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      ─¡Abuelo! ─exclamaron al unísono.

      ─¿Cómo están mis pequeños ángeles? ─les dio un abrazo─ Coman, no querrán    

que se enfríen —señaló las hamburguesas.

      ─¡Por fin un poco de carne! —Jo dio un enorme mordisco─ Violeta está en contra de la matanza de animales, así que en casa está prohibido cualquier tipo de carne. Agradezco cada domingo fuera de casa.

      ─Esa chica va a matarte de hambre ─rió el abuelo.

      Ella negó con una sonrisa.

      ─Nos las apañamos bien. Por suerte existe la pizza.

      Evan observaba a la madre de Jo ir y venir a toda prisa.

      ─¿En qué anda la tía?

      ─Está trabajando en una de sus historias. Es interesante. Está investigando una serie de muertes que ha azotado la ciudad desde hace más de un siglo.

      A Evan se le puso la carne de gallina. No le gustaban esas cosas de muertos. La chica, por el contrario, escuchó con interés.

      ─A través de las últimas décadas se encontraron toda clase de crímenes sin resolver, pero éstos son en verdad extraños. Generalmente, aparece un cuerpo cada diez años, y se encuentra exactamente en el mismo estado que el anterior. Carbonizado. Parece ser el trabajo de alguna clase de secta, pero lo curioso radica en que nadie ha podido descubrir a los asesinos.

     «Lo interesante es esto: todos ellos traían la misma marca sobre su frente.

      ─¿Qué tipo de marca? ─quiso saber la muchacha.

      ─Una huella dactilar.

      ─Pero... entonces... ¿No sería ese el asesino que tanto buscan?

      El anciano rió y dijo que no con la cabeza. Luego, se acercó a ellos y en tono siniestro aseguró:

    ─La huella pertenece a un hombre que ha estado desaparecido desde hace más de cien años. No creo que se trate de él. Además, era de Italia, creo.

     Joanna y Evan abrieron la boca.

     ─Bueno, bueno... ¿quién quiere pastel?

     El día pasó tan rápidamente que, cuando quisieron darse cuenta, ya eran las seis de la tarde.

     Sonia estaba trabajando en su investigación. Extrañamente, Evan se había recostado sobre el sofá y se había quedado dormido, después de una partida de ajedrez que lo había dejado mentalmente exhausto. Se oían sus ronquidos en la otra habitación. Ahora, solo quedaban Joanna y Benjamin para divertirse con el tablero. La estaban pasando muy bien.

      ─Jojo, tengo un mensaje para ti —le dijo su abuelo, moviendo uno de sus peones.

      Él siempre la llamaba así. Jojo. A ella le parecía el nombre de un mono.

     ─¿Un mensaje? ¿De quién? ─ella estaba concentrada en su próxima jugada.

     ─De Jofiel, un amigo mío ─lo miró con atención─ Me dijo que debes tener cuidado.

      Ella entornó los ojos y lo miró con desconcierto.

      ─¿De qué estás hablando? ¿Quién es ese Jofiel?  —ella movió, por fin— ¿Y cómo tiene un mensaje para mí alguien que no me conoce?

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!