Capítulo 3

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Revisé tanto el Whatsapp como Instagram una y otra vez. Pero nada, aun no tenía respuesta alguna de Sergio. ¿Se habría enfadado conmigo? ¿Me vería? No estaba segura de nada. Sabía que había hecho mal en salir huyendo de esa manera, sin dar explicaciones. Pero no me quedaban más opciones.

Me tiré en mi cama mientras resonaba por mi habitación la canción "Vendré por ti" de Merche. Eso era lo que había hecho Sergio por mí y me había ido. ¿Por qué me sentía tan mal si lo había hecho por una buena causa? En el fondo lo sabía: tenía miedo a su posible reacción. Tenía trabajo que hacer, pero mis ganas iban al compás de mi nerviosismo. Mi mente sólo pensaba en él y mis ojos se desviaban cada dos por tres hacia mi móvil y a mi página del portátil, sin ninguna novedad.

Al rato pasó Álex para preguntarme que qué me pasaba, sacándome de mis penumbras y mis lamentaciones personales por temas que no tenían solución si me quedaba ahí parada. Me miró fijamente y, sin más, me llevó hasta el salón. Me quedé inmóvil mientras le miraba a ver que hacía. Él cogió uno de los CDs que teníamos desperdigados por la salita y lo puso en el reproductor de vídeo. Pablo Alborán empezó a sonar al ritmo de su canción "Caramelo". Desde luego era lo que necesitaba para despejar mi mente.

Decidí que era el momento perfecto para aceptar y resignarme que ya contestaría cuando tuviera ganas de aparecer. Álex me avisó de que me cambiase por algo decente. Quería salir a celebrar una Party Hard, como él las llamaba. Me puse unos shorts con una camiseta escotada de color azul oscuro, me recogí el pelo en una coleta dejando unos mechones rubios sueltos y resalté algo mis ojos marrones. Álex sonrió satisfecho, se notaba que estaba orgulloso de mi reacción. Salimos los dos con dirección al Shanzam, el sitio donde íbamos todos siempre que teníamos tiempo. No era un gran sitio que digamos, pero estaba bien. Era muy confortable y familiar, con música fuerte y unas cuantas mesas cerca entre sí.

La verdad es que tenía ganas de divertirme un rato. Había estado muy agobiada últimamente con trabajos y exámenes y echaba de menos a todo el grupo, que constantemente me bombardeaba con afectuosos quiero verte. Álex llevaba unos pantalones vaqueros oscuros y una camisa negra que le quedaba bastante bien. Tenía el pelo algo despeinado y estaba sin afeitar desde hacía un par de días. Desde luego estaba muy bueno —con todo el respeto hacia Sergio, pues por algo era mi mejor amigo y no mi pareja.

Por el camino pasamos por un hotel que había cerca porque Álex tenía que recoger unas cosas de una amiga suya que se había quedado ahí a dormir y se le habían olvidado. Yo me quedé en el umbral de la puerta esperándole, mirando a la gente que iba pasando mientras que escuchaba música del Mp4.

Al poco llegó una chica menuda, pelirroja y con unos grandes ojos verdes. Tenía algunas pecas que le daban aspecto de niña y un piercing de aro en la nariz que le quedaba bastante bien. Su vestido rojo, a juego con el color de su pelo, le llegaba hasta algo más arriba de las rodillas; y sus medias, las cuales eran muy largas, hacían juego con sus zapatos negros de tacón. La parte de arriba del vestido era como una especie de corsé que se amoldaba a su figura y sus pechos eran discretamente enseñados, unido el centro por unos hilos negros que llamaban a los hombres a tirar por ellos.

Cogió un cigarrillo mientras esperaba y miraba al móvil con impaciencia. Además, movía con gran insistencia su pierna derecha mostrando su nerviosismo o estrés. Desde luego esperaba a alguien.

—¿Quieres uno? —me preguntó de repente.

—¿Perdón?

—Que si quieres un cigarro. Te he visto mirarme y supuse que querías uno.

—Ah —respondí cortada—. No, no. Gracias. No fumo.

—Bueno, mejor para ti. Dinero que te ahorras, es un vicio muy malo —contestó sonriendo.

— Sí... Eso es verdad.

—Pero hay otros peores... —dijo en un suspiro.

La miré sin entender muy bien a donde quería llegar, pero no seguimos con la conversación. La chica tiró el cigarrillo en el suelo y lo pisó para apagarlo.

—Hasta otra —se despidió antes de entrar en el hotel y meterse en el ascensor.

Al rato Álex regresó y nos fuimos al parque San Francisco para conversar, como nos gustaba hacer. Una vez allí, nos sentamos en un banco que estaba rodeado de árboles y hierba con perros jugando.

—¿Sabes, Almi? En unos días daremos un concierto en Shanzam y seguro que será un gran éxito. Estoy deseando que acuda mucha gente y nos hagamos conocidos. Me encantaría poder dedicarme plenamente a la música.

—Sí, sé que los coches no son tu pasión —Le miré. En sus ojos podía notar un brillo de emoción y se notaba que estaba entusiasmado.

—¿Vendrás, no?

—¡Claro! Sabes que siempre estaré ahí para apoyaros. Además, ¿cómo no voy a ir siendo Sergio el cantante?

Le saqué la lengua y le guiñé un ojo. Estaba deseando verles actuar. Al pensar en Sergio no pude evitar recordar la escena de por la mañana y el encontronazo en el bar. Álex pareció darse cuenta de que me pasaba algo y me preguntó preocupado.

—Él ha vuelto.

No hacían falta más explicaciones, pues Álex sabía toda la historia y recordaba la conversación de aquel día.

—Joder, ¿sí? ¿Qué piensas hacer?

—No lo sé. Seguir con mi vida. Seguramente se haya ido ya, si ni siquiera vive en Asturias.

—¿Y si insiste hasta encontrarte?

—¡Ay! No sé, Álex. No quiero agobiarme. si me encuentra le mando a la mierda.

—Está bien...

Para distraernos salimos del parque y nos fuimos al Shanzam, donde habíamos quedado con algunos amigos y miembros de la banda.

Ya dentro la música resonaba a un volumen tan alto que dificultaba el poder conversar. Pude ver a Ángel y a Carlos charlando animadamente con Álex, pero ni rastro de Sergio. Estaba empezando a preocuparme. No era habitual en él desaparecer sin avisar, y mucho menos no llamarme o mandarme algún whats. De todas formas, el grupo no me dejó preocuparme mucho porque en seguida me arrastraron hasta la pista para bailar.

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