ATANEA: XVI

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Capítulo 16: Cuidado con los sentimientos.

Ya metida en la cama con un pijama demasiado caluroso para selva, pero adecuado para dormir en la misma habitación que Theo, observé la rosa roja en mis manos, girándola una y otra vez. Mi corazón palpitaba fuerte de emoción. «¿Qué significa esto para él?» La ansiedad me carcomía. Mi interior pedía con exclamación que significase lo mismo que para mí.

Tenía que admitirlo, al menos para mí misma; Theo ya no era un simple guardián. Aun que había sido en poco tiempo, al pasar con alguien cosas tan intentas como las que había pasado con Theo estos últimos días, no hay vuelta atrás, se crea un vínculo inevitable.

Sin embargo, la forma que tome ese vínculo dependerá de cada persona y su relación con el otro ser humano. Por lo demás, existe la química entre las personas, y no podía dejar de preguntarme si Theo sentiría la misma atracción y electricidad que corría por mí cada vez que estábamos cerca.

Unas voces crecientes en el pasillo interrumpieron mis pensamientos nerviosos. Las voces eran familiares, por lo que me concentré para escuchar mejor, y no fue difícil porque dueños de ambas voces se acercaban rápido.

—No puedes hacerlo, no corresponde que duermas en su habitación. —Finn se oía irritable. Ya casi estaban afuera de mi habitación.

—Te lo vuelvo a decir, no es asunto tuyo —gruñó Theo, marcando cada palabra con un toque de furia.

—Sí, lo es. Está bajo el cuidado de mi reino. —Estaban justo afuera de mi puerta—. Eres su guardián, Jatar, no su príncipe azul —le refutó exasperado—. Tu trabajo es llevarla a donde se te diga y tomar las decisiones adecuadas para protegerla... —Hubo un silencio de dos segundos—. Tu sabes que en su habitación no le pasará nada, hay guardias rondando sus paredes por fuera. Admite que lo que pasa aquí es que tus sentimientos están intervinien...

—Cállate. No sigas —interrumpió Theo. Mi corazón galopaba desbocado en mi pecho por el tema de su conversación.

—Está prohibido, Jatar. —Su tono era frío —. Se supone que debes ser más profesional que esto. Está prohibido que dejes que tus sentimientos interfieran en una misión, sobretodo en la misión más importante que vas a tener en tu vida.

—¡Ella no es solo una maldita misión! —rugió Theo en voz baja apenas audible, pero me pareció que la puerta llegó a vibrar. Mi corazón dio un brinco—. ¡No la volveré a perder de vista! —Fue subiendo el volumen—. Y no pondré mi confianza en unos guardias a los cuales no conozco. O dime, ¿es que acaso tú quieres acompañarla?

«¿Qué demonios te pasa? No seas absurdo, que estupidez» lo regañé en mi interior.

—¿Acaso estás loco? —contestó incrédulo—. Por supuesto que no me siento de esa manera. Y si así fuera, jamás dejaría que mis sentimientos intervengan, me entrenaron para esto, pensé que a ti también.

—No. Tengas. La. osadía. De. Juzgarme —relampagueó en una respuesta llena de rabia, lo cual fue suficiente para que diera un brinco de la cama y corriera hacia la puerta para impedir que continuara su discusión que me estaba erizando los vellos de la nuca.

—Hey, algunos intentamos dormir —interrumpí con la mejor cara de inocente que pude—. ¿Qué alboroto tienen aquí?

Ambos me miraron con los ojos chispeantes, un par de ojos pardos y otro par de ojos azules.

—Princesa Claire... —Finn parpadeó antes de continuar—. Aprovechando que estoy aquí, te recuerdo que puedes exigir lo que quieras, no dudes en hacer saber cualquier incomodidad — declaró mirándome fijamente como queriendo decir algo más, para luego posar fugazmente la mirada en Theo, el cual tenía los ojos clavados en mi, aún cargados de rabia.

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