Prólogo

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Al otro lado del muro de escudos antidisturbio que portaban los oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana, un río contenido de manifestantes alzaba carteles con mensajes como «Expresión sin represión» y «Censura es dictadura». Entre ellos, algunos usaban la bandera nacional como una capa, otros tenían los rostros pintados del tricolor venezolano (que se había vuelto sinónimo de la disidencia), mientras que el resto iba amordazado como símbolo de protesta. Una cacofonía de cucharones golpeando ollas vacías, proveniente de los edificios residenciales en la distancia, inundaba de quejidos metálicos una noche que, apesar de todo, era hermosa.

A las estrellas, arriba en el cielo despejado, no parecía importarles mucho el caos que hacía sentir a Evelia tan aislada allí abajo; aunque, si era honesta consigo misma, lo mismo podría decirse de la mayoría de sus compañeros en la Misión Hélice, incluyendo a su novio, Adán. Ninguno de sus amigos parecía enterarse de lo que ocurría afuera del nuevo Palacio de Eventos y, si lo hacían, su capacidad de negación era digna de aplausos.

—Jamás entenderé por qué la gente sigue creyendo en la astrología —Adán miró el firmamento usando su botella de cerveza vacía como si fuera un telescopio.

—La gente es estúpida —dijo Evelia.

—¡Brindemos por la estupidez!

Faltaban exactamente cuatro minutos para la medianoche. Evelia lo sabía porque había estado mirando su reloj de pulsera una y otra vez durante la última hora. Incómoda por la muchedumbre, quería marcharse cuanto antes. No entendía cómo se habían enterado de todo esto. Se suponía que era información confidencial. 

—La estupidez no conoce límites —dijo ella, intentando ignorar las consignas que gritaban los manifestantes—. ¿Puedes creer que México y España todavía obligan estudiar astronomía para navegar?

Adán frunció el ceño, confundido.

—¿Y qué tiene que ver el culo con la pestaña?

—La astrología y la astronomía son igual de inútiles.

—¡Claro que no! La astronomía es parte del juego de números. Tener las estrellas a tu favor si todo lo demás falla —Adán se llevó la botella a la boca sin recordar que ya estaba vacía—. Además, como decía mi abuelo, «seguro mató confianza».

—¿Y eso qué sinifica?

Su novio miró a lo lejos, razonando, y después de una larga pausa dijo:

—Es mejor estar en control que tener esperanza en algo o alguien.

—Ah, la ilusión de control.

Evelia le lanzó una mirada de soslayo a la muchedumbre. Aunque ella y Adán se encontraban en un cuarto piso, y los manifestantes estaban lejos, al otro lado del amplio estacionamiento enrejado que resguardaba la Guardia Nacional, un mal presentimiento le anudaba el estómago.

—¡Brindemos por eso también! —Adán intentó tomar de su botella y, una vez más, la miró desconcertado al encontrarla vacía—. Se me acabó la gasolina. ¿Quieres algo?

—No.

—No has tomado nada.

—No has tomado nada

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Las grietas en el laberintoWhere stories live. Discover now