Capítulo 1 - corregido

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Ahora mismo estoy corrigiendo la historia y hay muchos detalles nuevos, así que si sois nuevos... pues enhorabuena, porque ya tendréis la historia completa. Y si sois lectores antiguos (os quiero we) tened en cuenta que si no podéis encontrar algún comentario que dejasteis en una frase es porque, al cambiar esa frase, el comentario se borra.

Borraré esto cuando esté corregida del todo :D





Hacía días que se repetía exactamente el mismo sueño. O quizá más. Era difícil saberlo con exactitud. Ni siquiera podía recordar haber soñado algo distinto en toda su vida.

No sabía si era del todo normal que un mismo sueño se repitiera una y otra vez, pero no se atrevía a preguntárselo a nadie. Después de todo, ella no debía tener la función de soñar. Era una androide. Los androides no pensaban por sí mismos, y los sueños formaban parte de la imaginación.

Aunque... el padre John —su creador— solía decir que ella siempre había sido diferente a los demás. Era su última creación. Y todos sabían que el padre John era de los mejores creadores del mundo. O, al menos, de su pequeño mundo.

Sí, quizá ese era el motivo por el cual soñaba.

Su nombre era 43. Un androide no tenía derecho a un nombre humano, solo a lo que los demás llamaban "número de serie". Aunque su padre la llamaba Alice cuando estaban solos. A ella le gustaba ese nombre humano, así que mentalmente se refería a sí misma como tal.

Le gustaba esa diferenciación. Hacía que se sintiera algo más que un número más en una larga lista.

Por supuesto, no era algo que pudiera decir delante de sus compañeros o de los demás padres, así que en público seguía siendo la tranquila 43, tercera androide de la cuarta y última generación.

En cada generación se encargaban diez androides a diez creadores distintos. Los cinco primeros números eran femeninos y los últimos eran masculinos.

A Alice le resultaba difícil dormir y, por si eso fuera poco, siempre era la primera en despertarse. Como no podía moverse de la cama hasta que sonara la sirena de buenos días, siempre esperaba pacientemente mirando el cielo a través del ventanuco que había a unos metros de distancia, con 42 durmiendo plácidamente en medio.

Siempre la había envidiado. Se dormía nada más tocar la cama y, además, parecía tan tranquila... Alice dudaba que pudiera sentirse así de calmada jamás.

Aún así, despertarse la primera tenía sus ventajas. Todo era más silencioso cuando todos dormían. Podía hacer lo que quisiera... siempre y cuando no se moviera de la cama, claro. Y era la única hora del día en que nadie, absolutamente nadie, estaba vigilando lo que hacía y lo que no. Era como quitarse un enorme peso de encima, aunque fuera solo por un rato.

El edificio principal —el único al que tenía acceso— estaba dividido en cuatro grandes pisos. El inferior estaba dedicado a las zonas comunes, la primera planta a las madres, la segunda a los padres, la tercera a los androides y la cuarta... en realidad, Alice solo había entrado en dos puertas de ese piso y ambas eran despachos de padres, aunque dudaba mucho que todas las habitaciones de esa zona fueran iguales.

Había ocho habitaciones en su piso. En la suya dormían las cinco chicas de su generación. En la habitación delante estaban los cinco chicos. El resto de las habitaciones estaban divididas por igual, en generaciones y sexos.

Las habitaciones eran cuadradas, con cinco camas perfectamente alineadas en una de las paredes para que cada cual tuviera su propio espacio. En el fondo había una larga mesa de metal en la que cada mañana encontraban su ropa diaria. Ella siempre se había preguntado cuándo la ponían, porque no había conseguido verlo nunca... y eso que se despertaba muy temprano.

Ciudades de Humo (CORRIGIENDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora