Vorwort

96 5 0

Envuelta por la oscuridad antes del amanecer, lo que antes fue una hermosa sala del trono, ahora lucía devastada. En algunos puntos las enormes paredes parecían a punto de desplomarse al mínimo contacto, los antiguos vitrales y murales fueron arrasados por el voraz incendio que ahora ardía en tenues brasas. Pero ahí en los restos del trono, refulgían un par de ojos, como un depredador a la espera de su presa.

En el exterior todo era una masacre, la gloria de Naucratis agonizaba en un mar de sangre y llamas carmesí, todo el territorio llevaba bajo asedio interminable cuatro días. Un batir de alas captó la atención del ser en el trono, que se incorporó lentamente. De cabello azabache y ojos jade, vestía elegantemente y su piel tostada parecía relucir sutilmente, en el cuello de su camisa había un broche con una gema de color púrpura.

—Sé que estás ahí, puedo percibir perfectamente tu aroma, princesa celestial —murmuró aquel ser—. ¿No es maravilloso cuán invencible soy ahora?

El alba comenzó a despuntar justo cuando ella salió de su escondite. Su cabello era del mismo tono que la sangre, su tez parecía de porcelana y una pequeña marca con forma de medialuna en su espalda asomaba entre su camisa rasgada. Estaba herida, un corte en su frente hacía fluir sangre sobre sus ojos de la misma tonalidad que el mercurio líquido. Lo que quedaba de su armadura ya era inservible, por lo que arrojó la espada al suelo.

—Ni el poder de los descendientes del ancestral rey de las bestias es comparado a las piezas del Rosetum —continuó.Tú solo eres una princesa inútil de estas tierras.
— ¿Cómo pudiste hacernos esto? —
murmuró ella mientras gruesas lágrimas surcaban sus mejillas.

Acto seguido unos cuernos de ónix y unas enormes alas de dragón se materializaron en ella, la temperatura del lugar comenzó a elevarse, causando que aquel ser soltara unas carcajadas escalofriantes mientras llamas de color violeta iluminaban los costados del trono en el que reposaba. Su alma había sido corrompida al punto de ser más demonio que humano.

Los dragones estaban en desventaja debido al enorme portal abierto por aquel ser en Élide, su isla principal. La shifter ahora sabía que su objetivo era destruir todo para encontrar una llave, la pieza final del Rosetum, un antiguo poder que sellaba las puertas del inframundo. Al liberar parte de su verdadera forma, la presión mágica en el aire hizo que las ruinas cercanas comenzaron a derrumbarse, cegada por la frustración, la pelirroja lanzó un rugido y se lanzó al ataque con los puños envueltos en llamas. Su objetivo se esfumó justo antes del impacto y reapareció justo a su lado, tomándole por la muñeca.
Mientras intentaba zafarse de su agarre, las garras de aquel ser atravesaron un costado de su abdomen y la sangre comenzó a brotar rápidamente.

— ¿Por qué formas parte de todo esto? ¿Por qué traicionaste a los shifter? —cuestionó.

La furia latente en su interior dio paso a un último acto desesperado para sellar el poder de él en ese lugar. Una formación de cristales comenzó a rodearlo y por un momento él volvió en sí, aferrándose a ella en un abrazo. Aterrado miró las heridas de la pelirroja y algunas lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos. Permanecieron breves instantes así hasta que la gema en su cuello brilló con mayor intensidad y sus ojos volvieron a perder su brillo, incorporándose destruyó la barrera antes de que se completara y se alejó. La princesa celestial comenzó a toser sangre debido al sobreesfuerzo que le había llevado crear aquella barrera y finalmente se desplomó agotada en el suelo.

El eco de unos tacones acercándose tomó por sorpresa a ambos, una joven de cabello castaño con un antifaz de plumas negras se acercó a la princesa de los dragones y se inclinó, un diamante rosado colgaba de una cadena de plata que reposaba en su pecho, sus labios color melón formaron una sonrisa sádica antes de tirar con una mano del cabello de la pelirroja, que dejo escapar un alarido de dolor al sentir las largas y afiladas uñas de ella rasgar su mejilla izquierda.

