Castillo

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¡Cuántas banderas habrán ondeado en lo más alto de tus murallas!
Cuántas peleas y disputas por conseguir tu dominio.
Me pregunto si alguna vez habrás estado conforme con las gentes que habitaron tu interior.
Pero, lo más seguro, es que ninguno de ellos ni de sus escudos ni de sus banderas, te representase.
Ni siquiera eres de las manos que te construyeron: piedra a piedra, escalón a escalón, día y noche...
Creciste hasta convertirte en lo que eres ahora: un montón de piedras y escaleras que la gente mira día y noche, pero no observa.
Todos te dan por sentado la mayoría del año.
¡Eso sí! No faltes en sus fiestas patronales ni en las fotos de boda. También eres un buen lugar para pasear a sus mascotas...
Pero no. Yo sé que no todo es así.
Yo sé lo que escondes en verdad.
Sé lo que piensan tus muros, lo que sienten tus almenas.
Sé lo que has visto y lo que has vivido.
Sé lo que has soñado, lo que has sufrido y lo que has anhelado.
Sé exactamente lo que estás pensando.
Pero no te preocupes. Tu secreto está a salvo conmigo.
No le diré a nadie por dónde les meterías sus estúpidas banderas.
Ni a quién dirigirías toda la munición que su odio y ansias de poder dispararon contra ti.
No les diré de quién te enamoraste.
Ni a quién cobijaste en una tempestuosa noche, muchos siglos atrás.
No te preocupes.
Nada les diré,
si tú prometes no olvidarme.

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