Capítulo IV: Entendimiento

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El día comenzó con Louisa llegando a la mansión Bartholy a las siete y media, esa mañana consiguió escabullirse de Dylan y tomar el autobús como una persona normal —esta vez sin necesidad de dar un paseo por el centro rogando que no se dieran cuenta de cual era realmente su destino final—. Tomó el primer bus que consiguió y tuvo la suerte que el mismo era una ruta directa a la parada más cercana de la casa Bartholy; se obligó a anotar en su pequeña agenda que eran los buses color azul los que le servían y que pasaba puntual a las siete menos un cuarto.

Fue Nicolae quién nuevamente la recibió en la entrada, como si hubiese estado esperando por ella, abrió la puerta casi al instante en que Louisa hizo sonar los llamapuertas con forma de gárgolas.

Su figura majestuosa seguía impresionándola... Tan alto que le sacaba más de una cabeza y su porte, que ella estaba segura, debía ser igual a la de un caballero de época. Le dedicó una sonrisa amplia que incluso se reflejó en sus ojos grises, seguramente complacido por la puntualidad con la que había llegado, y provocó un despegar de mariposas en la boca del estómago de Louisa. Vestía una camisa blanca y un chaleco de color verde oscuro, parecía muy cómodo con la ropa formal y correcta... cosa que no le disgustaba en nada; siempre había pensado que un hombre con vestimenta formal, tenía muchos puntos a su favor.

Mientras Nicolae la guiaba a través de los pasillos y le explicaba algunas cosas respecto al horario de la hija menor de los Bartholy, ella apenas podía concentrarse en sus palabras, con la mirada clavada en la espalda y las estrechas caderas de él. Que dios se apiadara de ella por andar mirando de más a su jefe, ¡pero no era mortal su belleza! ¿Era quizás la forma en que caminaba y se movía? ¡No! Quizás era algo muy distinto, pero no se cansaba de admitir que era el hombre más hermoso que hubiese visto en sus veinte y tantos años de vida.

Carraspeó y deseó tanto tener el poder de ahorcarse mentalmente. Si planeaba conservar este puesto, tendría que apartar de ella la impresión que Nicolae Bartholy —Su belleza, su profunda y sensual voz masculina, y sus movimientos de enorme felino— causaban en ella. Entonces, se convenció de que era mejor ahondar en sus responsabilidades.

—¿A qué hora toma el almuerzo su hermana?

Nicolae aminoró el paso para mirarla sobre el hombro, algunos mechones de su cabello castaño se deslizaron por su hombro y espalda.

—La señora Mcleod es nuestra ama de llaves, ella se hará cargo de las comidas de Lorie y las tuyas. Te la presentaré, de manera que puedas hablar con ella de tus preferencias alimenticias.

¿Por qué no le extrañaba que tuvieran una ama de llaves? Y, sin embargo, desde que había llegado no se había cruzado con ningún sirviente... A pesar de tener una casa tan grande, parecía que los Bartholy se defendían muy bien solos, contrario al Clan Wolfgang.

—Cada semana me gustaría discutir contigo sobre los progresos de Lorie y sobre tu ejecución como su tutora —Comentó retomando el paso —. Por lo tanto, pediré una hora de tu tiempo los viernes al terminar tu jornada, si te parece bien.

—No hay problema —Aunque, le inquietaba en cierta manera volverse a encontrar en un espacio tan cerrado con Nicolae.

El pequeño recorrido y la conversación profesional terminó en el momento en que pisaron el comedor de la casa. En una mesa rectangular, casi tan grande como la de la mansión de su abuelo, había tres personas sentadas de las cuales solo conocía a una de ellas. En uno de los puestos ocupados, pudo identificar a Titania Bartholy, la mujer que había conocido el día anterior y que en ese instante estaba sumida en su teléfono móvil.

Louisa la vio arrugar la nariz como si hubiese sentido un aroma apestoso, y tras eso alzó la vista encontrándose con la de ella.

—Ugh... —La mujer hizo rodar los ojos y se puso de pie, logrando que la silla hiciera un sonido desagradable al arrastrarse contra las baldosas del suelo. Lucía el mismo uniforme que había visto a los estudiantes de la Universidad de Mystery Spell: una falda en cuadros, camisa blanca de mangas largas y un chaleco de tela en tono rojo opaco con el logotipo de la Universidad. Sus largas piernas estaban ocultas tras medias veladas de color negro, y su cuello seguía adornado con el mismo choker grueso con dije en forma de lagrima, que le había conocido el día anterior. Titania Bartholy salió de la habitación a paso de reina y sin dedicarle una segunda mirada... Actitud que se ganó una expresión reprobatoria del hombre que estaba de pie a su lado.

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