—Nunca jamás te pertenecerá, él y yo crearemos un nuevo mundo. Apártate o les daré caza hasta el último de ustedes.

Jadeando, la princesa intentó incorporarse en cuanto la castaña soltó su agarre, le había inmovilizado con algún hechizo. Aterrada, se percató que su herida había dejado de regenerarse. Con el horror marcado en su expresión, recordó donde había visto ese diamante antes, sabía quién era esa mujer y qué buscaba; debía limitar a ambos si quería proteger a los suyos. En especial a su familia, esta vez no permitiría que las emociones le dominaran. Incorporándose con sumo esfuerzo debido a la gran cantidad de sangre que estaba perdiendo, extendió su brazo hacia ambos antes de soltar un rugido pidiendo apoyo.

—No tendrás el Rosetum —sentenció la pelirroja.

La plata de su mirada brilló con mayor intensidad y comenzó a fundirse hasta tornarse de mismo color que su cabello, a su alrededor comenzaron a brotar cristales multicolores formando una especie de prisión, una sonrisa se formó en sus labios mientras miraba por última vez al hombre que amaba.

—Lo siento, por no poder acabar con esto y protegerte también.

— ¡Maldición!

La exclamación de la castaña resonó en toda la sala, su única pista hacia la llave restante se había sellado dentro de un enorme cristal, por lo que descargó su frustración destrozando el pilar cercano causando una lluvia de escombros entre el fuego agonizante. El joven seguía mirando a la nada, pero gruesas lágrimas surcaban sus mejillas. Con una expresión de hastío la joven decidió que debían marcharse antes de que los refuerzos o aliados de la pelirroja llegaran, por lo que tomó la mano del azabache y se teletransportó a otra parte en el continente, al sur de las islas.

Rugidos ensordecedores inundaron las ruinas del castillo poco después, y adoptando su forma semi-humana comenzaron a buscar sobrevivientes. Sólo encontraron a los suyos petrificados y sin vida, al entrar a la sala del trono los soldados llamaron al capitán, que mostró sus colmillos en una expresión llena de rabia; aquel humano que había recibido su total confianza les había traicionado y matado a su hermana.

La joven princesa descendiente de los dragones lucía dormida con una sonrisa en sus labios, atrapada en aquel cristal. Su hermano mayor apoyó sus manos contra su rostro intentando contener sus lágrimas de impotencia, ahora los mellizos de dos años habían quedado a su cuidado, y no tenían idea de donde podría estar el cachorro de tres meses. Sin poder aguantar su dolor, soltó un rugido que se oyó en todo el territorio que componía Naucratis, seguido a coro por otros dragones lamentando su pérdida. Los demonios habían comenzado a desvanecerse tan rápido como habían aparecido de la nada días atrás. Un segundo rugido cargado de ira, fue la orden para dar caza al traidor.

Como respuesta, varios rompieron la formación y se entraron en el continente, arrasando a su paso ciudades hasta el anochecer. Los humanos poco podían hacer ante la devastación, y las otras criaturas mitológicas se negaron a protegerles o darles asilo en sus tierras, ya que comprendían que los dragones vengaban a su princesa, quien había sido considerada la luz y esperanza para unir ambos mundos en paz.

Un latido resonó del interior de la formación cristalina llamando la atención del capitán, acto seguido el suelo comenzó a vibrar y la gravedad se intensificó, todo el conjunto de islas que conformaban la tierra sagrada comenzaron a desprenderse del océano y se elevaron hacia el cielo. No quedó rastro alguno de su existencia en la superficie, más que aquellas ciudades reducidas a ruinas en el continente. El último dragón fue visto un año después cerca de la costa de Nápoles y la localización actual de Naucratis permanece desconocida.

 El último dragón fue visto un año después cerca de la costa de Nápoles y la localización actual de Naucratis permanece desconocida

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Secretos de Familia: El dragón carmesí (Hiatus)¡Lee esta historia GRATIS!