Extra especial

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¡Hola a todos/as! 

Os agradezco mucho la acogida que está teniendo Sombras Partidas, me hace muy feliz ver vuestros votos y responder vuestros comentarios.

Por este motivo, he decidido hacer este extra. Está narrado por nuestro amado y enigmático Daniel, seguro que la escena os suena y sino... ¡Examen sorpresa! ¿En qué capítulo sale esta escena narrada por Alma? <3

Y... hasta ahora, ¿quién es vuestro personaje favorito?

Siii, siiii... no me peguéis x.x aquí os dejo este capítulo especial :) ¡Disfrutarlo! 

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Daniel.

Me levanté del suelo como pude, desde luego me había llevado un buen golpe. Al recobrar la compostura empecé a darle vueltas sobre si esa chica con la que había chocado era Alma, ¿Sería ella? Desde luego, si no lo era, eran idénticas.

La última vez que habíamos hablado me había dicho que vivía por Oviedo pero no imaginaba encontrármela aquí, me había dejado en shock. Quise agarrarla del brazo y retenerla hacia mí, pero no me dio tiempo, desde luego había sido muy rápida. Pero ¿Por qué huyó de esa manera? La verdad es que hacía muchísimo tiempo que no nos veíamos pero era tal cual la recordaba; delgada, de altura estándar y con cara de niña angelical.

Un fuerte deseo recorrió mi cuerpo, ya se me había olvidado lo que sentía al verla, era un sentimiento intenso que me hacía perder el control, ese que tanto me caracterizaba. Estuve tan cerca de besarla... ¿Cómo besaría? Era algo que siempre me había preguntado, lo único que tenía claro era que seguía siendo tan guapa como siempre.

Solo me había enamorado una vez en mi vida, pero esta vez era algo distinto, era una mezcla entre amor y obsesión. Hacía tiempo me había dado cuenta de que lo que significaba el haberla perdido, significaba haber perdido mi propia felicidad. Desde entonces pasaba los días pensando qué hacer, cómo actuar, qué decirle...  tenía que recuperarla, volver a ser mía.

Me estremecí, seguía necesitándola como la primera vez que la conocí. Desde luego no podía negar que al principio había sido un verdadero cabrón con ella, justo cuando ella estaba enamorada, voy yo y cago por completo jodiéndole la vida, desde luego no pude estropearlo más, había sido un completo idiota.

Ahora lo único que sabía hacer era mirar hacia atrás y ver cuerpos de mujeres sin rostro. Una tras otra iban pasando por mi mente como sombras difusas, la única a la que recordaba nítidamente era Alma, me había calado bien hondo. Joder, me lo tenía bien merecido.

La verdad es que, pensándolo fríamente, ni sabía qué hacía aquí en Oviedo, me había dejado llevar por un impulso al enterarme de con quién estaba, no podía permitirlo. Ese imbécil... tenía que haber aparecido antes pero no me atrevía, sabía de sobra que Alma me iba a odiar, o al menos no se alegraría de mi presencia. De todas formas, eso nunca había sido un impedimento para mí, y seguiría sin serlo, tenía como reto personal volver a recuperarla, pasara lo que pasara.

Cogí el móvil que había comprado recientemente, gracias a un buen negocio que me había surgido, y empecé a rebuscar entre mis contactos, algo bueno tenía que tener mi trabajo en los negocios.

Me estaba acomodando en la silla del bar de dónde Alma había salido mientras los miraba, cuando de repente se iluminó la pantalla avisando de que me estaba llamando la pelirroja. Opté por no contestar, no le pasaría nada por estar unas semanas sin mí, desde luego solo la usaba para satisfacerme, por lo demás podía quedarse en su casa. Además, si quería recuperar a Alma tenía que alejarme del resto de mujeres, había decidido cambiar. Cuando ya estaba al borde del estrés paró de sonar y pude seguir revisando el móvil con tranquilidad.

Necesitaba todos los datos posibles de Alma, y sabía quién podía dármelos. Era la suerte de tener esa mala fama, se podía conocer a bastante gente. Apunté en una servilleta la dirección de la oficina en la que se encontraba mi socio después de colgar y fui a verle. Por el camino me miraban multitud de chicas con una mezcla entre deseo y miedo, desde luego eso era lo que me definía y estaba muy orgulloso de ello, tenía que despertar ese temor para que no se confiaran demasiado. Alma era la única que había conseguido traspasar esa barrera, aunque ella no lo sabía.

Media hora más tarde logré llegar hasta la oficina de la policía, quién me iba a decir que tendría que pisar una. Ahí se encontraba mi socio y gran amigo, un hombre de metro setenta con pelo oscuro y ojos marrones. En su mano se encontraba el documento de Alma con todos sus datos personales, era un gran profesional.

Apoyé la mano izquierda en la mesa mientras leía con detenimiento la información. Por el momento pasé de memorizar la dirección de la casa, no era buena idea presentarse allí sin avisar, sería allanamiento de morada y seguramente me echaría a patadas, con razón.

Apunté el nombre de la universidad a la que iba y repasé su historial, impoluto como me imaginaba. Necesitaba verla ya mismo, otra vez me estaba impacientando y eso no era bueno, me hacía cometer locuras irresponsables. 

Quién sabe, igual lograba que cayera en mis redes como la primera vez, aunque tenía la desgracia de que era una romántica empedernida y tenía unos principios demasiado inmaculados, no me lo iba a poner fácil. Pero, desde luego, no era ningún impedimento para mí, nada ni nadie se resistía a mis encantos.

—Daniel. Sabes que lo que estoy haciendo no es legal —me advirtió.

—Lo sé, por eso te aprecio, eres buen amigo.

—Espero que no hagas nada de lo que puedas arrepentirte después, te conozco.

—Corta el rollo ¿quieres? No eres mi padre.

—Daniel, hablo en serio —dijo frunciendo el ceño—. No la cagues.

—Descuida —Me despedí saliendo del lugar, no me sentía cómodo entre policías.

Al regresar a la calle de nuevo mi móvil comenzó a sonar, era otra vez la insistente chica «Joder qué pesada llegas a ser». Ignoré de nuevo su llamada y me dirigí hasta donde ponía la dirección del papel, me moría de ganas por verla de nuevo. Seguro que si conseguía frenarla podría hablar con ella y hacerla entrar en razón.

Decidí apoyarme en una de las farolas que rodeaban al edificio, desde ahí tenía buena vista hacia el interior de la facultad. Empecé a preocuparme al ver que muchos estudiantes salían, pero ninguno de ellos era Alma. «¿Dónde te has metido pequeña?» mi respiración empezaba a agitarse y un impulso comenzaba a apoderarse de mi cuerpo, tenía muchas ganas de entrar para buscarla por todos lados. No podía ser posible que hubiera desaparecido, tenía que estar oculta en algún rincón, Alma siempre había sido demasiado lista.

Al mirar a mi izquierda vi que estaba Sergio, su estúpido novio, no había cambiado nada. Era irónico que los dos estuviéramos esperando a la misma chica, aunque por motivos diferentes. Sabía perfectamente el tipo de persona que era y no se merecía a Alma, a mi Alma.

Un rato más tarde, cuando la facultad se había quedado vacía y Sergio ya se había marchado con cara de decepción, decidí irme yo también. No conseguía nada quedarme como un tonto esperando a alguien que había huido como una cobarde, tenía muchas más cosas que preparar, entre ellos un as que tenía guardado debajo de la manga.

Esto no se ha acabado aquí, Alma, volveremos a vernos de nuevo.

Sombras Partidas (✔)¡Lee esta historia GRATIS!