cuatro;

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El rubio esbozó una mueca de fastidio al ver otra vez el sitio de su izquierda vacío.

¿Tan mal acabó el día? Cuando salió de la enfermería parecía como nueva, aunque decidió irse antes de la última hora. No podía negarle tal cosa después de lo sucedido.

Nadie preguntó si estaba bien, nadie preguntó por su falta, nadie le echó de menos. Realmente él no comprendía la situación.

—Kaminari-san, ayúdame con las bebidas —El rubio giró la cabeza para mirar a la chica de la coleta.

Él asintió, colocando las manos sobre la mesa para levantarse. Siguió los pasos de la chica en silencio. Se limitó a ver como la morena le conducía hacia las máquinas, un camino aún desconocido para él.

Tuvo el gran valor de atreverse a preguntarle a su amiga algo que luego podría llegar a arrepentirse.

— ¿Qué pasa con Jirou, Yaomomo? ¿Por qué todos le odiáis?

La morena se quedó paralizada después de apretar los botones de la máquina. El simple sonido de los objetos cayendo era lo único que se escuchaba en dicho momento.

Kaminari se dio cuenta de que las manos le temblaban y tartamudeaba algo intendible. Se sintió mal por abrir la boca, como un monstruo.

— ¿Yaomomo? —Se inclinó hacia delante, ladeando la cabeza en busca de su mirada.

Ella pestañeó varias veces, saliendo de su trance, para luego esbozar una clara sonrisa falsa.

—Lo siento, Kaminari-san, no se nada de ella.

Al escupir tales palabras, él se percató del dolor que hacían. Eran como cuchillos atravesando a la morena que parecía estar a punto de llorar.

— ¿Na-Nada? —ella negó con la cabeza, apresurándose de coger las cosas.— No me gusta verle tan sola, ¿por qué no le decim-

—Kaminari-san, te recomiendo que no hables con ella, es un caso a parte. No soy nadie para obligarte a no hacerlo, pero saldrá mal.

—Lo tendré en cuenta —murmuró al escuchar la seriedad en las palabras de Yaoyorozu. Realmente le aterrorizaba.

—Vale. —Asintió ella, dándole la mitad de las bebidas—. ¿Ayer acabó bien?

— ¿Jirou? —Asintió—. ¿En la enfermería?

—La tos. Sangraba, ¿verdad?

—Sí, sí —dijo sorprendido—. Paró en poco tiempo.

—Bien —murmuró emprendiendo el paso. Kaminari se quedó quieto, mirándole como se iba.

— ¿Te preocupas por ella?

—Soy la subdelegada, me debo preocupar por todos los compañeros. —Se justificó parándose en seco.

Por alguna razón, Kaminari no entendía su reacción.

Algo no pintaba bien.

De acero inolvidable; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora