Capítulo #22: Los indiscretos

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Daichi se recuperó a tiempo para participar en los últimos dos sets del día. Varios miembros del club alegaron estar tan preocupados por la tardanza que estaban a punto de ir a visitarlo en la enfermería. Tuvo que inventarse los síntomas de su supuesto golpe de calor para quienes pidieron la historia completa; por suerte, no le dio chance de entrar en detalles por el inicio de la siguiente ronda. Sin embargo, Nekoma era el contrincante, por desgracia. En el momento que se encontró cara a cara con Kuroo en la línea frontal, el chico que no entendía cómo veía bien a través de su flequillo demostró por qué lo llamaban provocador.

—Quiero jugar todo este set contra ti, así que no te nos desmayes de nuevo, Sawamura.

—No me desmayé antes. —Entrecerró los ojos.

—Casi. —Se encogió de hombros—. Mira que para que te dé un golpe de calor en el lugar escogido por ser el más fresco...

El silbato los interrumpió. ¡Cómo quería que Yamamoto fallase el saque y diera con la cabeza de Kuroo!

No hubo oportunidad alguna de vengarse. Ningún balón lo golpeó por sorpresa y perdieron el set. No extrañó aplaudir y dar la señal de inicio de la carrera cuesta arriba. Los sets acabaron sin más cambios que el aumento de su número de derrotas en las estadísticas del campamento.

Un rato más tarde, cuando quedaba casi nadie en el gimnasio, Daichi salió con Suga y se sentaron en el nacimiento de la loma, de modo que podían apoyar la espalda del suelo y ver el cielo recién estrellado sin quedar del todo acostados. Pensó que si tan solo hubiesen estado un poco más cerca, habría sido como el final de una cita de picnic, donde inventarían constelaciones por su poca memoria en ellas y el aire más frío los incitaría a reducir la distancia entre ambos. Botó la idea de su cabeza por miedo a que se transfiriera de algún modo a la de Suga y lo soñase.

—¿Cómo fue tu sueño, exactamente? —El tema aún le llamaba la atención. En todo el tiempo que llevaban siendo amigos, nunca había oído que predijera algo mientras dormía.

—Terminamos de jugar un set, tardaste en recuperar el suficiente aliento para salir, te desmayabas casi en la cima de la loma y por poco no rodaste hasta abajo. Creo que Yamaguchi te salvó de esa.

—¿Yamaguchi? —Arqueó una ceja y casi rio.

—Era el que estaba detrás de ti, casi se tropieza contigo. Yo estaba al lado.

—Al menos reaccionó y no me terminó de matar con una patada accidental. —Trataba de aguantar la risa. En su imaginación se había formado una caída colectiva en cadena por su culpa.

—Puede sonar gracioso, ¡pero no lo fue en el sueño! El realismo fue tanto que ya pudiste ver cuánto me preocupé.

—Gracias por evitar que ocurriera. Avísame cuando sueñes conmigo, ¿sí?

—¿Sin importar lo que sea?

—Y más si crees que podría suceder.

—De acuerdo. —Suga mostró una pequeña sonrisa, luego volteó a ver el cielo.

A Daichi le hubiese gustado mirarlo con su sutil sonrisa y el tenue brillo nocturno en su perfil, mas no donde podía ser descubierto. Optó por disfrutar el confortable silencio mientras veía estrellas sin contarlas.

—¡Daichi-san, Suga-san! —Un grito tan estruendoso no podía ser de otra persona más que Nishinoya. Qué corta fue la calma.

—¿Ya terminaste de practicar por hoy? —Suga le preguntó.

—¡El hambre llama! —exclamó. Para lo siguiente, se acercó hasta estar parado entre las piernas de ambos y habló más bajo—: Pero vine a preguntarle a Daichi-san si lo de hace rato en realidad fue por la enfermedad.

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!