el camino de regreso en silencio, acompañados por el sonido de la música del coche. Ana dormía, lo cual facilitaba las cosas para estar tranquilos, la canción de Me rehúso sonaba creando una atmósfera muy íntima. Me sorprendió el ver a Daniel cantando, no me pegaban sus gustos con ese estilo de música.

Le miré, aún tenía muchas dudas sobre si seguía metido en líos, aunque pensándolo bien si había tenido el valor suficiente de planificar mi secuestro podía esperarme lo peor. Nunca se lo había reconocido pero hace años me ponía muy nerviosa, me imponía, quería cosas de mí que yo no estaba preparada para hacer o para soportar. El problema era mi inmadurez y mi falta de cariño, no había pensado en las consecuencias, había necesitado muchos años para aprender que no puedes hacer algo que no quieres solo porque te llenen el oído de palabras bonitas, todos nos merecemos algo mejor que eso y lo primero de todo es querernos a nosotros mismos.

—¿En qué piensas? Parece que estás en la luna.

Su pregunta me sacó de mis pensamientos, Daniel me miraba de reojo mientras conducía con el rostro serio.

—¿Puedo hacerte unas preguntas? —pregunté con cautela.

—Las que desee su señoría.

Miré hacia donde estaba Ana, comprobando que siguiera dormida. Empezaba a apreciarla y no quería ser yo quien le hiciera descubrir a qué se dedicaba su adorado hermano mayor.

—Sigues siendo narco, ¿verdad? —susurré.

Daniel también miró hacia Ana, comprobando lo mismo que yo.

—Sí.

—¿Es peligroso?

—Sí.

Inspiré, me daba pavor que alguien de ese calibre entrara en la casa y nos expusiera a Ana y a mí, poniéndonos en peligro.

—¿Dónde...? —tragué saliva—. ¿Dónde haces los negocios?

—Depende —contestó mientras giraba el volante.

—¿Depende? No será en casa, ¿verdad?

—Solo si son de extrema confianza.

—¿Perdona? ¿Voy a encontrarme con clientes o traficantes en tu casa? —pregunté elevando el tono.

Daniel volvió a mirar hacia Ana, la cual seguía dormida como un tronco. Respiró aliviado y me fulminó con la mirada.

—Baja el volumen ¿quieres? Obviamente ahora estando tú no voy a invitar a nadie a entrar, solo vienen cuando Ana está en el colegio. Ya te dije que ella está al margen de todo esto.

—¿Y los que no son de confianza? ¿Dónde los ves?

—Tenemos sitios concretos donde quedar, edificios donde guardamos lo que vendemos y así evitamos quedar expuestos.

—¿Dónde te has metido, Daniel? —Le miré preocupada. Por mucho odio que le tuviera por lo que me hizo, no dejaba de pensar en que eso era peligroso, podía salir herido.

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