Capítulo 18.

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Al momento del baile, Emmeline buscó la forma más rápida y el lugar más adecuado para esconderse. Estaba molesta y confundida, esa noche no le apetecía en absoluto soportar un pisotón. Su cabeza daba vueltas y comenzaba a dolerle.

Pero Lady Claire, a su lado, no le permitiría algo así. Estaba segura de ello por la forma en la que la estaba mirando justo en ese momento.

Vio a Sir Walter, uno de los barones que había conocido en su primera noche en Londres, en la fiesta de los Davenport, acercándose desde un lado, y a John, otro noble, desde el otro. No eran malos, pero igual se sintió acorralada. ¡Parecían depredadores!

Hasta que oyó unos pasos detrás de ella. Unos inconfundibles pasos. Seguros. Firmes. Sí, inconfundibles. Así como la voz que sonó cerca de su oído e hizo que un escalofrío recorriera toda su columna y se estremeciera cuando una mano se posó sobre su cintura.

—Lady Emmeline, ¿me concede este baile? —Pronunció rodeándola y dejándose ver.

Emmie estaba lívida.

¿Ese era Joseph que la estaba invitando a adentrarse en la pista? ¿O era solo producto de su imaginación? Ella todavía estaba enfada, pero el hecho de que él se atreviera a tocar su muslo por debajo de la mesa, la había aplacado un poco. Le había parecido un acto íntimo, para nada vulgar, aunque sí algo escandaloso. No de la forma en que él lo había hecho, o con la intención que tenía. Y le había gustado. Encantado.

—No sabía que bailabas. —Había sido un pensamiento que se le había escapado y apretó los labios avergonzada.

¿Qué le estaba ocurriendo?

Lady Claire jadeó con fingido y exagerado horror.

­—Oh, no me digas que esta es la primera vez que la invitas a bailar, Joseph —regañó a su sobrino como si fuera un niño pequeño, y no el Marqués de Thornehill.

—En realidad, en todas las fiestas a las que hemos asistido, nunca lo he visto invitar a bailar a ninguna dama —agregó ella.

—Es preferible de ese modo, si invito a una, luego todas esperan que lo haga. Ya tengo suficiente acoso, no me gustaría hacer algo para exacerbarlo. Pero ahora te estoy invitando a ti. ¿Me va a rechazar, Lady Emmeline?

Emmie no quería invertir los papeles. No quería que él fuese quien se enfadara, no cuando el suyo propio estaba cesando.

Sonrió, con verdadera alegría y tomó la mano que él le ofrecía.

—Jamás haría algo así, milord —musitó.

Avanzaron juntos, pasando junto a Walter y John que se mostraban molestos por no haber llegado a tiempo. Pero no eran los únicos que se habían quedado contemplándolos sin poder creer lo que veían. Al parecer habían captado la atención de todos -o la mayoría- de los invitados. Portia Davenport y su hermano, por ejemplo. La joven rubia parecía a punto de explotar y fulminó a Emmeline con la mirada cuando estas se cruzaron. Em quiso hacerle una mueca de burla, pero no le apetecía provocarla.

Era un vals, y el favorito de Joseph. Emmie había creído que quizá él no fuese un buen bailarín, pero se había equivocado. Con naturaleza y elegancia, su agarre era firme y delicado al mismo tiempo. Era perfecto, y no quería que acabase.

—Todos nos están mirando —masculló entre dientes.

—Por supuesto que sí. Pero, ¿a ti te importa? Ignóralos. —Su boca estaba tan cerca que podía sentir como le rozaba la parte posterior de la mejilla, muy cerca de la oreja—. ¿Todavía estás enfadada?

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!