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El oficial se quedó mirándome a los ojos por largos segundos, desafiante y con valentía en su cuerpo

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El oficial se quedó mirándome a los ojos por largos segundos, desafiante y con valentía en su cuerpo.

—Sé que ustedes son los culpables —aseguró. —Estuve con el tipo que enviaste a Rumania a rehacer su vida.

Mi estómago se apretó, pero de todas formas me mantuve tranquilo en mi exterior.

— ¿Y? Ya le había contado sobre eso.

—Resulta que me faltaba alguien en esta historia y aunque él no me lo dijo, lo descubrí —Se encogió de hombros. —No fueron dos tipos, sino, tres y uno fue asesinado en la casa del hombre que está en Rumania.

—Yo no sé qué espera especulando cosas —Fruncí el ceño molesto.

El oficial respiró profundo, miró las cámaras que había en las paredes hasta que finalmente habló.

—Apaguen las cámaras y entren —Dijo.

Fruncí el ceño con confusión, y entraron dos tipos más, claramente policías. —Ya sabemos qué hacer con él —les indicó —debemos hacer que hable hoy.

No me resistí a la fuerza que ocuparon conmigo, no quería que luego saliera en televisión que "Caín Bennet había maltratado a un policía". Uno de ellos amarró mis tobillos y el otro me esposó las muñecas con fuerza, estaba sentando mirando al hombre que mandaba a esos jóvenes que por cierto nunca se fueron de ahí. El oficial Arthur se sentó frente a mí y comenzó.

—Me vas a decir la verdad o lo único que harás aquí es gritar del dolor —me amenazó.

—Es imposible que haga algo como eso —reclamé. —Usted ni nadie puede amenazarme ni menos golpearme, soy un personaje público y tarde o temprano se sabrá todo lo que harán aquí adentro.

—Que tierno eres —rió el policía contagiándole la risa a uno de sus compañeros que ahí estaba, el otro no reía, se notaba incómodo por la situación y casi no cruzaba su mirada con la mía. Me mantuve serio en todo momento, hasta que Arthur se puso de pie, extendió la varilla y golpeó la mesa con la misma — ¡Ya basta! —Gritó enloquecido. —Ya fue suficiente con que te hayan avisado por teléfono que eras sospechoso de un asesinato ¿Y ahora quieres dar órdenes?

Arthur se puso delante de mí y con la varilla de metal dio tres golpecitos en mi cara. —Ya habla, Caín —Dijo.

—Te he dicho todo lo que sé, no esperes que continúe.

— ¿Quieres perder lo que más necesitas en tu vida? —Alzó ambas cejas. Mi cabeza viajó directamente a Cailín, pero me contuve, debía mantener el control.

—Ni siquiera sabes lo que es —Resoplé.

Arthur se puso de pie y rápidamente golpeó con la varilla mis manos atadas. De inmediato sentí el dolor en mis nudillos, él claramente no estaba refiriéndose a mi familia, sino que lo que yo uso para sobrevivir.

DECADENTES © #2¡Lee esta historia GRATIS!