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La mansión Smaragdhaus era la residencia privada de descanso para los reyes de Génova. Ubicada en la provincia de Tesalia a cinco días de camino al norte de la capital Arcadia, la frecuentaban durante el verano. Sus casi siete acres de extensión entre la pradera y las montañas abarcaban un lago, una establo, un jardín laberinto y un invernadero además de la vivienda y sus áreas verdes. Sobre una colina la construcción de amplias ventanas y cuatro niveles con una torre de reloj, estaba rodeada por una fuente de mármol en cada punto cardinal.

Era una tarde fresca de otoño y los enormes arces aún tenían rastros del rocío matutino en su rojo follaje, en los pasillos las sirvientas decoraban para las fiestas anuales. La asistente de la reina Katherine había llegado esa mañana para entregar personalmente indicaciones sobre su próxima visita y estancia en la mansión, también tiene en sus manos una carta que debe entregar personalmente.

Sentada en la terraza de su dormitorio, Eleanor Norwich contemplaba distraídamente la orilla del lago Shōri, nombrado así en honor a una antigua monarca. El vestido de lino color vino y bordado con pequeñas aves doradas resaltaba la mirada jade de Eleanor, su melena azabache había sido recogida en una larga trenza que llegaba hasta la cintura y contrastaba con su pálida piel, el paisaje que se apreciaba desde ese balcón le parecía relajante. A sus dieciséis años, Smaragdhaus es donde ha vivido desde que tiene memoria, y la mayor parte del tiempo no tenía permitido salir al exterior sin compañía. Cuando era bebé fue dejada bajo la custodia de la reina quien hizo lo posible por cuidarla como una hija más, por circunstancias que ella aún desconocía. Al resto de la familia principal, solo los había visto en cuadros, rara vez interactuaba más de lo necesario con sus tutores y la servidumbre aparte de los reyes. Con el paso de los años se acostumbró a ser como un fantasma que vaga por los pasillos de esa enorme mansión, que pareciera haber sido construida sólo para ella.

Un enorme águila imperial se posa en la esquina del balcón, cada cierto tiempo pasaba por ahí, así que Eleanor le dejaba trozos de carne seca para que comiera antes de partir. El ave siempre le observaba en silencio, con curiosidad en sus brillantes ojos dorados. Su plumaje negro con motas plateadas era sumamente hermoso, la azabache estaba por acariciarlo pero dos ligeros golpes seguidos del sonido de la puerta abriéndose interrumpieron su pequeño acercamiento, asustando al águila que emprendió el vuelo.

—Lady Eleanor, he traído unos libros que el rey ha mandado para usted —avanzando con gracia en un sobrio vestido crema y su cabello castaño recogido en un moño sencillo pero elegante, la asistente de la reina tomó asiento cerca del piano de cola después de poner el paquete sobre la repisa de la chimenea.

—Gracias, Lady Frances –respondió Eleanor.

—Vamos, no necesitas ser tan formal, puedes decirme sólo Frances como siempre —minimizó la asistente con un gesto de la mano—. Su majestad Sergei ha solicitado la presencia de toda la familia para la gala de fin de año, y también habrá un desfile conmemorativo.

Una leve sonrisa asomó en los labios de la menor, esperaba desde años atrás esa invitación, pero no quería que la emoción le delatase. La soberana de Nápoles le había explicado que no podía ir, por razones de mayor peso. Pero en cuanto llegara el momento, lo haría.

—Ah sí, como cada año supongo –dijo indiferentemente la joven—. Frances, sabes que la reina siempre dice que debo tener buenos modales. En cuanto llegue me gustaría tomar el té con ella.

—Bien, prepararé todo, debo irme y terminar de desempacar, Milady —la sonrisa genuina de la asistente fue seguida por una pequeña reverencia antes de dejar la habitación.

Eleanor suspiró pesadamente mientras veía su reflejo en uno de los espejos. Tenía los rasgos que compartían la familia real de Génova y sus descendientes, aquella mezcla del color de ojos y cabello era común en la línea principal de sucesión al trono. Pero para la sociedad ella aún no existía, ante la corona era la octava hija de los reyes tal y como le habían explicado, pero su existencia era secreta más allá de esas paredes. No era un miembro oficial de la casa real Norwich-Rossini.

Secretos de Familia: El dragón carmesí (Hiatus)¡Lee esta historia GRATIS!