Dialogando con Lucy en el festival de Fruhling.

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El estúpido y sensual profe se bajó de la cubeta que usó para darse altura, y la dejó bajo la canaleta para lluvia de donde la cogió. Pero, ni bien dio media vuelta, vio a lo lejos un troglodita barbudo tan alto como una casa y gordo como elefante que vestía una desgarrada piel de leopardo, cargaba una cachiporra al hombro y hacía visera sobre los ojos con la otra mano.

—¡Churrispi! —masculló el profe.

Luego se mezcló entre su grupo de estudiantes, que ya comenzaba a desbalagarse, y caminó entre ellos disimuladamente hasta encontrar a Lucy.

—Sigue caminando —le ordenó en voz baja.

—¿Qué pasa? —soltó ella.

—¿Ves a ese grandulón que acaba de meterse en aquella taberna? —Señaló hacia la calle por la cual llegaron— ¡Es uno de los tipos a los que le robé las tarjetas!

—¿No las ganaste jugando al póker? —Lucy abrió mucho los ojos al decirlo.

—¡Hice trampa! —informó el profe en un susurro furioso.

Entonces, reconoció a otro individuo parado en una esquina. Éste empuñaba una guadaña de la cual colgaba una vieja linterna. Llevaba cabeza y cara tapadas con la capucha de su harapienta capa negra.

—¡Rayos! —el profe negó con la cabeza— ¡Es la muerte! —Estuvo a punto de correr pero quiso expresar su última voluntad a Lucy —¡No me has visto...! ¡Es más, ni me conoces!

Ahora sí salió corriendo.

De nuevo hemos comenzado con otro ejemplo

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De nuevo hemos comenzado con otro ejemplo. Y no hay nada como la práctica. Desgraciadamente, no puedo deshacerme de la teoría. No es como Rayita, que la disecciono y luego echo el cadáver a una trituradora. Se parece más a mi suegra. Me pidió dejarla vivir en mi casa un mes pero ya lleva quince años... y contando.

Escribir buenos diálogos (no como los anteriores) tiene su gracia. Requiere un montón de práctica y conocer sus reglas de planteamiento y puntuación. En esta entrega me esforzaré para explicar cómo hacerlos verosímiles. Esto, de hecho, es casi tan complicado como aprenderse sus normas gramaticales... Gracias a Olam que no se parecen a la Transformada de Laplace o las series de Fourier. Pero, antes de hacer nada, relee por favor el ejemplo. ¿Te cuentan alguna historia? ¿Se ven forzados o como que el personaje te está explicando algo o parece una conversación real? ¿Te sumergieron en la historia que cuentan? La respuesta a estas preguntas te indicará si vas por buen camino.

Empezaré retomando parte de la lección anterior: Tus personajes deberían tener su propia forma de expresarse, como las personas reales. Así no solo será fácil saber a qué personaje pertenece el diálogo aunque el narrador no lo informe, también lo dotará de humanidad. Un niño usará con frases cortas, sencillas y un tanto inocentes. Claro, no todos; hay algunos tremendos como la hija de Su Majestad Nayara. Mira por qué lo digo.

Así que quieres escribir...¡Lee esta historia GRATIS!