Capítulo #23: Deséame éxito, no suerte

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Había una tradición de la que recién se enteraba en la noche final de la concentración de verano. Se trataba de una reunión exclusiva de los capitanes para jugar juegos de cartas. En un principio le avisaron que iniciaba a las nueve, pero Bokuto —y luego Kuroo— insistieron que era a las ocho y media. No sospechó; supo que debió hacerlo cuando entró al salón del encuentro y solo estaba ese par sentado en el suelo tratando de construir un castillo de naipes.

—Ah, ya sé a qué viene esto —resopló Daichi, resignado, y cerró la puerta tras él.

—¿Y a qué viene esto? —preguntó Kuroo con ironía.

—Quieren que les explique la enfermedad y esta fue su única manera de apartarme. —Tomó asiento junto a ellos, formando un triángulo.

—Fue tan fácil. —Colocó el techo del segundo nivel de su castillo, pero este se desestabilizó y cayó—. ¡Maldición, es imposible!

—Tú al menos llegas al segundo piso —refunfuñó Bokuto con las cejas casi unidas—. ¡Ah, qué más da! —Soltó las cartas con fuerza—. Sawamura ya está aquí, es hora de prestarle atención.

—Bien, ya que te diste cuenta de nuestras intenciones, solo te recordaré que tienes treinta minutos para contarnos cómo es el hanahaki.

—Akaashi nos explicó un poco, pero preferimos tu versión. Debes saber mejor que nadie cómo es.

Ni siquiera Suga había gastado media hora explicándole su condición en el primer día, ¿para qué tanto tiempo? ¿Qué tanto pretendían sacarle?

—¿Qué tanto entendieron? —Al menos se ahorraría los detalles conocidos.

—Te crecen flores en los pulmones, las toses, tiene que ver con los sentimientos, te puedes curar solo u operar, uhm... —Bokuto contó cada punto con los dedos.

—Y algo de que la operación tiene su parte mala —agregó el otro—. Queremos saber el porqué, más que todo.

—Ah... —Se echó algo para atrás. Tratar temas personales con esos dos iba a ser incómodo—. Sonará aún más loco, pero es provocado por el amor no correspondido.

—¿Estás diciendo que te puedes enfermar por enamorarte de alguien que no te ama?

—Sí. —La repetición de la expresión escéptica de la otra tarde crispó sus nervios—. ¡Ni se te ocurra reír otra vez!

—No, no. —Sacudió las manos frente a él—. Es que no entiendo cómo.

—Imagina que es algo psicológico. —Daichi se encogió de hombros—. Solo estoy seguro de que los sentimientos lo son todo, porque no me crece cualquier flor. Siempre tienen que ver con algo que he sentido recientemente.

—¿Cómo es eso? —Bokuto arqueó una ceja.

—¿Sabes del lenguaje de las flores?

—¡Ah! ¿Tienes que buscar qué significan?

—Exacto. Podría ayudarte a saber si la otra persona se está enamorando de ti.

—¡Oh! —Extendieron el sonido al unísono.

—Supongo que te curas si eres correspondido, ¿no? —Daichi asintió—. Pero es imposible que todos los casos tengan tanta suerte, así que por eso existe la operación.

—No exactamente. ¿No han pensado en lo peligroso que es que crezcan plantas en tus pulmones?

—Por eso te preguntaba cómo respiras. —Kuroo se defendió.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!