Capítulo 10

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Los días pasaban y seguía atrapada sin poder salir de esta casa, por más que trataba de encontrar alguna manera, me resultaba imposible. Además, si no era Daniel, eran Cristofer o Ana los que aparecían y trataban de conversar conmigo o estar a mi lado, nunca estaba sola. Me sentía como dentro de un museo, con personas vigilando mis espaldas para ver qué hacía.

Además, Daniel no me dejaba salir fuera, cerraba la puerta con llave cuando salía y dejaba a Cristofer de niñero. Sabía a lo que salía, sobre todo cuando volvía contento con un gran número de billetes grandes. Desaprobaba que siguiera dedicándose a eso, seguro que el trabajo era peligroso y podía perjudicar a Ana. Además ¿Cómo no podía darse cuenta la niña de que su hermano volvía con tanto dinero? ¿No se lo preguntaba?

Echada en la cama, mientras pensaba cómo podía salir de aquí, se me ocurrió mirar a ver si Daniel tenía un portátil, seguro que eso podría facilitarme las cosas. Intentando no hacer ruido, salí de la habitación y miré hacia ambos lados, rezando para que nadie me encontrase y me preguntara qué hacía. Ana estaba en su habitación con la puerta cerrada y Cristofer jugando a la PlayStation en el sofá, parecía muy concentrado.

Aproveché y recorrí el pasillo a pies puntillas, abriendo la puerta de la habitación de Daniel. Supuse que se había marchado de negocios y tardaría en volver, así que tenía un rato libre para poder investigar.

Al entrar pude apreciar que la habitación era sencilla, no estaba desordenada y tenía lo justo y necesario. En la mesa del escritorio no encontré nada de interés, así que se me ocurrió mirar dentro del armario, pero tampoco.

Miré en los estantes sin éxito y me quedé quieta observando toda la habitación, no era grande y tampoco me quedaban muchos rincones por mirar. Me agaché para ver debajo de la cama sin suerte, tenía canapé. Entonces recordé que eso guardaba cosas en su interior. Tiré de las anillas y empujé la cama hacia arriba, obteniendo por fin el deseado trofeo, escondido entre ropa y papeles.

Me senté en la alfombra para no arrugar la cama y que Daniel no descubriera que había estado merodeando por su habitación. Al poco de encender el ordenador se mostró el escritorio, y vi que Daniel había puesto una fotografía mía como fondo de pantalla, empezaba a ser preocupante su obsesión por mí.

Repasé las carpetas de arriba a abajo pero a simple vista no veía nada relevante, así que me metí en la carpeta de documentos. Me fijé en una carpeta llamada DANIEL, pero por desgracia estaba cifrada. «Mierda» pensé «como para ponerme ahora a adivinar su contraseña».

Crují los nudillos, pensando qué podía hacer ahora ¿seguía intentando descubrir carpetas que contuvieran algo interesante? o ¿intentaba adivinar la contraseña?

Desesperada por el preciado tiempo que estaba perdiendo, miré la pantalla del ordenador de arriba a abajo, hasta que caí en la cuenta de que no me había fijado si había wifi en casa, tanto tiempo sin móvil ya empezaba a hacer estragos en mi mente. Por desgracia, el icono de internet me indicaba que no había ninguna conexión.

Me quedé bloqueada, no sabía muy bien por donde seguir. Tras unos minutos de reflexión decidí intentar abrir la carpeta que tenía su nombre, lo intenté tres veces pero las tres resultaron fallidas.

Cuando estaba intentándolo por cuarta vez, probando con su nombre, me sobresaltó escuchar unos pasos que se estaban acercando. Respiré tranquila al ver la cabeza de Brutus mirándome con curiosidad.

—Shh... Brutus no hagas ruido.

Él siguió mirándome con curiosidad, moviendo la cola en respuesta. «¡Oh! ¿y si la contraseña es "Brutus"?» pensé. Escribí la contraseña con gran rapidez, pero me dio error nuevamente. Desesperada di un golpe al suelo, esto era como buscar una aguja en un pajar.

Decidí desistir por el momento, estaba perdiendo mi valioso tiempo en una carpeta que no quería abrirse. Seguí investigando por los distintos archivos del pc, encontrando fotografías de Ana de pequeña con un Daniel con semblante serio ¿y sus padres?

Fruncí el ceño al ver que en todas las fotografías salía ella o Daniel con ella, pero ni rastro de sus padres. Me parecía extraño que Ana no estuviera con ellos, quizá les había pasado algo.

En otra carpeta encontré varias fotos de él con una chica de pelo negro bastante joven, salían abrazados, seguramente sería su novia, o una ex. Me detuve para contemplarlo, en esas fotos Daniel parecía más joven, quizás tenía unos dieciséis o diecisiete años, recordaba ese rostro y esa época, fue pocos años antes de conocerle.

—¿Entretenida?

Cerré el portátil de golpe a causa del susto, ese tono de voz me sobresaltó, no sonaba a Cristofer, sino más bien a un Daniel con los brazos cruzados y ligeramente más que enfadado. «Mierda, piensa algo» pensé.

—Ehh... es que la facultad me había dado trabajos para hacer y cómo tenía que acabarlos quería mirar si tenías un ordenador con internet —me mordí el labio—. En mi habitación no hay ninguno.

—¿Y mis fotografías dan wifi?

—No...es que...me llamaron la atención. Perdona.

Bajé la mirada avergonzada, si podía haber conseguido algo para escapar, acababa de perder todas las oportunidades de golpe, seguro que Daniel cerraba mi puerta con llave y me quedaba como Rapunzel, tendría que empezar a dejar crecer mi cabello.

—Mira... como comprenderás no puedo dejar el wifi estando tú, podrías escaparte y no quiero. No la he liado tanto para echarlo todo a perder.

—Daniel no soy un muñeco para que te entretengas, tengo una vida en Asturias. Sabes que lo que haces está mal ¿qué va a pensar Ana de ti?

Daniel me miró con odio, parece que le había tocado lo que más le dolía, su hermana.

—Mi hermana no tiene por qué enterarse.

—¿Y cuando salga en las noticias? ¿Cuándo en su colegio comenten y averigüe que soy yo? —pregunté levantando el tono.

—Eso se soluciona en seguida.

—¿Qué vas a hacer? —pregunté con miedo.

Daniel cogió el móvil y me hizo un gesto para que me callara.

—¿Jordi? Sí, soy yo. Necesito que me hagas un favor, ven hoy a mi casa con tus cosas de peluquería, que incluya algún tinte que no sea rubio. Ah, y trae lentillas.

—¿¿Perdona?? No serás capaz de traerme a un señor para que me cambie.

—Sí, soy capaz —contestó con mirada desafiante.

—Ana se va a dar cuenta igual, me ha conocido así ¿o piensas que se le va a borrar de la memoria?

—Ana no va a saber que te he secuestrado, nunca. Esto es para que puedas salir a la calle sin que te descubran.

Le miré con sorpresa ¿había dicho calle? ¡Era mi oportunidad de escapar! Pero se me cerró la boca de golpe e hice un chasquido al ver mis planes desquebrajarse al instante.

—Acompañada por mí, por supuesto.

Nunca podría librarme de él.

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¡Yeiiip! Festejemos que hay doble actualización de Sombras Partidas <3

Espero que os esté gustando la historia y que sepáis que agradezco todos vuestros votos y comentarios, sois un amor :)

Con todo mi cariño;

Karlee D.

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