Capítulo 5

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Contemplé a Álex tocando la guitarra. Había formado meses atrás junto con Sergio, Ángel, Miguel y Carlos un grupo llamado Astures, y la verdad es que no lo hacían nada mal. Sergio era el cantante, un punto a mi favor para quedarme en las nubes oyéndole e intentando memorizar la letra en mi interior. Ángel tocaba el bajo, Carlos la batería y Miguel el teclado. Ciertamente había que admitir que se coordinaban bien. Sus esfuerzos iban a ser pronto recompensados. Iban a tocar esta misma noche en el Shanzam, bar que frecuentábamos y que en múltiples ocasiones publicitaban conciertos para la gente, acto que además era una buena forma de atraer la atención de la clientela.

Álex estaba nervioso. Ya estaba preparado y daba vueltas por la habitación. Con Sergio apenas había hablado, también andaba atareado preparándose para la gran noche. La verdad es que lo echaba mucho de menos. Decidí dejar a Álex tranquilo y salir a prepararme yo, inconsciente de que más adelante tenía que prepararme de algo que no me iba a esperar. Ellos tenían que ir al bar antes a ensayar. Les deseé en mi interior mucha suerte.

Al poco rato marchó Álex con una gran sonrisa en la cara y la guitarra metida en su funda y puesta en su espalda. Se le notaba que estaba ilusionado por algo, o incluso por alguien, dado que Álex llevaba unos días demasiado contento. El grupo le estaba manteniendo ocupado y le distraía, pero eso no quitaba su cambio repentino. ¿Estaría enamorado?

Abrí el Whatsapp y vi que tenía un mensaje que decía: "No podrás escaparte de mí por mucho más tiempo, preciosa ;)". No sabía si tomármelo como una amenaza o como un tonteo, pero me dejó con muy mal sabor de boca. Sabía que se trataba de él. Cerré el Whatsapp y me dirigí al Shanzam un rato después, sin ganas de darle muchas vueltas.

Al entrar contemplé el lugar y vi a Rubs, el dueño del local, preparando unas bebidas en la barra. Entre el público se encontraba esa chica pelirroja en muy mal estado, pues le costaba sentarse en un taburete. ¿Qué le habría pasado? En el hotel la recordaba de distinta forma.

Decidí no darle muchas vueltas al asunto y ponerme en una de las primeras filas que ya había formadas, preparándome para animarles como loca. Ellos ya estaban colocados en el escenario, organizándose para tocar su primera canción y se miraban con entusiasmo y complicidad. Al poco de empezar entró una chica de largo pelo negro y ojos impactantes. Llevaba puesta ropa provocativa y tenía muy buen cuerpo.

Se puso también en la primera fila y empezó a bailar con otra chica. Hacía que lo que tocaban -por cómo bailaba ella- más que rock, pareciera reggaeton. Se contoneaba sin parar, moviendo el pelo y mirando a Sergio mientras le guiñaba un ojo y le lanzaba besos. Él la miraba continuamente tratando de disimular sin éxito, dado que a cada poco se le iban los ojos. No sabía ni cómo podía acordarse de la letra.

Me entraron unos celos enormes que iban apoderándose por mi interior quemándome como si fuera una cerilla. Cuando acabó de sonar la sexta canción hicieron un descanso para beber agua y descansar los dedos. Quise acercarme a Sergio, pero se me adelantó esa irritante chica de pelo negro. Resoplé furiosa al ver cómo se acercaba a él con una sonrisa mientras se toqueteaba el pelo. ¿De qué estarían hablando? ¿La conocería de algo? Lo que tenía claro es que estaba muriéndome por dentro. Se reían y ella se pegaba cada vez más a él hasta tal punto que, cuando Sergio estaba cerca de volver a coger el micro, lo cogió por el cuello y le besó. Esperé una respuesta por su parte, un empujón o al menos un "¿qué haces?", pero Sergio se quedó quieto, disfrutando de aquel abordaje como quien saborea un caramelo.

En ese momento, los celos se transformaron en rabia y de repente todo pasó muy deprisa. Vi las reacciones de Ángel, Alex y Carlos, y el público mirando a la pareja aplaudiendo como si se tratara de una película. Sergio no podía o no quería separarse de ella y yo, en tal punto de bochorno, ira, celos y rabia, me lancé hacia ella. En menos de lo que dura un parpadeo estaba empujándola contra una pared dándole puñetazos por todos lados. Ni siquiera sabía lo que hacía, estaba nublada completamente. Simplemente daba por donde podía y por mis labios sonaban chillidos estridentes que podían interpretarse como: "es mi novio".  Noté algo líquido por mis manos, pero no me importaba, quizás con uno de los golpes me había hecho daño con algún cristal. Ella intentaba defenderse tratando de  alejarse del sitio.

De repente, fui levantada por los aires y cogida por la cintura. Percibí que era uno de los mejores amigos de Sergio, Pablo. Yo estaba como poseída, me movía sin parar soltando insultos y suplicando que me soltara. En mi cara empezaron a salir las primeras lágrimas. Chillé a Pablo un "déjame irme, gilipollas" y salí dando un portazo, dejando atrás a un grupo estupefacto y a un Sergio inmóvil como una estatua.

Deambulé por las calles hasta llegar a mi casa con mucha dificultad, pues me costaba respirar. Le di una patada a una papelera que se interpuso en mi camino. Mi cabeza daba vueltas y veía borroso, solo quería tirarme en mi cama y romper a llorar. Cuando logré llegar a mi destino, caí desplomada en mi cama partiéndose mi corazón en dos. No sabía qué pensar ni qué hacer, en esos momentos solo pensaba en desaparecer.

Odiaba a Sergio, tenía claro que se había dejado y no había hecho nada para quitársela de encima. Estaba desgarrada por dentro. Las lágrimas salían a borbotones por mis ojos y los peluches volaban por mi habitación cayendo violentamente al suelo. Chillé mucho, desgarrando mis pulmones y mi garganta; parecían alaridos de alguien que estaba muriéndose lentamente, agonizando de dolor. Pero, ¿acaso no era eso lo que me estaba ocurriendo? Mi Whatsapp no paraba de sonar con repetidos "Alma, ¿estás bien?"

Pasé de contestar, los dedos ni se movían. Un par de horas más tarde seguía llorando cuando me llegó el mensaje de un desconocido que decía "Sergio está conmigo, lo disfrutaré en tu honor". Ahí terminó la faena ya para derrumbarme completamente. En ese momento en el que estaba a punto de desintegrarme emocionalmente, oí el sonido de la puerta principal abriéndose y percibí la silueta de Álex corriendo hacia mí para abrazarme.

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