Zwei

29 2 0

Una solitaria vela ilumina tenuemente una habitación repleta de planos, el escritorio de madera oscura tiene pergaminos regados, un tintero gotea mientras la pluma está a punto de caer de una mano entreabierta. El Príncipe Conrad duerme con mala postura entre su silla y la mesa con la cabeza sobre una carta sin terminar, agotado por la fiesta del día anterior y la discusión posterior sobre títulos. Su saco descansa en la silla contigua y lleva la camisa con las mangas enrolladas en los codos y desfajada. Suavemente la puerta se abre y una niña de ojos melancólicos y larga melena negra se asoma. Inesperadamente alguien más empuja y las bisagras crujen, la niña no tarda en responderle.

— ¡Shhh! ¡Claude, vas a despertar a papá! —susurra.

—Julieta, tú abriste primero la puerta —responde el niño haciendo una mueca de disgusto.

—Otra vez se ha dormido tarde —menciona la niña.

—Pues sí tonta, le escribe a mamá para que regrese —responde bruscamente Claude.

— ¡No me llames tonta! —le replica la niña y le da un pequeño empujón para apartarlo de la puerta. Claude siempre se ha comportado superior a pesar de que ella es la primogénita del príncipe de Navarra.

Al oír voces en su viejo estudio, Conrad despierta. Con un movimiento de su mano apaga la vela y abre las gruesas cortinas azules, el sol ya ha salido y debería ser la hora del desayuno familiar.

— ¿Despiertos tan temprano? —pregunta con una sonrisa.

—Anoche no te despediste de nosotros, estaba preocupada, papá —dice Julieta.

—Quiero volver a casa —responde Claude—. Al castillo en Navarra.

—Pronto, solo terminaré los asuntos que tengo aquí —contesta Conrad con una sonrisa. La actitud de su hijo le recuerda a su ex esposa y aunque sabe que está mal, el poco tiempo que pasa con él tampoco ayuda.

El príncipe de Navarra se levanta y empieza a ordenar lo que hay en el piso, los niños le ayudan, hasta que una sirvienta llama a la puerta y anuncia que el almuerzo está listo.

—Gracias por ayudarme Julieta, Claude. Ahora vayamos a comer algo que recién empieza el día —les dice antes de abrazarlos a ambos—. Pero primero vayan a cambiarse.

Tras ir a sus habitaciones salieron rumbo al gran comedor donde tres largas mesas adornadas con flores y vajilla de cerámica con el sello de la casa Norwich, cubiertos y vasos de plata sobre un mantel color crema. Claude inquieto como siempre, corrió por los pasillos laterales hasta chocar con su primo Jonathan. Los cabellos ébano en diferentes tonalidades de la familia destacan contra sus ropas mientras entran, las excepciones son las parejas de los príncipes que descienden de otras casa reales.

—Buenos días —saluda la reina desde una de las mesas —Se ven muy enérgicos tan temprano.

—Buenos días madre —se escuchó el coro de los presentes.

Para el plato fuerte sirvieron pechuga de pavo con fruta, rebanadas de pan cuadrado suave con lonjas de jamón, filete de pescado ahumado y otras delicias que dieron paso a diversos postres. Eleanor estaba por tomar unos macarrones cuando el sonido de una silla siendo apartada de golpe y un cubierto de plata apuntando al segundo príncipe llamó la atención de todos menos los pequeños quienes estaban concentrados en comer sus bocadillos. La princesa de Hypatia recordó que entre las anécdotas de la reina estaba esa, donde la mayor de sus hijas siempre reclamaba si sus hermanos le quitaban su porción. Le resultó divertido el hecho de que el resto suspirara ante tal acto infantil y pareciera no tomarle importancia o ignorarlo al estar acostumbrados, la noche anterior no pudo conversar mucho con el resto de la familia pero ya habría tiempo.

Secretos de Familia: El dragón carmesí (Hiatus)¡Lee esta historia GRATIS!