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      ─¡Joanna! ─exclamó una voz en medio de la oscuridad.

      Ella estaba inconsciente.

      —¿Viole? Será mejor que vengas en seguida...

      Unas manos la levantaron del suelo y se cernieron a su alrededor, sujetándola con fuerza.

      ─No te preocupes, ya te tengo. Todo está bien.

      Ella no sabía qué le había pasado. Estaba desorientada y se sentía débil.

      El joven la llevó en brazos y la depositó sobre su cama. Después, se sentó a su lado.

      ─Dante... no te vayas ─murmuró sin despertar, tomándolo fuertemente de la mano. Permaneció veinticinco minutos en la misma posición. Ella no quería soltarlo.

      Entonces Violeta llegó y él se alejó de la joven rápidamente.

      ─¿Qué le pasó, Chris?

      ─No sé. La encontré desmayada en la terraza, y la traje ─explicó el muchacho─ Debe haberle bajado la presión. Sabes que es una descuidada en lo que se refiere a su salud.

      ─Gracias por todo. Ahora, yo me haré cargo. Sabes que se enojará si te encuentra en su habitación —y lo fue empujando hasta la puerta sin que él pusiera resistencia. Realmente se había preocupado. Era un chico muy dulce cuando se lo proponía. Una pena que lo hiciera en los momentos menos oportunos, cuando su amiga no lo notaba.

      Viole cerró la puerta y se acercó a su amiga, quien apenas había recuperado el conocimiento.

      ─¿No podías haber esperado hasta mañana para llevar las plantas? Sabes que no puedes hacer grandes esfuerzos, Jo. No estás bien de salud.

      ─Estoy bien, no fue nada. En serio.

      —¿Que no fue nada? Estabas inconsciente. Por suerte Chris te encontró. Vine en cuanto me avisó.

      ─¿Él me trajo? ─inquirió con descontento. Ella esperaba que lo hubiera hecho su nuevo amigo─ Prometo tratar de no desmayarme otra vez, si eso te hace feliz ─sonrió la joven─ aunque sabes que a veces no puedo controlar mi ansiedad.

      Violeta se sentó en la cama.

      ─A ver... desembucha.

      Joanna la miró, torciendo la cabeza.

      ─¿Qué te pasa? Sé que me estás escondiendo algo... tu cara te delata.

      ─¿Mi cara?

      Su amiga la miró seria. Jo apartó su vista, dirigiéndola hacia la ventana.

      ─¿No confías en mí? No me digas que estuviste discutiendo con él otra vez, porque se las verá conmigo.

      ─No... Chris no tiene nada que ver.

      ─¿Entonces?

      Joanna sabía que de todas las personas, Viole sería la única (además de su abuelo) que le creería. Sin embargo, ella misma no estaba segura de que lo que había visto. ¿Y si había sido una alucinación? ¿Si se estaba volviendo loca? No le importó. Sabía que ella la querría de todas formas.

      Con un hilo de voz, se atrevió a preguntar:

      ─Tú ¿crees en la existencia de los ángeles? Sólo por curiosidad.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!