Capítulo 1

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Esto es perfecto. Pero sería aún más perfecto si mi mente no estuviese plagada de preocupaciones, miedo y confusión.

Me vuelvo y me pongo boca arriba en esta cama tamaño queen.

Levanto la vista hacia el tragaluz instalado en el techo abovedado de nuestra suite de hotel y observo las nubes suaves y esponjosas que salpican el intenso cielo azul. También veo los edificios que se elevan hasta los cielos.

Contengo el aliento y escucho los sonidos, ahora familiares, de las mañanas de Nueva York: los cláxones de los coches, los pitidos y el bullicio en general se distinguen perfectamente a una altura de doce plantas. Similares rascacielos nos envuelven, haciendo que parezca que este edificio se haya perdido en medio de la jungla de cristal y cemento. El entorno que nos rodea es increíble, pero no es eso lo que hace que esto sea casi perfecto, sino el hombre que tengo al lado en esta cama mullida y enorme. Estoy convencida de que las camas en Estados Unidos son más grandes. Aquí todo parece más grande: los edificios, los coches, las celebridades... mi amor por Christian Grey.

Ya llevamos aquí dos semanas, y echo muchísimo de menos a la abuela, aunque hablo con ella a diario. Dejamos que la ciudad nos absorba por completo y no hacemos nada más que enfrascarnos el uno en el otro.

Mi perfecto hombre imperfecto está relajado aquí. Conserva sus exageradas costumbres, pero puedo vivir con ello. Curiosamente, estoy empezando a encontrar adorables muchos de sus hábitos obsesivo-compulsivos; ahora puedo admitirlo. Y puedo decírselo a él, aunque sigue prefiriendo ignorar el hecho de que la obsesión influye en la mayoría de elementos de su vida. Incluida yo.

Al menos aquí en Nueva York no sufrimos intromisiones. Nadie intenta arrebatarle su bien más preciado. Yo soy su posesión más preciada. Un título que me encanta llevar, aunque también supone una carga que estoy dispuesta a soportar, porque sé que el santuario que hemos creado aquí es sólo algo temporal. Afrontar ese oscuro mundo es una batalla que planea en el horizonte de nuestra actual casi perfecta existencia. Y me odio a mí misma por dudar de que mi fuerza interior consiga que lo superemos; esa fuerza en la que tanto confía Christian.

Se mueve ligeramente a mi lado y me devuelve a la lujosa habitación que hemos estado llamando casa desde que llegamos a Nueva York, y sonrío al ver cómo hunde su boca en la almohada mientras murmura. Su preciosa cabeza descansa cubierta de rizos alborotados y una densa barba de varios días puebla su mandíbula. Suspira y palpa a su alrededor medio dormido hasta que su mano alcanza mi cabeza y sus dedos localizan mis rizos revueltos. Mi sonrisa se intensifica y me quedo observando su rostro muy quieta, y siento cómo sus dedos se hunden en mi pelo mientras vuelve a dormirse del todo. Ésta es una nueva costumbre de mi perfecto caballero a tiempo parcial: juguetea con mi pelo durante horas, incluso dormido. Me he despertado con nudos en varias ocasiones, a veces con sus dedos todavía enredados en los mechones, pero nunca me quejo. Necesito el contacto físico con él, sea de la naturaleza que sea.

Mis párpados empiezan a cerrarse lentamente adormecidos por su tacto. Pero mi paz pronto se ve bombardeada por desagradables visiones, incluida la perturbadora visión de Carla Steele. Abro los ojos de golpe, me incorporo de un salto y esbozo una mueca de dolor al sentir un tirón de pelo que hace que eche la cabeza atrás.

—¡Mierda! —susurro, levantando la mano para iniciar la meticulosa tarea de desenredar los dedos de Christian de mi cabello.

Gruñe unas cuantas veces, pero no se despierta, y le coloco la mano sobre la almohada antes de acercarme con cuidado al borde de la cama.

Miro por encima del hombro, veo que está profundamente dormido y espero que sus sueños sean tranquilos y apacibles. Todo lo contrario a los míos.

***UNA NOCHE PARA AMAR***¡Lee esta historia GRATIS!