Capitulo 20.

151K 8.4K 701

Emmeline abrió los ojos por segunda vez ese día. Se había vuelto a dormir. Y ahora, tal y como Joseph había dicho, Kat y Jen estaban abriendo sus cortinas para despertarla.

Pero lo que Emmie menos deseaba era salir de la cama. Estaba cómoda, y cálida. Y podía jurar que sentía el perfume de Joseph en las sábanas y en su piel.

—¿Se encuentra bien, milady? —Preguntó Jen acercándose a la cama.

Ella sonrió.

—Perfecta. ¿Por qué?

De pronto comenzó a preguntarse si ellas habrían notado algún cambio. ¿Se vería diferente? Ciertamente se sentía distinta, pero no tenía idea de que los demás pudieran darse cuenta.

—Estaba suspirando —compuso la doncella mientras revisaba sus baúles—. ¿Qué quiere ponerse hoy? ¿Esperamos alguna visita?

—Algo sencillo, por favor. No pienso salir a ningún lado, y recemos, por favor, por no tener ninguna visita.

Jen asintió y Kat la ayudó a levantarse.

—Oh... ¿Lady Emmie? ¿Necesita algo para su uhmm... periodo? —Señaló hacia las sábanas de la cama. Una mancha roja interrumpía la blancura de la tela. Emmie sabía lo que aquello significaba y no era exactamente lo que Kat estaba pensando.

—Mmm, si. Creo que si —murmulló esperando que no se notara lo nerviosa que se había puesto de repente por la mentira que había pronunciado. Y no era que se avergonzara. Pero por más que supiera que esas muchachas eran de confiar, no podía decirle una palabra a nadie de lo sucedido. No quería arruinar su reputación, no si podía evitarlo. Y tampoco mancharía la de Joseph. La sociedad era mucho más permisiva con los hombres, pero él no se merecía ningún mal rumor sobre su nombre.

Además, él le había prometido que no tenía que preocuparse por nada. Que todo estaría bien. No le había dado ningún detalle, y ella no quería sacar conclusiones apresuradas. Aunque las tuviera, claro. Pero confiaba en su palabra. ¿Cómo no hacerlo?

De pronto la invadió una impetuosa necesidad de verlo, y con renovada energía, apuró a las chicas para qué le prepararan un baño y pudiera bajar a desayunar.

***

Durante el trayecto de su cuarto, hasta el comedor matinal, Emmeline analizó cómo se sentía. Estaba bien. Extremadamente feliz. Podía decir que era una mujer. O bien, decírselo a sí misma. Porque no había nadie con quien pudiera hablar sobre aquello. Además de Joseph, claro. Pero no comentaría eso con él.

Pero nada más había cambiado. Cuando se vio en el espejo, seguía siendo la misma Emmie de siempre.

Y era razonable, decidió con un suspiro.

—Buenos días —saludó Beth ya sentada frente a la mesa, junto a Sebastian que se puso de pie para recibirla.

Ella levantó la cabeza y les sonrió. Notó al instante que Joseph todavía no estaba allí. Ni siquiera necesitó mirar hacia la punta de la mesa.

—Es un buen día ¿verdad? —Musitó.

—Sí, lo es. En especial porque no tenemos a Lord Gruñón en la mesa, y ustedes, hermosas damas, pueden hablar tanto como deseen.

—¿De qué estás hablando, Sebastian? —Preguntó inquieta—. No sabía que Joseph se ausentaría esta mañana.

Elizabeth contestó por su esposo.

—Mi madre ha enviado un mensaje. Al parecer era algo urgente y mi hermano tenía que estar allí lo antes posible —explicó.

—¿Todo está bien?

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!