Capítulo 1

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6 años más tarde...

Miré por la ventana. Álex me había pedido que fuera a comprar porque apenas nos quedaba nada en la nevera. Estos últimos días sobrevivíamos a base de cereales y nesquik. No podíamos seguir así.

Llovía a cántaros, prácticamente diluviaba. Él sabía perfectamente que me daba muchísima pereza tener que cambiarme de ropa y bajar. Afortunadamente, vivíamos cerca de un supermercado.

—Álex —le susurré mientras formaba un puchero.

—¿Sí?

—Ve tú —Le miré con ojos del gatito de Shrek.

—No cuela, Alma.

Le tiré un cojín, con tan mala suerte que acabó en el suelo. Tenía muy mala puntería. Resignada, fui al armario y pensé en qué ponerme. Hacía tres años que me había mudado con él y aún me sorprendía lo bien que nos llevábamos. Cogí un pantalón de chándal y decidí ponerme un abrigo encima de mi camiseta de pijama, era un recurso que usaba cuando sabía que iba a tardar cinco minutos y volvería después a mi estado de domingo natural.

Cerré la puerta y abrí el paraguas. En Oviedo llovía muchísimo, daba igual la estación que fuera, y no te quedaba más remedio que ir despacio por el asfalto intentando no resbalar y caer de culo en el suelo.

Además, también había niebla. Bastante densa de hecho. Eso hacía que disminuyeran mis ganas de salir de mi cálido portal. La gente caminaba con prisas para intentar mojarse lo menos posible. Pude ver a varias personas empapadas, parecía que la lluvia les había cogido de imprevisto. Agarré el mango del paraguas con fuerza e intenté mantener el equilibrio para que el aire no se lo llevase. Era un día asqueroso, parecía que una tormenta se acercaba.

Una vez dentro del supermercado, me entretuve buscando lo que necesitaba. Hacía calorcito y estaba muy a gusto. Me detuve en la zona de la bollería; ese pasillo justamente daba a las cajas. La voz y el físico del hombre que se encontraba de perfil a mí me resultaban muy familiar, a pesar de que apenas había cruzado palabras con la cajera. Estaba tecleando en el móvil a gran velocidad mientras que la cajera le metía la comida en las bolsas.

Queriendo salir de dudas, decidí apresurarme con las compras y pagar cuanto antes. Necesitaba ver si era quien yo pensaba. El hombre ya estaba saliendo cuando mi cajera seguía escaneando productos. «Por Dios, un poco de prisa» pensé. No sabía por qué, pero necesitaba verle la cara de cerca. Me estaba poniendo muy nerviosa. «¿Puede ser...? No, no digas eso Alma. Él no vive en Asturias». Intenté tranquilizarme, era un sinsentido alterarse así por nada. Pero aun así...

Cuando por fin pude pagar a la cajera, que seguramente en otra vida había sido un perezoso, cogí el paraguas y salí corriendo. Ya fuera frené de golpe, mirando a ambos lados de la entrada del supermercado para averiguar por dónde podría haber ido.

Por desgracia, la cantidad de gente, lluvia y niebla me impidieron ver ningún rastro de él. Resignada, intenté olvidar lo sucedido y emprender el camino a casa. Además, me había emocionado comprando y las bolsas pesaban mucho.

Cuando llegué a casa, Álex me vio pensativa y me miró extrañado; pero no dijo nada. Seguramente pensaría que se trataba de cualquier cosa sin importancia. Dejé la compra en la cocina y me tiré en la cama, abriendo mi móvil para mirar el Whatsapp.

Me detuve en un perfil. Lo tenía bloqueado desde hacía mucho tiempo pero quería fijarme en su última hora de conexión, aunque fuera una tontería. Así que le desbloqueé y las doce de la mañana aparecieron automáticamente en mi pantalla. Miré el reloj y calculé el tiempo. Su última hora de conexión era más o menos cuando había visto a aquel hombre. ¿Sería casualidad? ¿Era él? Definitivamente necesitaba relajarme.

En ese momento, Álex asomó la cabeza por la puerta.

—Almi, ¿qué tal la proeza de ir a comprar? ¿Sobreviviste?

No respondí. Mis nervios me habían bloqueado completamente y me costaba articular palabra. Esperaba estar equivocándome.

—¿Qué te pasa? Parece que has visto a un fantasma.

—Creo que estoy empezando a rayarme, Álex. Me ha parecido verle.

—¿Verle? ¿A quién? Sabes que no soy bueno con los mensajes cifrados.

—Perdona. Al de Barcelona. No me apetece ni decir su nombre.

Álex abrió los ojos sorprendido pero, tras pensarlo, trató de quitarle importancia.

—Seguro que no era él —dijo tratando de calmarme—. Por lo que fuera, el hombre en cuestión se daría un aire. Pero sabes que aquí no pinta nada y no tiene ningún sentido pensar que es él.

—Ya... Seguramente tengas razón —suspiré.

—Venga, vamos a comer y después ponemos una película. Así seguro que te distraes — dijo con una gran sonrisa.

Me dio un beso en la mejilla y se fue a cocinar unos spaguettis a la bolognesa. Solo de pensarlo se me hacía la boca agua. Tenía razón, era imposible que fuese él.

Sombras Partidas (✔)¡Lee esta historia GRATIS!