Capítulo 49: Soy malo

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Decidimos ver una película con Carla en la sala de películas.

Al terminar Oscar entro.

—Los está esperando la señorita Katherine—Nos dijo.

Fuimos con Oscar a la sala principal.

Ella estaba sentada en el sofá tomando té.

—Hola, madre—Dijo Scott.

Nos sentamos frente a ella.

— ¿A qué se debe esto? Pensé que te quedarías en Manhattan—Dijo su madre pero mirándome a mi detenidamente.

—Hubo algunos problemas—Se limitó a decir.

—Elizabeth—Dijo como saludo.

—Señora—Respondí de la misma forma.

—Espero no tener problemas con ella—Le dijo a Scott.

—Ella—Hizo comillas resaltando como lo dijo—Es mi novia—De nuevo con lo de novia.

Katherine se ahogó con su té.

— ¿Se encuentra bien? —Le preguntó Oscar.

—Una aspirina—Le pidió.

— ¿Te importa si vamos a la habitación? —Le preguntó Scott.

Ella negó.

Subimos a la habitación que Oscar había llevado nuestras maletas y habían dos camas individuales, televisor, una mesa con computadora, otra puerta que debe ser el cuarto de baño y un armario.

Scott se lanzó en una de las camas boca abajo y resoplo.

Yo fui hasta él y me tire sobre él.

Bese su mejilla y acaricie sus brazos que estaban estirados en la cama.

—Yo estoy aquí y no voy a dejarte—Murmuré en su oído.

—Verla... Es tan frustrante—Se giró para mirarme, yo me acosté sobre él. —Mi padre murió cuando yo tenía doce—Acaricio mi mejilla—Ella cambio...Y yo cambie—Bajo la mirada—Desde que murió...Siento un enorme vacío dentro de mi pecho—Sus voz se cortó, pero no había rastro de lágrimas— La necesitaba... Ella se volvió lo que es ahora... Un cuerpo sin alma ni sentimientos y yo...Me volví el mismísimo Lucifer—Trago fuerte—Y todo por esos malditos que lo asesinaron.

Gruñó.

Besé la punta de sus labios y lo abrace.

—Tengo mucho tiempo sin visitarlo y ya que estamos aquí... ¿Querrías acompañarme? —Acaricio mis labios con su pulgar.

Asentí.

Él sonrió.

— ¿Recuerdas cuando me dijiste que nunca estarías conmigo? —Murmuró—Y yo te dije que jamás digas nunca—Asentí.

—Tenías razón—Murmuré acariciando nuestras narices.

Él sonrió con ironía.

—Por fin lo admites—Beso mis labios varias veces.

—No te acostumbres—Mordí su labio inferior.

—Me gustas—Sonrió abrazándome fuerte. —Muchísimo.

—Deja de ser tierno—Murmuré sonriendo.

—Bésame —Acarició mi cintura mirándome con esos ojos que muestran deseo.

Se lo que quiere que hagamos, pero no es el momento...Ni el lugar.

—Aquí no—Le dije riendo. —No ahora.

—Por favor—Hizo un puchero y yo negué con la cabeza.

—Mejor vayamos a hacerle una visita a tu padre—Sonrió.

Él asintió.

Nos levantamos y fuimos a la salida.

—Oscar, saldré con Ellie en el auto de mamá—El asintió.

—Apresúrate, antes de que lo note—Yo reí y fuimos al coche.

Empezó a conducir y yo no tenía ni idea de donde estábamos.

—Supongo que sabes dónde nos encontramos—Le dije.

—Por supuesto que si—Paro en una floristería muy linda—No puedo ir sin llevarle flores—Me sonrió.

Bajamos del auto y entramos.

Él fue detectamos hacia un ramo de lirios amarillos.

—Eran sus favoritas—Me miró.

—Son preciosas—Las miré.

—Tu eres preciosa—Me puse de puntillas para besar sus labios.

Las pago y salimos.

Entramos al auto y puso el GPS para ir al cementerio.

—Nunca le he regalado flores a una persona que no sea mi padre—Me miro rápidamente para volver la vista al camino. —Pero quiero que tú seas la primera—Estiro su mano a las flores y saco una del montón y me la dio.

Yo reí y la tome.

Puso su mano sobre mi pierna para que la tomara y eso hice.

El camino se mantuvo en silencio hasta llegar al cementerio.

— ¿Sabes dónde está enterrado? —El me miró y acaricio mi mejilla.

—Hay cosas que jamás se olvidan—Bajamos del auto y él tomo mi mano.

Caminamos por el cementerio en silencio hasta que él se detuvo frente a una lápida que decía:

''Christopher Esteban Domínguez Vásquez" '

Noté que en la esquina de la lápida había una gorra del ejército.

—Era del ejercito—Me miró.

Asentí.

¿Domínguez?

— ¿Por qué no tienes su apellido? —Él sonrió.

—Cuando nací el no pudo llegar al parto por su trabajo y a mamá le dio una clase de depresión postparto y pensó que papá no vendría a hacerse responsable y me presento con sus apellidos—Me abrace a su brazo mirando la lápida. —Papá...Vine—Rio y me miró—Ella es Elizabeth—Dijo mirándome—La chica que robo mi corazón—No llores, no llores... ¡No llores! — No he sido bueno—Bajo la mirada—Soy malo y como no he venido desde que...Ya sabes—Rio con tristeza—Te contare lo que tiene un enorme vacío en mi pecho—Tragó fuerte y yo rodee su torso. —Estuve en bandas mafiosas, me he drogado, tomaba hasta perder la conciencia, estuve en el reformatorio por intento de asesinato, mate a una inocente niña—Su voz se quebró— Y...Muchas cosas más...No merezco nada de lo que me está pasando...No merezco a esta chica—Vi como una lagrima salía de su ojo y rápidamente la limpie. —Te necesito... Carla te necesita y...Padre... Lo siento...Lo siento—Repitió—Por ser lo que nunca quisiste que fuera—Dejo las flores lentamente junto a las demás—Tus favoritas—Me miró. —Espero que volvamos pronto...Pero con un alma más limpia—Finalizo.

Lo abrace lentamente y acaricie su mejilla.

—No eres malo—Susurre rozando nuestros labios.

— ¿Cómo estas tan segura? ¿Acaso no has escuchado todo lo que he hecho? —Me miro frunciendo la nariz.

Sonreí ante ese gesto.

—Una persona mala no es capaz de amar como tú lo haces—Acaricié sus labios. —Amas a tu hermana con locura... Eso te impide ser una mala persona.

Internada Con El Diablo¡Lee esta historia GRATIS!