Capítulo 4

9.1K 1K 119

Faltaba un día para la gran actuación de Álex con el grupo y, como por fin Sergio había dado señales de vida diciéndome que había estado liado ayudando a su hermano con la mudanza, decidimos ir a tomar algo y pasar juntos el rato.

Mientras esperábamos en la cola para pedir en el Mc Donalds, estuvo poniéndome al día sobre los ensayos previos al concierto. Estaba muy ilusionado, pues uno de sus sueños era ser el mejor cantante de España y ganar mucho dinero con ello.

Le contemplé detenidamente. Llevaba un año con él y seguía igual de enamorada que el primer día que le conocí. Parece que fue ayer cuando había quedado con Álex para ir al cine y se había apuntado un amigo en el último momento. Os imagináis quién, ¿no?

Sí. Estábamos llegando a la entrada del centro comercial cuando apareció un coche con la ventanilla bajada, dejando a la vista a un chico de unos veintitrés años con gafas de sol y una sonrisa perfecta.

Al bajar del coche saludó a Álex y se puso entre ambos, apreciando la diferencia de altura entre él y yo. Apenas habíamos cruzado palabras, pero el simple roce de su mano con la mía me ponía nerviosa. Sentía que me gustaba y quería dárselo a entender, pero apenas le conocía y tenía miedo de hacer el ridículo o que tuviera novia y yo estuviera haciendo una enorme tontería.

Ya en el cine me había puesto aún más nerviosa. Sergio había decidido colocarse entre Álex y yo, apoyando su brazo en el reposabrazos de mi asiento. Decidí poner mis manos sobre mi regazo e intentar ver la película, la cual era de acción y no había empezado a poner atención.

Estuve durante toda la película mirándole de reojo, apreciando sus facciones cuando había una escena de acción y adrenalina. En algún momento, sus ojos verdes coincidían con los míos y me daba tanta vergüenza que me pillara mirándole que en seguida se me encendían las mejillas e intentaba disimular volviendo la vista a la película. Álex me miraba sonriendo, casi conteniendo la risa. Sabía perfectamente cómo me comportaba cuando alguien me atraía y, aunque siempre me decía que los chicos no se daban cuenta, él sí se enteraba y se metía conmigo en casa durante un tiempo.

Al salir del cine, Sergio se acercó más a mí. Podía sentir su camiseta rozando mi chaqueta. Al despedirse me dio unas caricias en el hombro, dejando caer su mano unas milésimas de segundo por mi cintura.

Caminé preocupada y triste, lamentándome haber sido tan tímida y no arriesgarme a hablar más con él; como preguntarle si tenía novia, por ejemplo. Ya en casa tiré mi chaqueta encima de la cama y un papel cayó al suelo. Parecía que estaba en mi bolsillo. «¡Qué raro!», pensé. No recordaba haber metido ningún papel ahí.

Me agaché a recogerlo y al abrirlo vi que había un número de teléfono, se trataba del de Sergio. Me ardieron las mejillas haciéndome sentir una tonta. «Pues claro, podía haberle pedido su número o preguntarle a Álex».

Fui hasta el salón, donde se encontraba mi fiel amigo tirado en el sofá haciendo zapping. Adoraba ver la televisión, para él era uno de los mayores placeres cuando no tenía que trabajar.

Me senté a su lado y le enseñé el papel. Sonriéndome, me preguntó qué iba a hacer. Me mordí el labio. No lo tenía muy claro.

—¿Crees que le gusto?

—¿Tú qué crees? —preguntó Álex levantando una ceja.

—No lo sé... Supongo que si me ha dado su móvil es por algo.

—Tú misma te estás respondiendo —contestó con una sonrisa.

—Hm... —farfullé pensativa.

Horas más tarde, después de dar miles de vueltas por toda la casa y marear a Álex con si hacía bien en hablarle o no, lo hice. Y no me arrepiento de nada.

—¿Alma? ¡Cariño, despierta! Parece que estás en la luna.

Sacudí la cabeza inconscientemente. Al recordar todo lo vivido con Sergio parecía que estaba en un lugar lejano. No me había percatado de que ya había traído lo que pedimos para comer.

Mientras escuchaba lo que me estaba contando acerca de lo difícil que es hacerse conocer en el mundo musical y lo importante que es tener unos buenos músicos que te apoyen y formen un equipo, iba admirando sus facciones. Su rostro se fruncía al hablar sobre un tema serio y sus ojos le brillaban con fuerza al tratar una conversación que se veía que le apasionaba y le hacía muy feliz. Yo ya me podía ver como una gran fan, estando en primera línea del concierto aplaudiendo y animando como loca.

Sergio, sin duda, ha sido mi primer gran amor de verdad, aquel a quien había depositado mi confianza para el mágico momento del primer beso y la primera relación íntima. Me había enseñado muchísimas cosas en este año que llevábamos juntos y había ido sintiendo como cada vez nos sentíamos más unidos. Siempre me acompañaba y me buscaba a cada sitio que iba.

Eché un vistazo al Mc Donalds, estaba bastante lleno. Había familias con niños que aprovechaban para no tener que cocinar y pasar el rato juntos, grupos de amigos que comían antes de ir a otro lugar y parejas como nosotros que aprovechaban a comer de forma barata. De repente, mi vista se fue hacia una esquina del lugar, parándose en un hombre que, últimamente, le había dado por ir a cada lugar que yo frecuentaba. «Genial», pensé. «El acosador ataca de nuevo». Me puse nerviosa, aunque estuviera lejos podía notar como clavaba su mirada en mí y analizaba todo lo que yo hacía. Me preocupé por Sergio. Quería decirle y hablarle de él, pero temía lo que pudiera pensar de mí después. Aún no estaba preparada.

—Será mejor que nos vayamos, tengo trabajos que hacer de la facultad —dije de forma atropellada.

—¿Pasa algo? —preguntó mirándome con el cejo fruncido.

—No, no. Es solo eso, me acordé ahora y tengo que terminarlos para mañana.

—Está bien, ¿hablamos por Whatsapp?

—Sí, sabes que sí —respondí mirando al suelo, mis manos comenzaban a temblar y sentía sudores fríos por mi rostro.

Salimos del Mc Donalds y bajamos las escaleras mecánicas del centro comercial. Sergio aprovechó para tocarme el culo, le gustaba mucho hacerlo. Yo le aparté la mano, avergonzada por las miradas de algunas personas.

En un parque cercano a mi casa nos despedimos. Sergio tenía que seguir ayudando a su hermano con la mudanza y yo tenía que ponerme duramente con las tareas. No era ninguna excusa. Bueno, en parte.

Seguí caminando por la acera, pensando en el sentido que tenía que mi acosador tuviera que estar aquí precisamente. No se le perdía nada, ni siquiera vivía aquí. Al menos que yo supiera. Llevaba años sin hablar con él, no tenía ningún sentido que me siguiera. Además, nunca antes nos habíamos visto en persona.

___________________________________________________

Sí, hoy toca actualización doble, espero que os guste. Este capítulo es especial pues narra cómo conoció a Sergio.

¿Quién será el acosador de Alma? ¿Qué querrá de ella? (Redoble de tambores ...) Falta poco para averiguarlo ;)

Un saludo <3

Karlee D.

Sombras Partidas (✔)¡Lee esta historia GRATIS!