Me mordiste

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Estaba muy acalorado, el cuerpo le temblaba de manera enorme, sintió su boca ser invadida por aquella erección totalmente mojada por estár antes dentro suyo. Sintió unas manos calientes acariciar sus muslos mientras daban pellizcos,  dejando a su paso moretones.
Le abrio las piernas y se acomodó entre ellas, alzo su cadera, no pidió permiso y tampoco lo necesitaba, sólo entró dándole de lleno en su punto dulce.

—Lame bien Tsunayoshi—la voz ronca de su amante azabache le hizo temblar.

—Eres apretado Tsuna, ¿cuantas veces tendremos que hacértelo?—una voz gruesa y algo prepotente le hizo casí tener un orgasmo.

Estaba siendo torturando con tanto placer, Kyoya se dedicaba a estirar, retorcer y apretar sus pezones con fuerza hasta dejarlos rojos. Sin detener ese ritmo endemoniadamente sexy de su cadera, haciendo que toda su erección llegue al fondo de su caliente, humeda y sensual boca.
Reborn daba estocadas certeras y rápidas en aquel punto dulce que tanto lo enloquecía.

Cuando ya no aguanto más la estimulación, logro tener un orgasmo en seco.

—Ahora viene lo mejor—Reborn lo tomo haciendo que se sentará en su regazo.

Hibari Kyoya aprovecho aquella postura, para acercarse por la espalda del castaño, lo abrazo dándole mordidas celosas por los hombros. Cuando Reborn introdujo de nuevo su caliente miembro en aquella estrecha entrada, Kyoya hizo lo mismo, dándole así al chico de cabello caramelo una doble penetración.

—Reborn...—tembló cuando él mayor le hizo subir y bajar dando sentones—Kyoya... Más, o joder—las piernas le temblaron cuando ambos azabaches hicieron rozar su interior con aquellos penes.

Los sentía crecer y endurecerse dentro suyo, lo estaban cogiendo y lo estaba disfrutando como nunca. El pequeño anillo de carne ya tenía lubricación natural por su celo, pero esos penes eran enormes, estupendos. Un hilo de saliva resbalo por la comisura de sus labios, se sujeto de los fuertes hombros del azabache mayor, mientras subia rápido y de amanera descontrolada.

—Más... Cógeme—dijo entre suspiros Tsuna—joder, más, quiero que me llenen con su leche caliente.

Aquellas palabras sólo lograron que los alphas se excitaran al ver la cara de puro placer de su penoso omega.
Sus dientes cosquillaban queriendo morder ese cuello color caramelo. No se pudieron detener, cuando sintieron el orgasmo cerca lo mordieron, Kyoya marco su nuca, Reborn su cuello y Tsunayoshi se corrió entre su abdomen. Los dos alphas llenaron el interior del omega, anudandose.

—Sintió sangre bajar por su cuello, lo toco nervioso— Me mordiste...—susurró asustado tocándose la nuca—no,  me mordieron.

—¿Eso es malo?—cuestiono él azabache de ojos metálicos lamiendo la sangre de aquella marca de propiedad.

—Me mordieron—su mirada asustada logro que los azabaches se cuestionaran sí fue lo correcto—, ¿Y sí no somos destinados?

Su miedo no era amarlos, su miedo era no ser el destinado de aquellos hombres tan imponentes, vivía con el miedo de ser reemplazado por cualquier otro/a Omega.

—No quiero ser el juguete de nadie.

—No eres mi juguete—acarició sus mejillas rojas por aguantarse el llanto—, yo siento que es lo correcto unirme a ti toda la vida.

—Está bien estar juntos—hizo que se recostada en su pecho—Tsunayoshi, aunque me enoje compartirte con él otro carnívoro, estoy demasiado seguro que sólo quiero estar contigo.

—Dejá de pensar tonterías Tsuna—lo tomo de la mano dándole un pequeño apretón y le sonrió con calma.

Él décimo capo de Vongola se relajo pegándose al firme cuerpo de su guardián de la nube y apreto con suficiente fuerza la mano de su tutor, estaba aún inseguro, y más que se anudo con los dos, sin protección.

Reborn, leyó sus pensamientos;  en realidad se fijo en sus expresiones y sus ojos, el cielo era demasiado expresivo; ahí noto su inseguridad, su miedo, su cuerpo temblaba ligeramente.

—Tranquilo—beso sus labios con  cuidado—sí pasa algo, Kyoya y Yo estaremos contigo, siempre.

—Tsuna miró a Hibari como buscando su afirmación— ¿En serio?

—Es una promesa omnívoro—beso sus labios con suavidad.

Eso dos alphas podrían ser destructivos, sádicos y hasta crueles, pero cuando su cielo necesitaba calma, amor hasta saber que nada destruiría sus sentimientos, ellos no temían demostrar que lo amaban lo suficiente para pasar el resto de su vida a lado suyo.

Otra historia, se que no he terminado las otras y querrán matarme, los que me leen claro, pero es que es inevitable. Y hoy les traje un trío, más de una vez he querido ponerlos juntos a los tres.

Él cielo con dos dueños¡Lee esta historia GRATIS!