Capítulo 7: La ducha

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—No me lo recuerdes...

—Venga ya, no me negarás que está buenísimo —se mordió el labio suspirando.

—Me da igual que esté bueno. Siempre lo ha estado de todas formas.

—¿Sabes? Cero que esta vez se ha fijado en ti —dijo después de estar un rato pensativa.

—Me da igual, es decir, si lo hizo es solo por mi físico. Me rechazó cuando era fea y si ahora le gusto es que es un completo superficial.

—Éramos unos niños... —Ally rodó los ojos.

Hice un ruidito de desaprobación y terminamos de ver ese capítulo. Media hora después se fue debido a una llamada procedente de su madre.

—Suerte con tu trabajo —guiñó dándole un doble sentido, a lo que yo solo pude contestar poniendo los ojos en blanco.

Recogí un poco el piso y encendí el portátil en el salón, dejándolo junto a la libreta y el libro de biología.

Al rato escuché como llamaban a la puerta y me levanté. Me llevé una sorpresa al ver a Bryan con su bolsa de deporte y bastante sudado.

—¿Qué haces aquí así? —pregunté.

—No me dio tiempo a ducharme en el vestuario y de mi ducha no sale agua —se encogió de hombros.

—¿Estás seguro? —lo escruté fijamente con la mirada—. ¿No será por lo que hablamos esta mañana de mi espacio personal?

—Que no pesada, déjame entrar —pasó sin más hacia el baño.

—Que conste que te dejo porque eres tú, eh.

Escuché que murmuraba algo más pero ya estaba entrando al baño. Volvieron a llamar a la puerta y suspiré. Este tenía que ser. Efectivamente, en cuanto abrí vi a Daniel con la mochila colgando de su hombro.

—Hola —dijo con una pequeña sonrisa.

—Pongámonos a trabajar —asentí haciendo que pasase y lo guié al salón, donde ya tenía las cosas listas para empezar.

—Veo que ya lo has organizado todo... —asentí sin mirarlo y puse el ordenador sobre mis piernas.

—Creo que lo mejor es empezar buscando... —no pude terminar, ya que Bryan me interrumpió desde el marco de la puerta terminando de ponerse la camiseta aún con el pelo húmedo.

—Te he dejado el baño limpísimo, no te quejarás... —al mirarme alzó una ceja en dirección a Daniel—. Ehmm... Hola —sonrió levemente para luego mirarme a mi—. Yo me voy ya y os dejo trabajar.

Lo despedí con la mano y pude ver como recogió sus cosas antes de irse. La voz de Daniel me sacó de mis pensamientos.

—¿Qué hacía él aquí? ¿Te lo has tirado? —frunció el ceño, parecía molesto.

Rápidamente abrí la boca para negarlo pero al mirarlo me recordé con quién estaba hablando y sustituí lo que iba a decir.

—A ti que te importa.

—Ahora entiendo porque se marchó tan rápido del entrenamiento —dijo Dan pensativo. Espera. Bryan había dicho que no le había dado tiempo.

—¿Cómo que se fue rápido? —Daniel asintió con la cabeza.

—Sí, dijo que tenía algo que hacer y que no le daba tiempo ni a ducharse.

Fruncí el ceño interiormente aunque no pude ocultar una pequeña sonrisa. Seguro que su ducha también estaba perfectamente. Me la había jugado. Había venido aquí por nuestra conversación de por la mañana pero esta se la iba a devolver.

—Vamos a ver, los pulmones —dijo Daniel sacándome de mis pensamientos de nuevo—. Vaya asco la biología —dijo dejando el libro.

—A mi me gusta —me encogí de hombros—. Ayuda a que nos conozcamos a nosotros mismos, a nuestro cuerpo, al medio en el que vivimos...

—Yo puedo enseñarte a conocer tu cuerpo mejor que la biología —dijo divertido.

—El comentartio ya es viejo, búscate a otra con la que funcione, Dan —rodé los ojos. Este chico no cambiaba.

—¿En serio he perdido todos mis encantos contigo?

—Absolutamente todos —aseguré pero cuando lo miré él ya estaba acercándose a mi y sin poder evitarlo me besó.

Siempre me había preguntado cómo sería sentir los labios de Dan sobre los míos. Si serían suaves o rudos, finos o gruesos... Pero no. No podía pensar en eso ahora, llevaba siguiéndole el beso unos sengundos ya, aunque claramente no como él esperaba.

Movía su boca contra la mía, buscando un contacto mayor, una mejor reacción por mi parte, pero lo único que le llegó fue el mordisco que le di para que se apartase de mi.

Como cabía esperar se apartó al momento. Probablemente porque no se lo esperaba a pesar de que lo había avisado y porque el mordisco fue más fuerte que cualquiera que pudiese darle de forma cariñosa.

—Serás bruta... -masculló apartándose.

—El que avisa no es traidor —sonreí irónicamente—. No vuelvas a tocarme sin mi permiso. Y ahora sigamos con el trabajo.

Durante el par de horas siguiente estuvimos trabajando y o bien porque había captado el mensaje, o bien porque estaba tan centrado en el trabajo como parecía, no volvió a intentar nada conmigo.

Cuando se levantó tan solo quedaba pasar a limpio las notas al ordenador y redactar las ideas. Él se ofreció pero a la vez dijo que lo hiciésemos juntos.

—Así puedes saber de antemano como quedará y corregirlo.

—Está bien —accedí finalmente—. Pero esta vez quedamos en la biblioteca.

—¿Ya te da miedo quedarte otra vez sola conmigo? —preguntó divertido—. Venga, esta vez toca en mi casa —dijo convencido y al final por el simple hecho de verlo salir por la puerta de una vez y quedarme tranquila accedí de nuevo.

Holaaaa. Bueno, aquí os traigo un capítulo más largo y en el que pasan más cosas con respecto a la trama. No tengo mucho más que decir, sigo de vacaciones pero como me pedíais tanto esto pues ayer por la noche lo escribí y la verdad es que estoy bastante orgullosa del resultado. Espero que os guste y muchas gracias por el apoyo que me dáis con esta historia. Comentad mucho y votad si os ha gustado. Nos vemos en el siguiente ;3

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